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Malfoy ¡deja de mirarme! — capítulo 7

Lo que uno hace por los hijos…

Un mes entero había pasado. Uno en que cada empleado de Granger Corporation eInsurance Risks estaban más felices que puercos en su barrial. Los respectivos jefes andaban relajados, piadosos e incluso sonrientes. Las malas lenguas en la empresa decían que Draco y Hermione se estaban acostando. Porque las típicas peleas entre la castaña y el rubio, mágicamente habían desaparecido. Otros decían que era la calma antes de la tormenta, Los más pesimistas creían que la empresa quebraría y en cualquier momento los despedirían a todos. Pero la verdad era muy diferente a las habladurías de los empleados.

Si bien Draco y Hermione ya no peleaban, y pasaba largas horas en las oficinas del otro, trazando planes de trabajo, imponiendo nuevos presupuestos, legislando algunas leyes para seres mágicos y no mágicos. Viendo el porcentaje de empleo en sus diversas oficinas…. Pero todo sin pelear.

Y no, no era que se estuvieran "revolcando" en las lujosas sabanas de Draco o de Hermy… es solo que sus hijos, de alguna extraña manera, les hacían llevarse bien.

La ironía de la vida, había echo que Scorpius Malfoy, el pequeñín rubio miraba a la castaña como si fuera un ángel caído del cielo. Sus hermosos ojos grisáceos, marca definitiva de los Malfoy, brillaban cuando Draco mencionaba el nombre de la castaña.

Era casi la misma reacción que tenía Rose cuando "mami" hablaba del "señor Draco". La castañita solía mirar a su madre en la grande oficina mientras firmaba papeles. Esperaba que se recostara inconscientemente en su silla para acercarse a ella y preguntar por "el señor Malfoy".

Aunque eso no fue lo más increíble de todo. Rosie llegó a casa saltando de alegría, y se rehusó a contarles a las nanas porque tanto entusiasmó. Cuando su madre llegó esa noche, ella aunque estaba exhausta, se emocionó al hablarle del compañerito nuevo.

-Mami, mami- decía la castañita saltando- hoy llegó un niño igual al señor Draco. Yo me acerqué a él y se lo dije, mami… le dije que se parecía mucho a tu amigo. Él dijo que su papi se llamaba Draco Malfoy ¿haz visto mami? ¡El señor Draco es casado! ¿No tendrá otras hijas para que jueguen conmigo?

-cariño- respondió la madre apurada- la mamá de Scorpius falleció. Draco no está casado- ¡claro! Ahora era Draco… y antes era el hurón desteñido, lujurioso y calenturiento.

-¡entonces que se case contigo mami!- le había dicho esa vez la pequeña saltando en la cama.

Por otro lado, en el apartamento de Draco, el blondo mayor vigilaba a su retoño mientras se cepillaba los dientes con meticulosos movimientos.

-papi- dijo aquel día el pequeñín- ¿sabías que la señorita Hermione tiene una hija?

-¿cómo lo supiste?- aunque su pregunta original era ¿cómo conociste a Rosie?

-está en mi clase. Ella me preguntó por ti.

-¿a si?- preguntó Draco, haciéndose el tonto- ¿y cómo es?

-tiene el cabello largo y bonito- dijo Scorpius dejando su cepillo en un estuche-. Sus ojos son café, aunque tiene algo de verde dentro de ellos… es muy raro su color papi. Es buena hablando, y sonría mucho. Es muy simpática, y dijo que sería mi mejor amiga. Papi… ¿crees que la señorita Hermione quiera ser tu esposa?- y eso descolocó del todo al dragón.

¿Pero que cosas les hablaban en clase para que volvieran con esa idea?

Y era por eso que se estaban llevando mejor. No es precisamente alguno de los dos le hubiera dicho al otro las cosas que andaba hablando su respetivo hijo. Pero Rosie solía pedirle que la llevara a casa de Scorpius… y Scorp le pedía a su padre que lo llevara a casa de Rosie. ¡Era como si los mocosos se hubieran asociado en algún maléfico plan!

Y llevándose bien en el trabajo, ambos volvían con una sonrisita tranquila en el rostro a sus casas. Tanta era la insistencia de los pequeños, que Draco y Hermy estaban algo asustados de si mismo.

Draco pasaba todos los días por las mismas calles para ir al trabajo. Y había tres en su camino de anillo de boda. Era como si cada diamante, rubi, zafiro y las miles de piedras hermosas en las estanterías tuvieran boca y dijeran… no, no dijeran, gritaran: ¡COMPRAME, COMPRAME!

Y Hermione por su lado, solía pasar por el primer piso del edificio antes de bajar al subterraneo. En este, había una pastelería donde hacía los mejores glaseados del mundo. Hermosos y sabrosos. ¡La mejor combinación! El problema era que para llegar a la famosa pastelería, debía pasar por la más grande tienda de Victoria Secret de los alrededores. Y si a Draco los diamantes le hablaban, a ella toda la lencería parecía tener la cara de Draco… que si la mascaba, si se la quitaba con la boca. ¡No pensaba en otra cosa que el maldito hurón tendido en una cama con crema pastelera  encima! ¿y luego Draco era el lujurioso? Es solo que la parte "luna de miel" era una palabra demasiado remarcada en la cabeza de la jefa.

