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Malfoy ¡deja de mirarme! — capítulo 6

¡Sorpresas, sorpresas!

Y ahí estaba ella, en su primer día de trabajo, después de una larga semana. Con toneladas de papeles que firmar, revisar o mandar por fax a algunas compañías extranjeras asociadas a la suya.  Pero no era eso lo que atormentaba su conciencia. En vez de eso, era el estúpido comentario del blondo sobre ella siendo "una bomba porno".

En su intrincada mentecita, la imagen de Draco cubierto de crema pastelera, sobre una cama de sabanas rojas…. Bueno, resumiendo, ella no se estaba concentrando.

-Thomas- dijo la castaña- Llama a Malfoy

El asistente salió de la oficina, preguntó en gerencia dónde estaba Draco, pero para su mala suerte… él estaba "algo" ocupado.

-em… Jefa. Draco no está… disponible.

-¿lo están atacando alguna clase de tiburones voladores?- preguntó la jefa sin quitarle la vista a la pantalla plana de su computadora.

-no

-¿hay sanguijuelas matándolo?

-nop- esta era una de esas veces que Thomas odiaba su empleo

-¿algún toro entró a la oficina y se esta comiendo su cabeza? ¡Espera! ¡Ese sería un accidente perfecto!

-No Jefa. Ninguna de las anteriores- respondió Thomas.

-Y si no se está muriendo… ¿por qué no esta en mi despacho en este mismo segundo?

-es que… emm… está ocupado con…. Cassandra Leyton- esa podría ser la peor frase en la historia de la Tierra. Incluso peor que: "Thomas, estás despedido".

La imagen en la portada del periódico llegó a la mente de Hermione  como balde de agua fría. ¡Claro! La pelirroja, odiosa y lujuriosa era Cassandra Leyton. La hija consentida del magnate dueño de la empresa "enemiga" de la suya. El odioso Matthew Leyton intentaba comprar Granger Corporationhace años.

En su oficina, un hermoso dragón se daba vueltas en toda la extensión.

-Cassie, fue una buena noche, pero si no mal recuerdo, dijiste que no me atreviera a buscarte de nuevo.

-cariño- dijo la chica pelirroja, acercándose al blondo y recorriendo su espectacular pecho con los dedos y descendiendo- me dijiste "jefa". Y si tu jefa fuera una diosa espectacular de la cual tener envidia… mi amor, en serio no me molestaría. Pero hablamos de Granger… la insulsa Granger.

-De insulsa, no tiene nada- dijo Draco. Defendiendo a la jefita que tan mal lo trataba sin darse cuenta- Es bastante…

-¿odiosa? ¿Controladora? ¿Competitiva? ¿Mandona? ¿Abominante?- ayudó ella brindándole adjetivos.

-pensaba en excitante e inteligente- dijo el rubio justo un segundo antes que la "excitante" jefa entrara por las puertas dobles.

-creo haberte citado a mí oficina. Y estoy casi segura que no haz asistido- mencionó la castaña mirando a la pelirroja con seriedad.

Aunque por dentro ardía completamente. La arrastrada chica, multimillonaria y todo, pero zorra hasta los cimientos. ¡Es que estaba para pasarle babero!  Y… ¿dónde rayos tenía la mano?

-A mi no se me ha informado de nada- dijo Draco-. Estoy radicalmente seguro que…- pero no terminó la frase. Vio como Thomas suplicaba tras su jefa que no lo delatara. Seguro él era el mensajero- me atrasé un poco…- asumiendo toda la culpa.

-Veo que estas ocupando tu valioso tiempo en incitar actos indebidos dentro de un área de trabajo. Lo cual no es mi problema… - el rubio la miraba sin tomar en cuenta la mano de Cassie demasiado cerca de su entrepierna- Pero debido a que eres mi empleador, te ordeno que tu horario laboral sea ocupado en LABORAR no en llenar mis oficinas de la lujuria de tu… amiguita nocturna.

Probablemente si hubiera encontrado a Mike, Eddie, Bill o Eric , asesores de imagen, protocolo, restricciones y manutención respectivamente… no les hubiera dicho ni una sola palabra.

¡Y NO! No es que mágicamente quisiera mantener a Draco apartado de las mujeres… Y mucho menos que la hubiera llamado "bomba porno". Es solo que Cassandra Leyton era la hija de la competencia. Era como… dejar que Draco se revolcara con  la líder de las rebeldes y ella fuera la personificación de la autoridad.

¡Era sabotaje! ¡traición!

La castaña se gritaba a si misma, que si él tenía "algo" con la pelirroja, los datos ultra secretos de su empresa podían salir a la luz publica. Y no es que escondiera algo… pero había ciertos datos que era mejor mantenerlos en la incógnita del mundo… y con mundo, la castaña se refería precisamente a Matthew Leyton. Si ese hombre se enteraba de la pequeña crisis que estaba sufriendo la empresa… de seguro las cosas se complicaban más.

