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Historia 917 — capítulo 16
HARRY POTTER Y LA HIJA DE VOLDEMORT
Capítulo 16°
ARABELLA FIGG
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¿¡Qué!? -Harry estaba bastante confuso, no recordaba qué había pasado ni por qué le echaban-. ¡¿Por qué?!
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¡No se haga el despistado, Potter! -le riñó Snape-. ¡No haga ver ahora que es un santo!
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Harry, enviaré la notificación a la escuela N.M.E y en cuanto me contesten, tendrás que marcharte. Ve preparando tus cosas...
Dumbledore estaba apenado porque el hijo de James y Lily hubiera hecho una cosa así. Una cosa era escaparse de noche para hacer travesuras, pero eso era pasarse de la raya.
Harry se fue hacia Gryffindor, estaba tan confuso que ni siquiera podía quejarse. Cuando llegó a la Señora Gorda, dijo:
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Muggle desconcertado....
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Muy bien querido, pasa -y la Señora Gorda, que había adelgazado gracias a su nueva dieta y que estaba hablando con un señor muy elegante de otro cuadro, le dejó pasar.
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¡Harry! -le gritaron Ron, Hermione y Kate desde los sofás de delante de la chimenea.
Harry se acercó al más grande y se sentó pesadamente, cabizbajo y suspirando.
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¿Qué te pasa, tío? -le preguntó Ron sentándose a su lado.
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Pues… no estoy muy seguro… pero creo… que me han expulsado de Hogwarts… -Harry agachó la cabeza y volvió a suspirar hondo.
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¿¡QUE!? -gritaron confundidos Ron, Hermione, Kate, e incluso Cole.
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Ron, no cal que me escupas en la cara… -dijo Harry de mala manera secándose un poco de saliva del ojo-. Creo que le hice algo grave a Snape.
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Tío, la has cagado -le dijo Cole moviendo afirmativamente la cabeza y cruzando los brazos.
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Eso ya lo sé -dijo bruscamente Harry.
-¿Y qué le has hecho? -le preguntó Hermione sentándose a su otro lado.
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Pues… no sé... estaba hablando con Mario… -dijo Harry despreocupadamente, pero después pego un brinco del sofá y como si hubiera ganado la copa de la casa, gritó-: ¡¡Eso es!! -y se fue corriendo por el retrato de la Señora Gorda.
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Buena suerte, Harry…-le dijo Ron flojito cuando Harry se fue-. ¿Pero qué le pasa a este? ¿Se nos habrá enfermado, o qué?
Harry corría por los pasillos buscando a Mario. Si él era con el último con quien había hablado, le podría explicar qué había pasado.
Cuando llevaba un cuarto de hora corriendo, lo vio entrando en el cuarto de baño de los chicos.
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¡¡MARIO!!
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Harry… -le sonrió éste maliciosamente.
A Harry le retumbó por los oídos una horrible voz que decía “Potterrr… Potterrr… te atraparé y destrozaré como una serpiente destroza un ratón… eres insignificante… deja a mi hija tranquila o tu muerte será peor… morirás igual que tus padresss….”. Empezó a dolerle la cicatriz, no lo podía aguantar, y cayó desplomado al suelo mientras oía una voz parecida a la de Mario que decía “Potter, el Señor Tenebroso se ha levantado, es muy generoso, me ha dado poder, soy muy fuerte… únete a nosotros, sírvele…”.
- Harry… despierta…-le dijo una voz familiar.
Harry abrió los ojos, estaba todo muy borroso. Agarró sus gafas de la mesita que tenía al lado. Quien le habló era Dumbledore, y detrás estaban Ron, Hermione, Kate y Cole.
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Al fin abriste los ojos.
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¿Qué ha pasado? -preguntó incorporándose.
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¡Estás bien! -gritaron sus amigos entusiasmados.
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El profesor Binns te encontró tumbado cerca del cuarto de los chicos de la cuarta planta, y nos llamó a McGonagall y a mí -contestó Dumbledore.
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Me duele…-dijo Harry poniéndose la mano sobre la cicatriz.
No recordaba muy bien qué había pasado, pero tenía bien claro que había oído la voz de Voldemort y otra voz que no recordaba lo que decía ni de quién era, y que la cicatriz le dolía demasiado. Seguro que algún peligro se acercaba.
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¡¡Voldemort!! ¡¡Me habló!! ¡¡Está cerca!!
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Tranquilízate Harry -le calmó Dumbledore, y después hablando más bien para sí mismo, dijo-: Me gustaría que te quedaras aquí. Después de esto no estoy seguro si debo expulsarte... ¡¡Claro!! ¡¡Arabella Figg!!
Al oír esas palabras, Harry abrió los ojos como platos.
- Estarás a salvo con Arabella. Si no me equivoco, ya la conoces. Los Dursley te enviaban con ella para que te cuidara, ¿cierto? -Harry abrió la boca para contestar, pero lo que le salió fue un ruido muy raro-. Sí, claro, estarás sorprendido, pero tienes que saber que Arabella Figg es una de las mejores brujas que existen -Harry notó un sonrojo en las mejillas de Dumbledore-. Ha protegido tanto a brujos como a muggles, y aunque le ofrecieron un puesto como aurora, lo rechazé.
