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Malfoy ¡deja de mirarme! — capítulo 3
Debía llegar la empresa de su nueva jefecita. Lo tenía más que claro el pobre hurón… pero Morfeo pudo más que su sentido de la responsabilidad.
Llamó a la oficina, particularmente a la secretaría de Granger, para que lo excusara con alguna mentira que se le ocurriera… pero su sorpresa fue escuchar:
-señor Malfoy, la señorita Granger aún no ingresa a la empresa.
De pronto, y como si la idea llegara volando a su loca cabecita, decidió devolver aquella cartera de marca que había quedado en su coche.
Después de todo, era una manera de empezar con el pie derecho… nuevamente.
Llegar a aquella magnifica mansión, no fue difícil. Después de todo ¿Quién olvidaría una casa así? La ex ratona de biblioteca sabía en lo que se metía cuando empezó una empresa. Draco siempre la había visto como la amiguita del cara rajada que siempre haría todo por el elegido. Incluso llegaba a creer que estaba más interesada en el azabache que en la cabeza de zanahoria.
-no puede entrar- fueron las frías palabras del joven guardia, mientras lo miraba como si fuera el ser superior y Draco solo fuera una hormiguita en su camino. Como si "trabajar en la casa" de Granger fuera un titulo superior.
-Hermione dijo que si no se lo devolvía, me mataba…. No creo que "el que me lo impidió" tenga una mejor muerte-le dijo Draco, con su sonrisa sarcástica que acababa con la concentración de todas las mujeres. Con la certeza que el muchacho lo dejaría entrar apenas mencionar: muerte.
Y no estaba equivocado. Peter, como lo había llamado su jefa, volteó a la gaceta y presionó un botón verde. Aceleró al máximo los caballos de fuerza de aquel auto… solo para causar la envidia del muchacho. A lo lejos escuchó el aviso del guardia a la gran mansión…
Quizás hubiera sido solo su imaginación, pero escuchó la voz de Hermione impidiendo la entrada.
Una vez llegado a la entrada. Toco el timbre.
Escuchó voces femeninas correr hacia todos lados. El blondo conocía ese sonido… mujeres peleando. Pero ¿Por qué razón?
De pronto, sin más espera, la puerta de colores oscuros empieza a abrir. Malfoy miro adelante, pero nada había.
-hola ¿Quién eres?- llamó su atención hacia abajo. Era una tierna niña de cabello castaño rojizo, de unos tres o cuatro años… como máximo cinco. Tenía los ojos azules, pero la cara libre de pecas. Aun así… el blondo, que por tantos años molestó al trío de oro, reconoció la cara de Ron en esa niña, aunque la de la madre tenía muchísimo mas poder que aquel aire que heredo del padre.
-¡SEÑORITA! ¡SEÑORITA!
-¡pringcesa, volveg aquí!
-madam, regrese
Se escuchaban las múltiples voces de las que seguramente eran sus criadas. Él había crecido así… conocía ese sentimiento y esas ansias de saber.
-¡Rose! Cariño, estas enfermita… debes volver a tu cama. ¿Harías eso por mami?-el sorprendido blondo vio aparecer a Hermione… pero definitivamente no la misma que reconoció en el trabajo.
Esta era otra Hermione Granger, una amorosa, cariñosa…. Esas de las que hablaban tiernito y todo.
-si mami. Pero no quiero volver a mi camita. ¿Puedo ir a dormir contigo?
-claro mi cielo- le dijo la madre, apartándola de la puerta. Permitiendo que alguna de sus tantas niñeras se hiciera cargo.
-¿Qué quieres, Malfoy?- y ahí estaba de nuevo su jefa. La fría, sin sentimientos y calculadora Hermione Granger. ¿y la madre cariñosa? ¿Dónde se fue?
El pobre blondo la miro sorprendido… no por su actuar o su cambio de humor. Pero sorprendentemente, le recordó a su madre.
Tambien la vio de pies a cabeza, cosa que ella paso por alto. Se veía… preciosa. Hermione podía estar en dos harapos y se vería magnifica.
La había visto con un vestido corto, con millones de vuelos y destellos, y era preciosa. Pero así como estaba, tan simple, tan normal… era diferente. era asombrosa.
Solo una playera ancha, que le quedaba chueca en los hombros y un simple pantalón de pijama.
-te hable Malfoy. Responde.
-emm… yo…. Yo- y pronto recobró la confienza en si mismo- vine a devolverte esto, preciosa- mientras le tendía la cartera.
-vas atrasado al trabajo- dijo ella tomando la cartera- diré que te bajen el sueldo si tienes otro atraso ¿me oíste?
-claro…- dijo él. Pensando en lo rápido que cambiaba su humor.
-largo de mi propiedad. No quiero palabras respecto a mi apariencia. Si dicen algo… eres inmediatamente culpable- el blondo se daba vuelta, con algo de recuerdos antiguos- Hey, Malfoy…
Él nuevamente la miró
-gra…gracias por lo de ayer. Yo… tedebouna.
-¿Qué?
-te debo una- dijo con los dientes apretados y mirando el suelo. La castaña tenía una simple expresión: humillación.
-había escuchado la primera vez- le dijo él, sonriendo con algo de malicia- pero no me lo creí.
-tu… ¡maldito perro! Te voy a…
-vamos preciosa. Solo una broma matutina. ¡Tu sentido del humor es muy bajo! ¿Lo sabias?
-¡con un demonio, Draco! ¿Qué no entendiste lo que te dije? ¡No me digas preciosa!
-¿ves? Empezamos a avanzar…. Ahora soy Draco. Tus eres: preciosa. - y no lo decía solo en el sentido de cómo llamarla.
Draco bajo unos escalones. Obviamente ella no lo dejaría entrar a casa. Mucho menos ofrecerle desayuno. Lo mejor sería irse… y eso optó por hacer.
-antes que te ofusques más. Tu… bueno, no sé si es algo tuyo… en fin; Weasley te mando un texto. Diciendo algo de los papeles de divorcio y…
-¿OSASTE LEER MIS MENSAJES? ¡MALDITO HURÓN CON UN….!
Pero el blondo dejó de escuchar los insultos una vez se subió al auto.
-este será un largo… largo año