-No te preocupes Hermione…- decía Draco.

-Jefa- le corrigió la enfurecida mujer que estaba entre las puertas.

-Preciosa- insistió el rubio, ganándose una mirada furiosa tanto de la chica que lo estaba toqueteando como de su "jefecita"- ¿para qué me querías?

-para…- y se quedó en blanco. De pronto recordó un pequeñísimo detalle. Había llamado a Draco sin razones. Solo… solo lo quería ver- hay un trabajo que no haz terminado.

"lo he hecho todo"- quiso aclarar Draco inmediatamente. ¡Que no se dijera que descuidaba su trabajo! Pero astutamente cambió la versión.

-eso mismo le decía a Cassandra. Ya escuchaste, tengo trabajo…

La pelirroja no se fui sin poner mala cara. No es que a alguien allí le importara, pero en in de cuenta, se retiró. No sin antes golpear el hombro de Hermione con su hombro y susurrar: "ni te imaginas el increíble amante que es Draco"

-¡ni que me importara!- dijo ella exaltada. ¡¿Pero que clase de cosas andaba diciendo esa mujerzuela?!

Aunque hasta  descarada se consideró a si misma la jefa de Granger corporation. Porque la imagen de Draco cubierto de crema pastelera volvió a su mente demasiado rápido. Pero, sabiamente, culpo a su abstinencia sexual del último mes

Hermione no sabía de qué hablar. Y Draco no estaba seguro de sacar a colación que él no tenía trabajo pendiente. No porque no le importara… sino porque verla allí, con ese hermoso traje, su sensual postura y esa expresión. Era como cuando él la vio intentando convencer a Rose que entrara a casa. Tan tranquila, apacible… era definitivamente otra Hermione.

Y seguramente se hubiera quedado a molestarla o simplemente a admirarla. Porque, aunque jamás lo admitiría en voz alta, el odio irracional que sentía por Hermione, nunca había sido otra cosa más que apariencia. La castaña solía ser un punto de admiración y superación para Draco. Cosa que JAMÁS, NUNCA, EN LA ETERNIDAD DE LAS COSAS QUE NO PASARÁN, admitiría.

Pero su celular sonó, vio la pantalla y de haber sido otra persona de seguro no lo tomaba. Pero en este caso, contestó algo apurado

-¿paso algo?- y Hermione notó el susto en su voz.

Y cómo no estarlo, si él había dado la orden explicita que lo llamaran a ese número solo cuando algo realmente malo ocurriera con… el pequeño.

-¡¿QUÉ?!- chilló exaltado el rubio mientras recibía la información al otro lado del teléfono- VOY PARA ALLÁ…- otro silencio- Y SI ESTÁ EN LA CASA… ¿¡POR QUÉ DEMONIOS NO LO HAN COMPROBADO?!

Salió tan rápido que Hermione no tuvo tiempo de saber si decirle alguna excusa o no. La expresión del rubio era tan fija, tan detenida que estaba segura que aunque le inventara la mejor excusa, é l ni siquiera se acordaría.

Iba a salir de la oficina cuando vio el maletín del economista sobre el escritorio. ¿tan apurado estaría?

No tomó mucho tiempo para ella decidirse a llevarlo. Ni pasó por su cabeza mandar a alguien. Tomó el maletín, se dirigió a su oficina y sacó sus cosas. Las llaves de su lujoso auto a mano mientras pasaba por recepción y sacaba la ficha personal del economista con la mirada interrogante, pero silenciosa, de la secretaria.

Bajo los 19 pisos necesarios para llegar al subterráneo. Se metió a l hermosa maquina con 4 ruedas y fue a la dirección que había en el papelito. No era como se lo imaginaba… y no es que su imaginación fuera limitada. Pero siempre creyó que draco viviría en la antigua mansión Malfoy donde fue torturada… o en alguna que se le asimilara. Jamás pensó al blondo viviendo en un departamento. Aunque fuera uno de los mejores catalogados.

-Draco Malfoy- le dijo a la recepcionista.

-la informaré señorita Granger- dijo la mujer reconociendo a la castaña.

-él me espera- fue lo único que supo decirle. No upo por qué. Pero así lo hizo. Ni siquiera tuvo la idea de preguntar el piso o el apartamento del hombre, hasta que subió al ascensor y miro los múltiples botones.

Presionó el último numero. Desde afuera notó que aquellos pisos eran dobles. Era Draco, no podía esperar algo menos de él… aunque la hubiera sorprendido viviendo en un apartamento. Luego, si no era ese su piso, se convenció de bajar con la recepcionista e inventarle alguna mentira sobre "olvidar la habitación". Pero eso no ocurrió.