Arabella Figg, la anciana Arabella Fig. Harry pensó que mas bien si se quedaba en su casa, no estaría a salvo sino que moriría o de un ataque de sus gatos o de una intoxicación de olor de repollo.
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Bueno, ahora descansa. Mañana irás con ella. Ah, otra cosa…-Dumbledore le susurró muy bajito al aún sorprendido Harry-. Sus gatos, Tibbles, Snowy, y el Sr. Paws o Tufty, en realidad se llaman Jim, Brian y Adam, y son sus hijos... son animagos pero no están registrados. Arabella no se fiaba, Voldemort podía infiltrase y descubrir lo de sus hijos. No le digas que te lo he dicho, ni a ella ni a nadie aparte de a tus amigos -Dumbledore le guiño un ojo y se fue.
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¡¡Harry!! -le abrazó Hermione, lo que provocó los celos de Ron.
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¿Estás bien, amigo? -le preguntó Ron cuando se hubo tranquilizado.
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Arabella Figg… es imposible -Harry estaba aún en la luna de Marte.
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¿Conoces a Arabella Figg? -le preguntó Hermione entusiasmada-. Leí en un libro sobre ella, Famosos Magos de la Epoca. Salía en la cuarta página. Arabella Figg es una de las brujas más respetadas en el mundo mágico…
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La Sra. Figg.... ¿La de la casa con olor a repollo y esos horribles gatos? ¿La insoportable Sra. Figg? -seguía embobado Harry.
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¡Te he dicho que es muy respetada! -le reprochó Hermione-. ¡No la llames insoportable!
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¡Hermione! Déjalo, vamonos y dejémosle descansar -dijo Kate.
Todos se despidieron de Harry, y poco después apareció la Sra. Pomfrey que le traía un baso con una poción para dormir. Harry se quitó las gafas, las dejó en la mesita, se bebió la pócima y cayó dormido en un profundo sueño donde aparecían sus padres.
A la mañana siguiente, Harry fue hacia su cuarto y preparó la maleta. Estaba triste, no quería irse, pero hasta que no recordase lo que había pasado, no podía hacer nada.
Estaba solo en la habitación, se había levantado tarde y los otros se habían ido a tomar algo (aunque antes fueron a ver a Harry, pero éste todavía dormía), después se fueron a ver a Hagrid.
De repente, alguien abrió la puerta de su cuarto.
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Harry…-le dijo Kate desanimada.
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¿Qué haces aquí? No puedes estarte aquí.
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No seas así, quería venir a verte... Me da igual si está prohibido o si es malo, quería verte -lo que dijo Kate hizo que a Harry se le subiesen un poco los colores y que el corazón le fuera un poco más rápido-. Harry, no sé si podré hacer nada, pero intentaré buscar una solución para que vuelvas. Estoy segura que tú no has hecho nada, y si no encuentro a nadie… podría decir que fui yo.
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¡¡Ni lo sueñes!!
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Qué más da, casi toda la escuela me odia, a ti te quiere todo el mundo... Así que es mejor que te quedes tu -insistió ella todavía triste.
Había agarrado un peluche. Era de Harry, fue de Dudley, pero a Harry le gustó desde pequeño y cuando Dudley lo tiró, él lo guardó. Estaba deshilado pero aún era bastante mono.
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Quédatelo si quieres, como un recuerdo hasta que vuela -le dijo el chico con una sonrisa para animarla. Entonces se le acercó y le alargó la mano-. ¿Quieres ser mi amiga hasta siempre? Eso me haría muy feliz -Kate no le agarró la mano, pero le dijo:
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¿Estás seguro? A mí sólo amigos no me gusta, quiero ser tu amiga pero por ahora, no pienses que es porque no te aprecie, todo lo contrario, por eso, ¿dejamos eso de la amistad para siempre para dentro de un tiempo? Te contaría el porqué, pero… ni yo misma estoy segura....
Harry se quedó desilusionado y confuso a la vez. ¿Había dicho que lo de sólo amigos no le gustaba? Lo mismo le pasaba a él, pero podía ser por cosas distintas.
- Harry… lo siento mucho, espero que te vaya bien con Arabella Figg. Escribe, nosotros haremos lo mismo. Adiós... -Kate abrazó a Harry y le besó en la mejilla-. Gracias por el peluche. Te esperaremos a que vuelvas -y se fue.
Harry acabó de recoger todas sus cosas y cinco minutos después apareció Dumbledore.
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Harry, ¿estás listo? Arabella te está esperando.
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Sí, profesor -contestó desanimadamente Harry.
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Harry, yo creo que no has hecho nada. Puedes ser travieso, pero no como para hacer lo que hiciste. No pienses que te lo digo como favoritismo, sólo digo lo que es cierto. Pero como tú mismo te declaraste culpable... -Harry se quedó aún más confuso, él no había dicho nada.
