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Malfoy ¡deja de mirarme! — capítulo 12
Ella había escuchado la frase "¿quieres ir al baile conmigo?" Del hombre más deseado por algún tiempo en su colegio. Él ni siquiera había hablado más de tres palabras con ella antes de soltarle la frase. Mentiría si se atreviera siquiera a decir que la paso mal esa noche… porque fue simplemente perfecta.
Recibió un "te amo" del amor de su vida. Un test de embarazo positivo y la alegría y desesperación del primer llanto de su pequeña. Había pasado por un divorcio tranquilo y todo estaba marchando sobre ruedas. Recibía un calido saludo de su hija cada día después de una ardua jornada laboral.
Su compañía empezó a tener problemas, y tenía la suficiente condenada suerte para que el más capacitado para salvar Granger Corporation fuera el hurón desteñido que le hizo la vida miserable en el colegio. Pero había salido bien parada de eso, sobretodo porque el rubio le había quitado las inmensas ganas de revolcarse y le había brindado los mejores orgasmos de su existencia… Todo marchaba perfecto. El mundo no podía ponerse más rosado para Hermione…
Había pasado por las etapas más indispensables en su vida y aunque ahora no tenía nada de lo anterior a excepción de un tierno "mami" cada día que llegaba a su casa, no entendía que carajo pasaba a su alrededor.
El din del ascensor subiendo lentamente cada piso no ayudaba en su intento de unir los cabos sueltos. La mano de Paul, fielmente pegada a su cintura, no la molestó hasta que comenzó con los movimientos circulares.
Por suerte la puerta del elevador se abrió sin que ella tuviera que quitar la molesta mano de su cuerpo. Al otro lado de las puertas metálicas se hallaba su recadero, cupido, surtidor… en fin… el fiel asistente: Thomas.
La castaña caminó a su oficina quitándose la mano del rubio. El azabache la siguió apenas percibió el desconcierto en el ambiente. Internamente se dijo que tendría que cancelar su viaje… no porque se lo fueran a quitar, pero era realista, y no tendría tiempo a no ser que ambos jefes calmaran sus pasiones en algún remoto lugar donde nadie pudiera oponerse… algún lugar como… no sé… ¡la estratosfera!
-¿nos das un momento por favor? Debo agendar las reuniones de la semana entrante- le dijo Hermione a un ruso que los seguía
Apenas las puertas de cristal opaco se cerraron, Thomas supo que debía guardar su agenda y soltar cada detalle que recordara.
-¿Qué mierda le pasa a Draco?- escuchó de los decentes y recatados labios de la castaña. Fue en aquel momento donde se le ocurrió una perfecta y maravillosa idea.
Hermione estaba sentada sobre su escritorio. Con las piernas y brazos cruzados. Su humor era lo suficientemente oscuro para pasar por alto en cambio en la incandescencia en el brillo de los ojos de Tommy.
-yo no lo sé- Hermione lo miró con odio- Creo que esta celoso- soltó fingiendo indiferencia. Como si no estuviera midiendo cada una de sus palabras, cada tono implicado en sus sílabas y profundidad en su mirada.
-¿celoso? ¿De quién?
-Paul Romsky- dijo el asistente con un segundo como desfase de tiempo.
-¿el ruso?
-creo… en mi humilde opinión, que el señor Malfoy cree que se esta acostando con Romsky- Era una jugada arriesgada. Se estaba jugando su garganta con aquello… pero Thomas era astuto….. y muy, muuuuy arriesgado.
-¡¿acostarme con el ruso?!- Exclamo la jefa superior.
Apenas Thomas salió de la oficina, el rubio ruso entró. No era desagradable… ¿Qué digo? Era un bombón con el envoltorio tentadoramente listo para abrir… pero Hermione no era la clase de chica que se acostaba con todas las bombas sexuales que veía. ¡Por Dios! Tenía 29 años, no una ilusa de 17.
Había estrujado su tarjeta de crédito comprando bonitos vestidos provocadores para que Draco se acercara a ella. ¡No era su culpa que el hurón idiota se quedara sentado mientras Paul salía con frases como:"¿por qué no me enseñas la ciudad?"!
Condenado hurón… la tenía en una sequía pensando quizás cuantas cochinadas juntas…. ¡QUIZÁS CON QUE ZORRA SE ESTABA REVOLCANDO!
Una vez que las nubes abandonaron el cielo y la luna reinaba sobre una oscura noche, en un bonito bar en medio de la cuidad, alejado de todas las mesas y con dos botellas de whisky desocupadas se encontraba un ebrio, rubio y formal huroncito.
Una atractiva camarera se acercó a él trayendo consigo un nuevo trago.
Draco se tomó el contenido sin mirar siquiera el vaso. Una vez dentro, miró a la chica… no era lo que él estaba tomando, pero quería más…
-ron cariño… las penas de amor se pasan con ron- dijo la chica, dándole una calida sonrisa y volviendo a la barra por otro vaso.
¿Ron? ¿Penas de amor? ¡NO, NO, NO Y MIL VECES NO!
Se iba a parar y decirle a la chica que él no estaba enamorado. Exigirle que le trajera más del maldito ron, pero que NO estaba enamorado.
Lo hubiera echo de no sentir como sus piernas se derretían sobre el piso… y eso que estaba sentado.
Volvió a tomar el contenido restante del vaso, sacó su billetera y dejo los billetes necesarios para pagar todo y una excelente propina.
-yo no estoy enamorado- dijo el rubio- y lo voy a probar.
