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Historia 917 — capítulo 17

HARRY POTTER Y LA HIJA DE VOLDEMORT

Capítulo 17°

LA VISITA

  • Buenos días, dormilón -le despertó la Sra. Figg a Harry-. Tienes correo de tus amigos.

Harry se levantó de golpe y agarró el correo. La Sra. Figg se fue y él se cambió de ropa, rasgó el primer sobre de color amarillento con letra púrpura.

“Harry:

¡¿Qué has hecho?! Dumbledore me lo ha explicado todo. Mira que hacer esas cosas... pero no estoy muy seguro que lo hayas hecho tú, por muy mal que te caiga Snape.

Otra cosa: Dumbledore también ha hecho que El Profeta diga que tú no sabes nada de mí.

Bueno, no puedo decirte nada más, ya hablaremos esta noche con la comunicadora. Tampoco te diré mi paradero, esta carta puede caer en manos de otra persona.

Adiós.

Cordialmente, tu padrino: Sirius Black”.

“Como siempre”, pensó Harry guardando la carta y abriendo otro sobre. Este era marrón, estaba muy arrugado y tenía algo dentro. La letra era de colores; lo abrió y empezó a leer:

”Querido Harry:

¿Qué tal tu primer día de vacaciones? Ya nos gustaría a nosotros librarnos unos días de las clases (menos de Defensa Contra las Artes Oscuras, claro).

Ahora que te has ido, nosotros tenemos que hacer de capitanes del equipo. Está bien eso de mandar, además tenemos que buscarte un suplente. ¡¡Qué difícil!! Eres uno de los mejores buscadores que ha tenido el equipo (por no decir el mejor), así que más te vale volver pronto, chaval.

Por cierto, esperamos que te guste nuestro regalito.

Se despiden, George y Fred”.

Harry sacó el librito que debía ser de unos cinco centímetros. Lo que había dentro lo dejó en la cama y se alegró: agarró una escoba y lo tocó, de repente el libro se pegó a la escoba y después explotó llenándola de tinta verde. Cuando Harry limpió la escoba, abrió el siguiente sobre, blanco con letra roja y excelente caligrafía.

”Querido Harry:

¡Hola! Aunque sólo hace un día que te fuiste, esto está muy triste sin ti. Te echamos de menos, pero ahora podrás leer más, supongo que la Sra. Figg te dará clases. Sino cuando vuelvas irás muy perdido.

Te mando las páginas que me dijo la profesora McGonagall para que estudiaras: 65: De baso a bastón; 78: De libro a escarabajo; 80: De lata a conejo; 96: Repaso para los TIMOS. Como podrás ver son fáciles y pocas lecciones, esperamos que vuelvas pronto. Supongo que la profesora McGonagall también, si pensara que no ibas a volver no me hubiese dicho lo de que estudies.

Bueno, un beso.

De parte de Hermione Granger”.

“No podré librarme de los deberes ni expulsado... ”, pensó Harry en broma. No le importaría hacer miles de deberes con tal de volver a Hogwarts.

Abrió el siguiente sobre, de color gris con una letra un poco mal hecha de color marrón:

”Harry:

¿Qué tal en tu primer día en casa de Arabella Figg? Supongo que te trata bien, si no lo hace me encargaré de ella.

Por lo menos te libras de Snape y de las muertes de la clase de Adivinación. No sé de qué escribirte, en tan poco tiempo no ha pasado nada, ni siquiera tenemos clases, hasta mañana es fiesta, así que me despido.

Ron Weasley”.

“Tranquilo Ron, me trata muy bien”, pensó sonriendo. Ahora la casa de la Sra. Figg le gustaba mucho, además podía decirle a sus amigos que conocía a la mujer de Dumbledore.

Apartó la carta de Ron y abrió un sobre amarillento con letra escrita con prisas y de color azul.

