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Malfoy ¡deja de mirarme! — capítulo 2
Aquel rubio antiguamente altanero, entró en la sala de juntas asombrado que aquella "mujer hermosa" de la que hablaban sus colegas en la hora de almuerzo fuera Hermione Granger. Si bien era cierto que los años no le habían sentado mal, él se la imaginaba como dueña de casa cuidando a unos tres o quizás cuatro pelirrojos. Sabía muy bien que se había casado con la comadreja unos años después de salir de Hogarts. Vio la noticia en el profeta.
Aún así, sin importar todo el odio que se expresaron en sus años de colegio, se acercó a ella y besó el torso de su mano.
-un gusto, señorita Granger.
-¿Qué haces aquí Malfoy?- para asombro de Draco, Hermione no sonó discriminadora. Al contrario, el hecho de recibir la carpeta de unos inversionistas y ojearla disimulada pero clínicamente, hizo que sus palabras sonarán como las de toda mujer importante. O sea, que no lo tomó en cuenta.
Draco conocía el ámbito, y el trabajo no era algo que le desagradara. Conocía y dominaba las financias mejor que ningún otro, pero no le gustaba ir a reuniones. Él… hacia el trabajo de oficina y supervisión. Pero cuando escuchó los múltiples comentarios de sus subordinados por la hermosura de la mujer, la curiosidad pudo más que su aberración por las reuniones formales.
Hermione dirigió la reunión solo con órdenes. Sus subordinados escuchaban su voz y levantaban la vista. Draco, por el contrario, miraba detalladamente los papeles economistas de la renombrada empresa.
Draco miraba como sus "socios" aparentaban manejarse en el tema. Y algunos inversionistas de su empresa planteaban algunas normas a seguir para un buen asociamiento. Pero no dijo palabra alguna en toda la exposción… al contrario, miraba ciertos puntos oscuros que había en la carpeta de inversiones que uno de los trabajadores de Granger le había entregado.
-Thomas- dijo en voz de mando Hermione, una vez dichos los requerimientos y las propuestas - de Insurance Risks quiero nuestros informes de campañas. Las opiniones de los inversionistas y la propuesta detallada de la nueva empresa.
Malfoy la miraba asombrado. Si bien Hermione se había transformado en una mujer hermosa, él estaba acostumbrado a tratar con cada clase de modelo. El blondo era sorprendido por el desplante de la castaña. Por su poder de mando, el estricto régimen y miedo que infundaba en los empleados. Miedo y admiración. Una excelente combinación a la hora de imponer trabajo. Estaba asombrado hasta de su corazón de hielo. De cierta manera, le recordó a sus tiempos adolescentes.
Hermione se levantó de la mesa, mirando al llamado "Thomas".
-y lo quiero para ayer. Ahora- y le dio una mirada a todos los hombres en la mesa- fuera de aquí.
Los trabajadores de Granger corporation salieron casi corriendo al escuchar las ordenes de su jefa. Los que provenían de la compañía de Draco, y conocían el actuar de la castaña, imitaron el movimiento. Los demás, no tardaron en retirarse, pero de manera mucho mas decente.
El único en desobedecer fue el blondo sentado en la opuesta cabecera. Él permanecía en la elegante silla de cuero negro… mirando hacia la castaña mientras le daba la espalda.
Hermione miraba por el enorme ventanal. El piso 48 del gran edificio poseía la mejor vista del mundo, pero el reflejo del hombre estaba justo a la altura de sus ojos.
-Malfoy, deja de mirar mi trasero.- y no fue una petición, fue la voz mas cruda que él alguna vez en su vida le había escuchado.
-miraba en lo que te has convertido, no a tu trasero ¡te has vuelto vanidosa, Granger!- fueron las palabras de Draco, recordando algunas cosas de su adolescencia -vanidosa y supuestamente superior.
Ella se giró, sus ojos color avellana eran fuego puro. Era odio por cada palabra, por cada exhalo, por cada molécula del cuerpo en Draco.
-Retírate de mi oficina y dile a mi secretaría que cancele el trabajo con Insurence Risks.
El blondo era un sabio contador. Era su mano derecha, su izquierda y la cabeza de todo. Siempre había sido así…. No iba a juntas, pero manejaba el trabajo de sus empleados como un tutor que corrige sin mencionar que corrigió.
Aún así, trabajar con esta empresa era un honor. Uno que no desaprovecharía, aunque tuviera que trabajar con la creída de Granger.
-por favor Hermione. Me necesitas, y yo necesito a tu empresa
Ella, que se estaba retirando, se volteó y lo miro iracunda.
-dirás, que me necesitas y soy YO la que necesita a tus empleados. Aunque, ¿te imaginas lo que me costará hacer que renuncien y trabajen para mi?
Ambos trabajaban psicológicamente cuando querían un trabajo… y ninguno daría su brazo a torcer.
Hermione nuevamente se giró. Estaba furiosa y no dudaría en despedirlo.
-¿sabes quien es mi mayor inversionista? ¿Conoces el negocio de finanzas? ¿Quién saca mis cuentas? ¿Quién maneja dinero? ¿Cómo negociar?- le dijo Draco, cruzándose de brazos antes que ella presionara el botón de seguridad- soy yo- terminó diciendo.
