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El amor oculto de Hermione — capítulo 3
El salón de la casa Black era enorme, tenía unas ventanas gigantes, en el fondo había una hermosa chimenea cuyo color combinaba con el de la alfombra y al centro se ubicaba una larga mesa, la cual estaba muy bien adornada con hermosas figuritas.
Hermione tomó asiento lo más rápido que pudo, la siguieron los gemelos, Ron, Ginny, la Señora Weasley, Sirius y, Dumbledore quien se sentó al medio de todos los presentes.
-Bueno señorita Granger - comenzó el anciano - creo que ya es hora de dejar la incertidumbre y hablar sobre la Orden del Fénix. Organización que fue creada hace años cuando Voldemort era uno de los magos más poderosos - dijo el profesor hablando del tema tan relajado como si hablara de cualquier cosa común y corriente - imagino que Harry ya le contó lo ocurrido cuando tocó la copa en el Torneo de los Tres Magos - la chica asintió con la cabeza - el asunto es que Voldemort ha vuelto, y creo que es nuestro deber estar preparados para cuando éste, recupere nuevamente sus fuerzas.
-Entonces, usted cree que lo que pasó hace años atrás - dijo Hermione con voz temblorosa - volverá a ocurrir.
-Exactamente señorita Granger - respondió el profesor - y lo que más me preocupa, y bueno, de seguro a usted también, es que éste quiera terminar lo que en aquel tiempo no pudo… me refiero a Harry.
La chica sintió nuevamente ese apretón en el estómago. Temía por la vida de su amigo.
-Es por eso que desde ya, tenemos que comenzar a prepararnos - dijo Sirius tocando el hombro de Hermione.
-Claro… ahora entiendo todo - respondió la castaña agachando un poco la cabeza para evitar que notaran lo rojas que se habían puesto sus mejillas cuando Sirius la tocó
- pero… ¿Harry sabe de esto?
-Me temo que aún no - respondió Dumbledore - creo que aún no es el momento que Harry se entere de lo que está sucediendo en esta casa - al escuchar las últimas palabras del profesor Hermione y Ron, cruzaron miradas instantáneamente - Es por eso que le pido a usted y al señor Weasley… no contar a Harry lo que acabamos de conversar.
-Pero…
- Ron trató de hablar pero Dumbledore lo interrumpió amablemente.
-Nada de "peros" señor Weasley, quiero me prometan que no dirán nada a Harry, estoy seguro que eso será lo mejor - dijo el profesor mirando a ambos.
-Está bien - dijo la chica, no estando segura de lo que decía - no diré nada o mejor dicho no escribiré nada de esto.
-Si… yo también digo lo mismo - apresuró en decir Ron.
-Bueno, ahora que ya está todo dicho me puedo marchar - señaló Dumbledore mientras se paraba de la mesa - creo sería bueno que durmieran un poco ustedes dos - dijo señalando a Sirius y a Hermione.
-Lo intentaré - dijo Sirius - ya que me cuesta bastante dormir de día, pero la que dormirá si o si será Hermione, que de seguro debe estar agotada.
-Bueno, si un poco - respondió la chica.
-Pero antes debes comer algo - se apresuró a decir la Señora Weasley.
-No gracias, todavía no tengo hambre, después no habrá problema.
-Pero yo puedo comer por Hermione ahora - dijo Ron.
-Tú puedes comer a cualquier hora del día - respondió Hermione sonriendo.
-Eso es cierto - dijo la Señora Weasley.
-Bueno, si Hermione no va a comer - dijo Sirius - podría llevarla de inmediato a su habitación.
-Excelente idea, porque se nota a leguas que mi amiga está muy cansada - dijo Ginny - nos vemos a lo que despiertes Hermione.
-Sí, nos vemos a lo que despiertes - dijeron al mismo tiempo los gemelos para desaparecer al instante.
Cada segundo que pasaba Hermione se sentía un poco más nerviosa, el sólo hecho de saber que Sirius la llevaría a su cuarto la hacía sentir extraña.
-Bueno, espero te guste esta habitación - dijo Sirius mientras abría la puerta. La chica entró y se quedó pegada mirando el techo. Tenía unas pinturas hermosas.
-Es muy lindo - respondió la castaña. El cuarto no era pequeño, tenía una cama bastante grande, había una ventana que daba al jardín y en la esquina había un tocador con un enorme espejo.
-Espero te sientas cómoda, duerme un poco de seguro estas cansada.
-Está bien - respondió la chica mientras tomaba asiento en la cama - aunque tú igual deberías descansar, después de todo no dormiste por ir a buscarme.