”Querido Harry:

Qué pena que no estés, igualmente si estuvieses en la escuela no te podría ver en un tiempo por algo que me encomendó Dumbledore; incluso me deja usar magia. Sé que no debería contártelo, pero qué más da.

Bueno, saluda a la Sra. Figg de mi parte. Hasta pronto.

Rubeus Hagrid”.

“Qué bien que le dejen usar magia, pero, ¿qué tendrá que hacer?Bueno, da igual”. Harry la guardó con las otras y rasgó una blanca con letras amarillas.

”QueridoHarry:

Olvida lo de querido, sólo te escribo porque Kate me ha obligado. Espero que te encuentres bien, bla, bla, bla… Adiós.

Cole Bloom”.

“Este tío me busca las cosquillas y las va a encontrar... A ver, el último sobre… ¡de Kate!”

”Querido Harry:

Hola, quería empezar a buscar algo en cuanto te dejé solo, pero claro sin saber lo que pasó no puedo hacer nada.

Oye, perdona a Cole, seguro que te ha escrito alguna grosería pero seguro que está muy preocupado por ti. En fin.... si quieres puedes ir a ver a mis padres, saben lo que ha pasado.

Bueno, un abrazo y un beso.

Catherine Lee”.

  • Harry, ¿puedo entrar? –preguntó la Sra. Figg desde el otro lado de a puerta.

  • Sí, pase.

  • Tienes una visita.

  • ¿Yo?

Harry guardó las cartas en el cajón de la mesita y bajó al comedor mientras la Sra. Figg limpiaba su cuarto.

Cuando llegó, vio sentado a un señor en la silla. Le resultaba raramente familiar, pero como estaba de espaldas no lo pudo ver bien. Se acercó, el señor se giró, y al ver quién era se sorprendió mucho.

  • ¡¡SIRIUS!!

Estaba muy contento. Además, Sirius estaba muy bien, parecía que comía más y sus ropas y cabellos estaban limpios y arreglados. Harry le abrazó muy fuerte.

  • Hola Harry -le saludó él-. Supongo que estarás sorprendido, pero no estoy solo; hay alguien más en el lavabo. Ya viene, mira al pasillo.

Harry se volvió para ver quién era, e igual de sorprendido que antes, chilló entusiasmado:

  • ¡¡LUPIN!!

  • Hola Harry, me alegro de ver que estás bien. Eso es una alegría para mis ojos.

Harry estaba muy contento, allí estaban Sirius y Lupin.

  • Harry, queremos que tengas en cuenta que nos tenemos que ir pronto, suponemos que lo entiendes -le dijo Sirius cuando estaban todos a la mesa.

  • Sí, pero aunque sólo os pueda ver un momento, estoy contento.

Pasaron cuatro horas hablando (más de lo planeado), hasta que se fueron Sirius (transformado en hocico) y Lupin.

  • Bueno, Harry. Saca los libros de la escuela, estudiaremos un ratito -le dijo la Sra. Figg cuando se marcharon.

  • Sí, ahora voy.

Harry le entregó los libros; estuvieron un buen rato estudiando. Después comieron y siguieron estudiando hasta las 5, pero cuando acabaron, Harry recordó el quidditch: no podría entrenarse ni nada. Pero la Sra. Figg le alejó de sus pensamientos.

  • Querido, ¿te pasa algo? ¿Por qué esa cara? -le preguntó preocupada.

  • Quidditch... no podré jugar…

  • Ah, claro... Bueno, tengo una idea: podría encogerte y meterte en una maqueta de un campo de quidditch, y con un hechizo te hago una mini-snitch, ¿qué te parece?

  • ¡¿En serio?!

La Sra. Figg le dio una poción y le dijo que a las 7.20 le daría el remedio para que volviese a su tamaño normal.

Harry jugó al quidditch y aunque jugase él solo, se lo pasaba muy bien. Estuvo jugando y jugando hasta las 7.20, después contestó a todas las cartas y fue a cenar. Cuando acabó se fue a dormir, y se cambió antes de meterse en la cama.