-bien por ti- fue la respuesta de la castaña alejándose de aquel botón. ¡Maldición! Necesitaba a esa empresa, si no quería perder Granger Corporation, tenía que asociarse con los mejores inversionistas.- ¿sabes como dar una buena impresión? ¿Cómo conseguir colaboradores? ¿Cómo aumentar la seguridad que tus clientes tienen en ti? ¿conoces, levemente, la sensación que se produce en tu estomago cuando millones de persona piden tu ayuda, porque confían en ti?
-resumámoslo en que nos necesitamos- fueron las palabras de Draco. Cierto, era bueno con los números… pero a las personas no las entendía ni por asomo. Y ella era lo opuesto, al parecer era un témpano de hielo, pero sabía de buenas fuentes que todos intentaban asociarse con ella porque era "una jugada segura"- ¿cerramos el trato preciosa?
-con una condición- dijo Hermy, caminando hacia el blondo y quedando a un paso de aquel estructural cuerpo. -no me dirás "preciosa". Soy: JEFA, para ti. ¿Entendido?- mientras estiraba su blanquecina mano para cerrar el acuerdo como es debido.
-como digas preciosa- le respondió Draco mientras le tomaba la mano.
-¿Qué dijiste?- dijo ella mirándolo a los ojos directamente. No se podía negar que era sumamente apuesto y de hermosas facciones. Pero nadie podía cambiar esa expresión de su cara- tus eres Malfoy, yo soy Granger… y es mi última oferta.
-lo que tu digas Hermione. Iré a firmar con tu secretaría.
La castaña quedó refunfuñando, aunque él no la tomó en cuenta. Pero antes que Draco cerrara la puerta de cristal opaco, escuchó el timbre en el celular de su nueva jefa. Ella no tardo en responder.
-hola cariño…. ¡¿QUÉ?!- su voz cambió completamente. Al inicio era cariñosa y preocupada. Luego, la ira se desató en esa línea telefónica*.- voy inmediatamente para allá.*
Él vio como la castaña tomaba su cartera y salía corriendo hacia el ascensor. Este, se demoraba más de lo normal, y rauda fue a las escaleras. Diez segundos después, aquella maquina metálica, sonaba con un "clin" esperando al siguiente pasajero.
El blondo se subió y marcó el subterráneo. Su sorpresa fue, encontrar a Hermione al lado de su auto, pero no esperando por él, sino, gritando y llenando de miedo a todos por su ira. Miraba un descapotable rojo, último modelo, asientos negros y un asiento trasro con diseño… el auto deseado de Draco.
-condenadas llaves- fue la última rabieta de la castaña, viendo como corría hacia los ascensores.
-¿necesitas ir a alguna parte, preciosa?
Ella se detuvo. Y él notó, sin siquiera ver su rostro, que meditaba si aceptar su ayuda o no.
-llévame a P. cherman. calle walabi 42 sidney (nonono jajajajjaj esa no era)
Ella le dijo su dirección. Y Draco hizo gracia a los motores turbo que había comprado e instalado recientemente
El blondo llego al mejor barrio mágico que conocía. En la puerta, había un especie de guardia.
-¿Quién es?- le preguntó el uniformado acercándose al vehículo.
-abre ahora Peter, si no quieres perder el empleo- dijo Hermione desde el asiento del copiloto.
El pobre joven, con solo escuchar la voz, presionó el botón para abrir la gran reja.
El auto de Draco no era feo… era hermoso. Pero no alcanzaba a estar a la altura de la casa.
Era una mansión gigantesca. Unas cinco veces más grande que la suya cuando sus padres eran poderosos y su apellido era renombrado en la sociedad.
Era simplemente asombrosa, preciosa y sumamente elegante.
Hermione se bajó del auto en cuanto llegaron a la entrada. Sacó las llaves escondidas sobre la puerta sin esperar que Draco se fuera. Entró a la casa de manera apresurada…
Draco imaginó tantas cosas, que se fue de la mansión riendo; quizás era Ron, que la estaba engañando. Y ella lo pillaría con las manos en la masa.
Al llegar a su departamento, estacionó el auto y bajo su portafolio. Con eso, se dio cuenta que la cartera de su jefa seguía en el asiento copiloto.
Antes de llegar a su piso, el celular sonó. Era Ron.
"Así que pidiendo disculpas"- se imaginó el blondo mientras sonaba el teléfono celular.
No mucho tiempo después, el artefacto marcó la llegada del mensaje. Y si, era de Ron.
Nuevamente, la curiosidad pudo más que su moralidad. Y revisó aquel mensaje.
"He**rms, hablé con el abogado… y firmé. ¿Estás segura de esto? Aun puedo romper los papeles de divorcio y seguir casados… respóndeme por favor".
Así que divorciada… su preciosa jefa era una mujer prontamente divorciada.
Sin siquiera conocerla de una semana, Draco se imaginaba que ella no era de las que daba su razón a torcer… "y sus cuatro hijos pelirrojos" se preguntó ironicamente.
-así que divorciada- fueron las palabras antes de dormir.