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Historia 917 — capítulo 18

HARRY POTTER Y LA HIJA DE VOLDEMORT

Capítulo 18°

EL DESCUBRIMIENTO EN LA LIBRERIA

  • Harry, ¿estás ya? -le preguntó la Sra. Figg.

Ya hacía tres días que Harry estaba allí. Sus amigos le escribían cada día, y él a ellos.

Ese día, la Sra. Figg le había prometido que le llevaría al zoo. Harry estaba más contento de lo que imaginaba, pensaba que fuera de Hogwarts y sin sus amigos lo pasaría fatal, pero en realidad no estaba nada mal. Lo que tenían que vigilar es que los Dursley no supieran que se encontraba allí o se lo restregarían por la cara sin piedad.

Subieron al coche, uno de esos minis de color lila. Harry se pudo sentar delante porque los hijos de la Sra. Figg no les iban a acompañar.

Estuvieron unos 15 minutos en el coche por culpa de que no podían aparcar, por eso la Sra. Figg se hartó, llevó el coche a un callejón vacío, y lo encogió para que fuera de “bolsillo”.

Harry antes que nada quería ver qué había pasado con la boa constrictor de Brasil, quería saber si se había escapado bien o la habían vuelto a coger. Pero para su suerte no estaba, ahora había una tienda de peluches.

Estuvieron toda la mañana en el zoológico, pero como acabaron muy pronto y no tenían ganas de volver, fueron a dar una vuelta.

Harry se quedaba asombrado con todos los sitios, pues aunque viviese cerca, los Dursley siempre evitaban quedárselo y lo dejaban justamente con la Sra. Figg. Y si se lo tenían que llevar, no le dejaban mirar nada, tenía que llevar lo que compraban o ir detrás de ellos, callado.

Mientras iba caminando, vio una tienda de libros viejos y sin saber por qué le entró la curiosidad olvidándose de la Sra. Figg.

  • ¡¡Harry!! ¿Dónde vas?

  • ¿Puedo entrar? -le preguntó tímidamente.

-¿Quieres que te compre algún libro, Harry?

  • No, gracias.

Harry estaba bastante feliz, los Dursley cuando se lo llevaban afuera no le compraban nada, sino lo hacían para quedar bien con algo o porque Harry lo necesitara obligatoriamente, como el anterior año que le compraron un polo de limón sólo para quedar bien con la señora que los vendía.

  • Sólo quiero echar un vistazo…-dijo más tímidamente que antes.

  • Bueno, vale -le dijo sonriendo la Sra. Figg.

Entraron en la tienda donde el dependiente estaba vendiéndole el libro a una señora. La tienda no era muy grande pero había muchas estanterías, todas a rebosar de libros antiguos. Tampoco estaba muy iluminada, tenía pocas luces y el sol no llegaba muy bien, pero era confortable. No había mucha gente, dos o tres personas mayores.

Harry estuvo mirando libros y libros, incluso había algunos de magia que los miró un poco pero le parecieron una tontería.

Continuó buscando, sección de novelas, de miedo, etc, hasta que llegó hasta el final, al sitio más tapado. Abajo de todo, escondido, asomaba un pequeño librito rojo y dorado parecía que se hubiesen olvidado de él. Harry se quedó unos momentos pensando y al final se acercó a él, extendió la mano y lo cogió. El diario estaba un poco polvoriento, así que con un pañuelo que le había dado la Sra. Weasley en la estancia en su casa, lo limpió un poco. Era rojo, con los bordes amarillos y un pequeño candado. En el medio había un león; le recordaba extrañamente al que hay dibujado en Gryffindor, incluso los colores eran los mismos que los de la casa.

Intentó abrir el libro, pero el candado no le dejó. Estaba a punto de sacar la varita para abrirlo, cuando recordó que no la tenía. La Sra. Figg se la tenía que guardar por el asunto de estar fuera del colegio, eran las normas. Igualmente no podía usar magia fuera de la escuela.