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Profesor… yo no recuerdo haberme declarado culpable, ni siquiera sé qué ha pasado…-Harry frunció el entrecejo mientras hablaba.
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¿Qué? Eso es muy extraño.... Cuéntame todo lo que pasó, todo lo que recuerdes.
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Pues…-Harry intentó hacer un esfuerzo para recordar-. Sólo recuerdo que estaba hablando con Mario Bigas y después estaba hablando con usted y con Snape…-después pensó “Dios mío, me estoy volviendo majareta...”.
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Esto es muy raro…-susurró Dumbledore mas bien para sí mismo-. Bueno, da igual, creo que la señorita Lee investigará lo que pueda con los otros, ¿me equivoco? Bueno, venga, ve al Gran Comedor, Arabella se estará impacientando.
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Adiós profesor -Harry marchó para el Gran Comedor cabizbajo. Cuando llegó, una señora mayor pero bastante guapa estaba de pie, tenía el cabello gris recogido en un moño y estaba maquillada. También llevaba un traje muggle verde la falda y tonos marrones claritos la blusa.
Cuando vio a Harry, le saludó.
- Harry, cuánto tiempo sin verte, qué grande te has hecho. Lo de ser mago te sienta estupendamente -le dijo la señora.
La voz a Harry le pareció extrañamente familiar, entonces recordó quién era y con un hilillo de voz y señalándola, dijo:
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Señora –tragó saliva-... señora Figg… está… muy cambiada, muy guapa…
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Gracias, pero baja el dedo que señalar a alguien es de mala educación... Y también abrir la boca de esa forma. Bueno, iremos con polvos flu -fueron a la chimenea más grande y tiraron los polvos diciendo los dos a la vez “¡A casa de Arabella Figg!”
Cuando llegaron, Harry notó que la casa no olía a repollo, sino a eucalipto, o eso pensó él. En ese momento, los gatos de la señora Figg se transformaron en tres chicos.
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Mira Harry, ellos son mis hijos. Bueno, creo que Albus te lo contó todo... Sé que no debería saberlo, pero… je, je…digamos que tengo un sexto sentido cuando mi familia habla de mí... -Harry se preguntó por qué decía gente de su familia, se suponía que Dumbledore era un amigo.
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Hola madre, qué gusto volver a verte Harry. Menos mal que ahora puede ser como persona –saludó Tibbles, o mejor dicho, Jim, el hijo mayor. Los otros dos también le saludaron.
Fueron al comedor, las fotos ahora se movían y no eran las mismas aburridas que le enseñaba siempre la Sra. Figg. Eran de gente alegre, incluso estaban Dumbledore y los demás profesores.
- Harry, quiero enseñarte estas fotos, te gustarán -le llamó la Sra. Figg.
Cuando Harry se le acercó le entregó unas fotografía móviles, la primera era de sus padres el día que tuvieron a Harry. Lily estaba en la cama del hospital con Harry en brazos y James estaba sentado en la silla de al lado. La otra era del día de la boda de sus padres, salían todos, Sirius, Lupin, incluso Colagusano (Harry al verlo se mordió el labio inferior con rabia). También salía la Sra. Figg, mucho más joven y también estaban sus hijos; ella estaba agarrada de la mano de Dumbledore. “Qué raro…”, pensó Harry.
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Sra. Figg…
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Llámame Arabella.
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Arabella, ¿conoció a mis padres?
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Tengo que decirte que salí un tiempo con tu abuelo paterno, pero después conoció a tu abuela y se casaron, pero igualmente siempre fuimos muy amigos.
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Por favor, hábleme de mi familia...
La Sra. Figg y sus hijos estuvieron hablando con Harry un buen rato.
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¿Y su marido? Nunca lo he visto -le preguntó después de un rato.
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Te equivocas, lo conoces desde hace algún tiempo. Se llama Albus Dumbledore.
Harry intentó hablar pero de tan sorprendido que estaba, no dijo nada.
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Muy bien hecho, Mariooo…-decía una aguda voz.
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Gracias, señor. ¿Mi padre se encuentra mejor?
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Sí... le he dado una poción para bajarle la fiebre.
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Muchísimas gracias señor, aún no entiendo por qué no se han unido todos los magos a vos.
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Yo tampoco, pero en cuanto Potter, sus amigos y Dumbledore mueran, todo el mundo caerá rendido a mis pies…
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Señor, tengo que decirle algo: he vuelto a ver a su hija.
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¿Ah sí? ¿Y cómo se encuentra? Ya hace unos días que tuve que dejar de observarla…
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Está muy bien, y si me permite decirlo, es muy bella.... En el baile estaba muy guapa, pero incluso sin arreglarse lo está.
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Es igual que su madre, qué cosas tiene la vida… Hazme otro favor…
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¡Lo que quiera, mi señor!
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Pórtate bien con ella. Recuerda que es mi hija. Intenta hacerte muy amigo de ella, acércala a mí…
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Lo que usted me ordene, mi señor…