-Cuando estuve en Azkaban pasaba días sin dormir - comenzó a relatar Black mientras caminaba por la habitación mirando los cuadros que la adornaban - así que no creo que me muera por no dormir un día más.
-Claro
- dijo la chica sin saber más que decir, no quería ser indiscreta y seguir preguntando sobre el tema. Además, los nervios se la comían viva, y no quería arruinar el momento con un comentario o pregunta fuera de lugar.
-¿Sabes Hermione? - dijo de pronto Sirius Black caminando en dirección hacia ella- hace años que no me sentía tan bien… hace años que no me sentía útil, y ahora que sucedió todo esto… de tener que ir por ti y traerte a salvo, me hizo sentir vivo… que alguien necesitaba de mi… lo digo porque después de todo tú estabas bajo mi cuidado.
-Entiendo
- fue lo único que atinó a decirla chica.
-Bueno, creo será mejor que te deje descansar - dijo Sirius al ver que Hermione no respondía a sus palabras.
-Está bien - respondió la castaña a duras penas, ya que realmente las palabras de Black le resonaban en la cabeza.
-Que descanses, nos vemos pronto, tendrás que acostumbrarte a verme todos los días ahora que estamos aquí.
-Yo encantada de verte todos los días… digo… en lo de la Orden… bueno tú me entiendes - respondió Hermione más nerviosa que nunca y arrepentida de haber contestado aquello, pero realmente las palabras fluyeron solas de su boca.
-Claro, te entiendo - dijo Sirius mirándola fijamente, con una sonrisa en la cara - nos vemos - cerró la puerta con cuidado y se fue.
Todo parecía muy raro, las circunstancias no eran las mejores y para colmo, la inteligente chica sentía que algo no andaba bien en ella. Así que para amenizar tal situación, de inmediato se dispuso a descansar, hasta que de pronto, sin previo aviso, se abrió la puerta.
-Vine a verte un rato, antes de que te quedaras dormida - dijo la menor de los Weasley - supuse que todavía no tenías sueño - se sentó en la cama.
-Sí, la verdad es que no tengo mucho sueño - respondió Hermione sentándose en la cama también.
-¿y qué tal el viaje con Sirius? - preguntó la pelirroja mirando a Hermione fijamente.
-Bien… bueno excepto por lo de los mortifagos, pero salimos bien de eso - respondió la castaña a su amiga tratando de disimular que los nervios habían comenzado a invadirla nuevamente, ya que claramente, Ginny no hizo aquella pregunta por casualidad.
-¿y el cuarto te gustó? - preguntó Ginny con una sonrisa en la cara - que amable Sirius en traerte hasta acá ¿no?
-Es cierto, él es muy amable.
-Bueno, mejor te dejo descansar - dijo la pelirroja mientras se dirigía a la puerta.
-Pero… pensé que te quedarías un rato más.
-¡No! cómo se te ocurre, tú necesitas descansar y además… ya tengo la respuesta a lo que quería saber.
-¿Y qué querías saber?
-Esa respuesta ya la sabes - respondió la menor de los Weasley a Hermione - ¡ya! Mejor te dejo, que duermas bien - la chica cerró la puerta y se fue.
-Claro que sé la respuesta a tu pregunta Ginny - dijo la chica mientras se acomodaba para dormir un poco - ya sabes lo que siento por Sirius - murmuró Hermione, cerró los ojos y se durmió.
Pasaban las semanas y la castaña de pelo alborotado parecía sentirse mejor que nunca. Se comunicaba muy seguido con sus padres, así que todo iba perfecto, sólo faltaba una cosa, Harry. A veces se le dificultaba estar en casa de los Black, sabiendo que uno de sus mejores amigos estaba bajo la custodia de unos tíos dementes, en vez de estar disfrutando de las vacaciones como lo hacían ella y Ron.
-¿Y si le enviamos una lechuza? ¿Crees que Dumbledore se enteraría? - preguntó Ron a su mejor amiga mientras miraban por la ventana de la habitación del pelirrojo.
-Dumbledore siempre se entera de todo - respondió Hermione resignada - la verdad es que aún no entiendo por qué el profesor no quiere que Harry se entere de todo esto, siendo que gracias a él sabemos que Voldemort regresó.
-Bueno, yo me hago la misma pregunta, todos los días - señaló Ron - espero que pronto lo traigan de regreso, ya que la verdad… me siento todo un traidor no contándole lo que sucede.
-Créeme, me pasa exactamente lo mismo - dijo Hermione mientras caminaba hacia la puerta de la habitación - ¿vamos a buscar comida?