Fue entonces a buscar a la Sra. Figg con el libro en la mano. Le dijo que ese libro le tenía picada la curiosidad y que se parecía mucho a las pancartas de Gryffindor. Ella se lo cogió para examinarlo, y le preguntó al dependiente si tenía la llave, pero éste le dijo que era la primera vez que veía ese libro. Ella, que era bastante cabezota y hasta que no conseguía algo no lo dejaba, lo compró.

Se fueron a un lugar apartado, agrandaron el coche y se fueron a la casa de la Sra. Figg, que estuvo probando hechizos. Empezó con el Alohomora y fue probando muchos otros pero no lo logró.

Como era tarde, lo dejaron y comieron. Después de comer Harry se fue a su cuarto, como era domingo la Sra. Figg no le daba clases. Empezó a pensar... pero si el libro no se abría con magia, no podía ser un libro normal... tenía que ser del mundo mágico, ¿Qué haría entonces allí? Siguió pensando y recordó que para acceder a la casa se tenía que decir una contraseña, así que empezó a pensar y a decir cosas como Grageas de café, cereza mordida, gusano moribundo, papel mágico..., pero por más que lo intentaba no conseguía nada.

Entonces recordó el león y que era lo que destacaba de los Gryffindor, ya que se parecía tanto podía probar, no perdía nada.

  • León Valeroso...

Después de haberse pasado una hora con las contraseñas, se abrió con esa tan simple. Cuando Harry abrió el pequeño libro, se quedó muy sorprendido al ver lo que decía:

”Nombre: Cornamenta y Lily

Edad: 16 (Cornamenta) y 15 (Lily)

Casa: Gryffindor

Diario compartido de Cornamenta y Lily

Cornamenta: Hola Lily, te envió este libro porque no puedo estar sin saber de ti ni un día. Además, me gusta más que las cartas. Si estás leyendo esto será porque te llegó esta lechuza con este librito y la contraseña, contéstame cuanto antes por favor.

Cariñosamente: Cornamenta.

Lily: Hola Cornamenta, me alegra que me tengas tanto cariño, pero yo no sé quién eres, no conozco a nadie llamado así. Supongo que será un apodo o algo por el estilo, pero si no quieres no me digas tu verdadero nombre. Espero que algún día me lo digas, supongo que eres de Gryffindor, sino ¿por qué estos colores y el león? ¿Me podrías por lo menos decir tu edad?

Se despide: Lily.

Cornamenta: Sí que me conoces, y tengo 16. Yo también espero poder confesar mi nombre alguna vez, podría ser cuando comencemos el curso, si reúno el suficiente valor. Aunque por el valor destaquen los Gryffindor, los hombres de mi familia nunca se han atrevido mucho con las mujeres. Me gustaría volver a verte, si no veo tu belleza pronto, no lo aguantaré. He tenido que enviarte este diario por eso mismo, si no puedo verte por lo menos quiero ver tu magnífica caligrafía. Me gustaría habértelo enviado antes, ya se acaba el verano. Espero volver a verte, me gustaría ver tus preciosos ojos. Bueno, hasta el 1 de septiembre si Merlín quiere, aunque creo que tú dirías si Dios quiere, ¿verdad?

Cordialmente Cornamenta.

Lily: Cornamenta, todo lo que dices es muy bonito, me ruboriza, me alegra que pienses esas cosas de mí. Espero con impaciencia el 1 de septiembre, ojalá que para entonces sepa quién eres. Yo esperará a que me lo digas. Me despido, que no sé de qué hablarte si no sé las cosas de las que te gusta hablar, no sé de qué escribir. Así que hasta el 1 de septiembre.

Lily.

Cornamenta: Yo también espero con impaciencia ese día. A mí de lo que me gusta hablar es de quidditch, de ti, de la comida, de ti, de los aparatos muggles y de ti... ¿A ti de qué te gusta hablar? A mí hay otra cosa de la que suelo hablar con mis amigos, pero contigo no podría. Además, tú sales dentro de esa categoría: chicas…

Desea verte pronto: Cornamenta”.

Harry siguió leyendo. Después fue a cenar y a dormir, aún con la cabeza llena de pensamientos. Qué coincidencia haber encontrado aquél diario... Al día siguiente, seguiría leyendo.