Al bajarse del ascensor, notó lo amplio que eran aquellos pisos. Solo vio dos puertas. Una por cada pasillo. Solo por cuestión de suerte, eligió la de la derecha llegando al 32C .

Un sonriente rubio abrió las puertas. Viéndola asombrado… Ella, que esperaba toparse con un Draco apesumbrado, lo vio sonriente y quiso molerlo a golpes con su mismo maletín. Pero de pronto, una pequeña cabecita rubia salió de a nada, escondiéndose entre las piernas de la castaña con la ropa descompuesta y lleno de barro.

-No me quiero bañar papi. Dígale señorita- dijo el pequeño tironeando la falda de la empresaria- dígale que como estoy enfermito me tiene que consentir.

Hermione volteó hacia Draco absolutamente asombrada.

-¿pa…papi?- tartamudeo.

-entra a casa Scorpius- dijo el blondo seriamente.

-oh… no te enojes papi. Solo no quiero bañarme…- decía el pequeño haciendo un puchero al escuchar la voz de su padre.

-no lo repetiré dos veces

-pero…- intentó decir, más no pudo. Miro a su padre y luego agachó la mirada como un cachorrito al que acaban de castigar.

-¿tus modales?- le preguntó su padre cuando el pequeño dejó de estar a la vista, aun asombrada de Hermione.

-Un gusto, señorita- dijo el pequeño intentando disimular su puchero- que pase una feliz velada- el pequeño entró arrastrando los pies- iré a bañarme papi, pero no te enojes conmigo…

Eso, tan simples palabras, rompieron el asombro de Granger. ¡Demonio! Era madre, sabía mejor que nadie lo que se siente cuando tu hijo dice algo así.

Entró a la casa sin el permiso de Draco, dejó la maleta del blondo, su abrigo y la cartera, en un sillón rojo, seguramente de ceda, mientras Draco la miraba sin entender. Ella miró con cierto "no sé que" a draco cuando empezó a caminar en la dirección del pequeño rubio.

-hey pequeño- y el chiquitín se detuvo- tu papi no esta enojado contigo- dijo ella hincándose para quedar a una estura más cercana a la del niño- ¿cierto Draco?- dándole una fría mirada- tu papi solo quiere que te bañes para que se te vaya el barro. ¿Qué estabas haciendo, pequeño? ¿Alguna guerrilla contra la tierra mojada?

Fue suficiente para que el pequeño rubio comenzara a contarl la mejor de las aventuras. Donde él y "la señora Cope" jugaban a camuflarse. Solo que al parecer, la mujer no estaba enterada de su participación en el juego. Scorpius se había metido en un barrial y se cubrió la cara para que la señora no lo descubriera. Pero luego ella desapareció, y se vio tan sucio que decidió volver a casa a asearse…

Draco la miraba realmente intrigado. Jamás… ninguna mujer, ya sea alguna amante de turno o alguien del trabajo, había visto a Scorpius. Él era una especie de secreto… por eso Draco no iba a juntas nocturnas donde los mejores amigos era el alcohol y los cigarrillos. Draco solía llevar una vida "poco llamativa" para que no descubrieran del pequeño.

-¿la madre?- fue la primera pregunta de Hermione después de que Scorpius se metiera al baño sonriente. No antes de besar la mejilla de la castaña y mancharle un poco con lodo el rostro.

-murió hace poco.

-no sabía que te hubieras casado- admitió ella.

-no lo hice. Solo fue algo de verano… ¿o de invierno? El punto es que llegó a la puerta de mi casa con Scorp en brazos. Dijo que era mi hijo y yo… era imposible que no lo fuera ¿lo has visto? Es idéntico a mí-  Ella no lo quería. Dijo que no necesitaba un bebé en su vida. Hace poco supe que murió el año pasado.- Era increíble la forma en que soltó todo aquello. Ayer nadie en el mundo, a excepción de la confidencial Señora Cope sabía sobre el hijo de Draco Malfoy. Y ahora la lengua se le soltaba como vieja copuchenta. Es que por alguna razón, no le molestaba que ella, en particular, supiera de su paternidad.

-¿Cuántos años tiene?

-cumplirá seis en dos meses- dijo Draco sonriente. Era su orgullo, era su deboción… y ella no tardó en notarlo.

¿qué se le podía hacer? Ella era madre, sabía como funcionaba el corazón de un padre al hablar de su hijo. Las preocupaciones se iban. El mundo no importaba… porque ese era su pequeño. Una parte de si mismo en otro organismo que habla, piensa y dice cosas como: "pero no te enojes conmigo papi" o "mamí, cuéntame otra vez el cuento de la caperucita roja".

-es un niño hermoso…

-¿qué te puedo decir? Es idéntico a mi- dijo el rubio, mucho más relajado.

 (Scorpius) si, lo sé.. no es exactamente tierno, pero créanme... lo amaremos.