Después de tanto trastorno mental, llegaban a la oficina con las mejillas coloradas con solo mirarse entre si. Y ahí llegaba Thomas, que por primera vez era feliz con su empleo, y tenía contentos a los jefes llevándole algunos embutidos.

Y nuevamente partían las lujurias… solo que aquí, eran por iguales. Draco se la imaginaba comiéndose otras cosas cilíndricas y Hermione veía como Draco tomaba helado y ella simplemente no podía comer.

Para rematar, llegaban a la casa y alguno de los dos recibía como mensaje de las nanas que "su bebe" estaba en casa del otro. ¡Ni que fueran padres separados y los niños se anduvieran repartiendo!

Ese último día, Hermione llegó a su casa y el blondo estaba en medio de la sala, con Rose a su derecha y Scorpius a su izquierda.

-¡él es mío, es mío, es mío!- decía el rubio mientras se afirmaba a las piernas de su padre.

-¡ella es mía, es mía, es mía!- completaba la pequeña corriendo hacia su madre y copiando el acto del heredero Malfoy.

La castaña no entendió nada… y no lo hubiera echo si Draco no le explicaba que los muchachos estaban en medio de una pelea.

-¿de qué va todo esto?- le preguntó Draco a su hijo.

-ella dice que cuando se casen, tu jugaras con ella a la casita, y serás el abuelo de sus hijos… sólo porque yo le dije que no quería jugar. ¡Ella quiere que sea el papá del odioso gato que tiene! ¡Esa cosa peluda me odia!- le dijo el pequeño a su padre. Hermione quisó agregar que "la cosa peluda" odia a todo el mundo menos a Rose. Pero prefirió quedarse calladita al entender las palabras de Scorpius.

-No puedes obligarlo a jugar, mi vida- le dijo Hermione a su hija seriamente

-pero mami, él tiene que ser el papá de micifuz. Yo soy la mamá… ¡no puedo ser todo yo! Además… él no te odia- y eso se le dijo al rubio mientras salía de las piernas de la madre.

-¡claro que me odia!- afirmó el rubio copiando el actuar de Rose- cuando me senté esa cosa peluda enterró sus garras en mi pierna…

-¡quería subirse a ti a jugar contigo!

-¿quién me afirma que  no quería arañarme la cara?- dijo el rubio… digno hijo de un economista. ¿Qué no eran todos tercos?

-Micifuz solo quiere jugar. ¡te quiere! Eres su papi…- y eso clausuró cualquier comentario tanto de Draco como de Hermy.

-además anda maullando a cada rato.

-tiene hambre… - dijo la pequeña, levantando los hombros y perdiendo el enojo de un momento a otro.

-¡¿tene hambre cada dos segundos?!

-¿qué le hago? ¡es un gato comilón!

Los pequeños perdieron el enojo, se sonrieron y se abrazaron dándose un beso en la mejilla. Lo que ninguno de los padres esperaban, era que los pequeños les exigieran lo mismo.

-¡besalo, mami!

-¡besala, papi!

-no creo…- dijeron los do atropelladamente al mismo tiempo- que sea conveniente.

-BESO- dijeron los niños a modo de orden

y bueno, había pocas cosas que aquello padres no les cumplieran a sus pequeños. Además… un beso en la mejilla no era nada. No sentían nada el uno por el otro así que era menos que nada… era: NADA DE NADA.

Draco y Hermione se besaron en la mejilla rápidamente. Un leve topón de mejillas… Era incluso más denigrante que un saludo frívolo de felicitaciones de alguien que no te quiere.

-mami- dijo Rose al mismo tiempo que Scorpius decía "papi"- ¡como esposos!

Y por alguna razón, tanto la castaña como el rubio prefirieron darles el gusto a los hijos en vez de ponerse a explicar por qué "como esposos".  Los pequeños sonrieron mientras los "esposos" se besaban… pero aquel beso se alargó más de lo necesario. Hermione  no quería despegarse de los labios de Draco y él sentía que si la soltaba se derretiría en ese momento.

Mientras la castaña evaluaba que cremas pasteleras eran las más sabrosas… o si sería posible decirle al pastelero que tanto le gustaba que le diera clases de glaseado para adornar a su… digo, a Draco., el blondo imaginaba los anillos, la cama, la casa, la cama, el trabajo, la cama, la vida de sus hijos, la cama… y luego: sexo, sexo, sexo y más sexo.

¡qué les pasa a las hormonas de estos sujetos! Fue tan largo el beso, que los niños empezaron a reír porque se sentían algo extraños con esos dos comiéndose al frente suyo. Y fue aquella risa infantil la que pudo separarlos… de lo contrario, esos dos siguen comiendo lengua…

 pdta: chicas, no le hagan caso a las respuesta de autor que digan: 'mira, "pe' porque no sè que hice, pero toooodos los comentarios se respondieron con lo mismo, de este y otros fic. asì que si hay una respuesta conciente, es que lo arregle. 

no sé que onda... pero al parecer, es como si toooooodos hubieran respondido lo mismo. es raaaaro...