-Es la mejor idea que te he escuchado en años - respondió el pelirrojo - esto jamás lo olvidaré, ya que siempre me invitas a la biblioteca y …
-¡Ya ya ya! Sólo vamos ¿está bien?
-Está bien, vamos - respondió Ron y ambos salieron en dirección a la cocina.
Cuando llegaron se dieron cuenta que al parecer no eran los únicos que morían de hambre, ya que también se encontraban los gemelos y Ginny.
-Creo que no somos los únicos hambrientos Ron - dijo la muchacha mientras tomaba asiento al lado de la menor de los Weasley.
-Así veo - respondió Ron mientras se sentaba y a la vez tomaba un pastelillo.
-Se nota cuando no está mamá - comentó Fred mientras comía con ganas - porque si ella estuviera, a esta hora estaríamos disfrutando de una exquisita comida casera y no estos pasteles muggles que la verdad no saben bien.
-¿Donde los compraron? - preguntó Hermione con curiosidad mientras tomaba un poco de jugo.
-¿Comprar? Hermione como se te ocurre que éstos dos iban a comprar los pasteles - dijo Ginny.
-Los tomamos prestados - se apresuró en decir George cuando vio la cara de la castaña - pero descuida, lo hicimos por necesidad así que no hay nada de malo en ello.
-Eso no se llama tomar prestado, eso es robo ¿sabían? - dijo Hermione muy seria.
-Hermione no exageres - agradece que ahora tenemos algo que comer, sería sido imposible estar sin comer hasta que mamá regrese de la madriguera.
-Bueno eso es cierto, ahora entiendo porque desaparecieron - dijo Hermione, y resignada tomó un pastel.
-¿Y ustedes dos? - dijo de pronto Fred pasando la mirada de Ron a Hermione continuadas veces- me parece que los tortolitos también se desaparecieron por ahí.
-¿Qué tortolitos? ¿Me perdí de algo? - se escuchó de pronto mientras que a Hermione se le aceleró el corazón al escuchar aquella voz. Era Sirius.
-Resulta que Hermione y Ronnie se desaparecieron toda la tarde - dijo George con una sonrisa mientras la castaña temblaba de nervios y vergüenza por las bromas de los gemelos.
-No molestes Georgi - dijo Ron casi atorado con un pastel - sólo estábamos conversando en mi habitación.
-Esto me parece extraño, pero me agrada - dijo Fred mientras dirigía sus palabras a Hermione quien no atinaba a decir nada - me caes bien, me encanta esto de su romance - continuó Fred entre risas.
-¡Ay! Por favor de qué romance hablas - se apresuró en decir la chica, ya que por alguna extraña razón se sentía muy incómoda con las bromas de los gemelos, estando presente ahí Sirius Black - con Ronald sólo conversábamos y que no se hable más del asunto ¿está bien?
-Pero no te enojes Hermione, es sólo una broma - dijo de pronto Sirius quien caminaba por la enorme cocina - además, después de todo es cierto, hacen una linda pareja - señalo el animago con una leve sonrisa.
-Da lo mismo si hacen una linda pareja o no - le contestó Ginny - la cuestión es que a mi amiga no le gusta mi hermano, o sea, claramente Ron es muy infantil para ella, Hermione necesita un hombre más maduro.
-¿Ah sí? - respondió Sirius
-¡Ya! Basta, creo que sería bueno que dejemos de hablar sobre mí y mejor preparemos algo para comer - dijo Hermione intentando cambiar el tema.
-Me parece una buena idea - contestó George.
-Ginny cocina bastante bien - dijo Fred - podrían intentar hacer algo comestible.
-Bueno, entonces iré a mi habitación a buscar algo para amarrar mi cabello y vuelvo de inmediato para ayudar a Ginny - dijo Hermione y salió de la cocina en dirección a su alcoba.
La verdad, no quería ir a buscar algo para amarrarse el cabello, sino que sólo quería estar un momento a solas ya que la situación en la cocina, la había incomodado un poco.
Mientras subía las escaleras no dejaba de pensar por qué se sentía así, no entendía por qué se había sentido tan incómoda con aquella broma. Se sentó en la cama un instante. Sin embargo no pudo encontrar la tranquilidad que tanto buscaba, ya que de pronto escuchó un fuerte estruendo en el primer piso de la casa acompañado de lo que según sus oídos, eran los gritos de Ginny, así que, por instinto Hermione sacó su varita y decidió salir de la habitación para ver que estaba pasando. Dio un par de pasos hasta que de pronto sintió que el corazón se le detuvo. Parecía mentira pero era real; era real que frente a ella había un mortifago apuntándola con una varita.