En pleno y alocado estado de furia, se va tambaleando a una calle cercana. Tomo las llaves de su coche, abrió la puerta y después de cuatro o cinco intentos consiguió introducir la llave en su correspondiente orificio.
-yo no estoy enamorado, y lo voy a probar- dijo Draco, con un destino fijo en la cabeza. La casa de la jefecita.
La castaña estaba pensando en la imagen 5012 que podía posiblemente haber en su techo. Y por motivos ajenos a su conocimiento las palabras de Thomas resonaban en su cabeza.
"Creo… que esta celoso" ¿celoso de qué? Solo se habían acostado una vez. Fue el mismo Draco el que dejo claro que solo se trataría de sexo desde el primer día que empezó a molestar sus feromonas.
Sin estar segura si pegarse un tiro o despedir al hurón, se levantó de la cama y caminó a su ventanal.
El cielo cubierto de nubes le recordó, de manera extraña, las tardes que Ron iba por ella a su casa los primeros años como novios. Recordó la sonrisa del pelirrojo y sus ojos. Aquellos mares azules que la encandilaron desde el primer día.
Pensó en Harry. El hermano que jamás tuvo. Aquel ser que encendía sus sistemas de alerta cada vez que desaparecía en la noche… Harry se transformó en su confidente. Era alguien sumamente importante en su vida.
Hermione suspiró al darse cuenta que había echo con Harry lo mismo que había terminado su relación con Ron. Los había dejado de lado por su trabajo. ¡Era una pésima amiga! Debía decirle a Ron que salieran un día… pero no como pareja… sino como el trío de oro inquebrantable.
El brillo de una estrella formó una sonrisa en la cara de la castaña. Ella estaba sola y necesitaba hermanos. Ellos fueron sus hermanos….
-Rose necesita un hermano- dijo Hermine sin pensarlo.
La imagen de un pequeño rubio de ojos grises y sonrisa brillante ocupó su mente; Scorpius. Pero casi tan rápido como vino la cara del pequeño Malfoy a su mente, llegó la de su padre.
La castaña dejó de pensar en sus intenciones bienaventuradas como amiga. Dejó nuevamente de lado a Harry y a Ron. Solo la imagen del narcisista accionista quedó en su retina.
Ella sonrió casi totalmente alegre, pero su fantasiosa idea se acabó cuando una extraña cosa empezó a moverse al otro lado del ventanal.
Hubiera gritado, saltado e incluso agarrado su lámpara y golpear al extraño, pero este último se inclinó lo suficiente para que ella reconociera aquel cabello rubio y sus ojos perfectos.
(Apologize)
-¿Qué demonios haces en mi ventana a las tres de la mañana?- dijo la castaña, abriendo el ventanal y ayudando al hurón a subir.
-¿Dónde está?
-¿Dónde está quién?
-¡EL IMBÉCIL DE PAUL!- Draco se levantó y una vez estable empezó a registrar la habitación de su jefa. Hermione estaba pensando que tan ebrio se encontraba, pero él fue mejor distrayéndola. Ella no supo cuando, como o por qué, pero el rubio comenzó a sacarse la camisa y desabrochar sus pantalones. Cuando le iba a preguntar que demonios hacía, él ya la tenía entre sus brazos e intentaba besarla.
-para… -dijo la castaña entre los labios del rubio- ¡PARA!
-Eres mía Hermione- sentenció el rubio, tomándola de los hombros y bajando su mirada para que la suya se juntara con la avellana- No estamos juntos… pero eres mía. No puedes…. No, si puedes, pero no debes acostarte con nadie más. Dile al idiota de Paul que se busque otra mujer, porque tú ya tienes dueño.
La castaña se quedó sin habla. ¿Desde cuando alguien era capaz de tratarla como un objeto? ¡NUNCA! ¿Y por que demonios le estaba dejando ser el primero que le hablara así? De algún extraño e incomprensible modo, no dijo nada…
-yo no me he acostado con nadie en este tiempo. Tú tampoco debes hacerlo…. ¡conoces a mi hijo! ¡Conozco a Rosie! POR RESPETO A ELLOS DEBEMOS HACERLO- y como si aquel fuera la excusa mejor premeditada del mundo, el rubio comenzó a besarla sin tregua.
Hermione, por su parte, desabotonó su camisa mientras Draco se encargaba de sus pantalones. Él agarró firmemente el trasero de Hermy, levantando el cuerpo de su jefa y colgándolo a horcadas sobre su pecho.
Draco la llevó lentamente sobre las sabanas de seda. De pronto, la pasión, lujuria y desenfreno se transformó en algo mucho más tranquilo… Hermione estaba loca por sentirlo dentro y Draco moriría con tal de sentir lo estrecha de su jefa una y otra vez.
-no he estado con Paul- dijo Hermione entre jadeos cuando el rubio hizo un camino de besos desde sus labios hasta más abajo del ombligo.
-y no lo estarás- sentenció el rubio agarrándose de los muslos de la castaña.
-creí… oh… creí que eran amigos- contrarrestó Granger aferrándose a los cabellos platinados que habían a su alcance.
-algo por el estilo- fue la última frase de Draco, antes de levantarse de aquel sitio y posesionarse entre las piernas de Hermione.
*"Conmigo tocarías el cielo",*recordó que le dijo Paul ese mismo día… aquel rubio ruso no necesitaba un espacio para hacer un comentario en doble sentido. Él era capaz de mencionarlos aunque no vinieran al caso.
Sin embargo… ¿para que necesitaba el cielo Hermione Granger? Si en la tierra tenía una hija hermosa, unos amigos que pretendía recuperar y… los mejores orgasmos que ha tenido en su vida.