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Malfoy ¡deja de mirarme! — capítulo 8
Thomas miraba a su jefa como si hubiera sido trasferido, y fuera el asistente personal de la reina de las hadas en el país, "todo lo maravilloso". Porque su jefa, la fría, directa y casi insensible Hermione Granger entraba y salía de su oficina con una sonrisita en la cara.
-¿has tomado vacaciones este último tiempo?
-no jefa. La sucursal norte aún no llama para dar los resultados- dijo Thomas mirando sus papeles.
-te pregunte, si habías tomado vacaciones, no si los poco eficientes del norte llamaban aún- le dijo su jefa mirando por el amplio ventanal. Aunque Hermione no estaba mirando el paisaje precisamente, ella se imaginaba un par de ojos grises, unas grandes y poderosas manos, que tenían dueño… Draco Malfoy.
-Pues los del Sur tampoco nos han dado informes, así que no se puede culpar a los del norte.
-Thomas- dijo ella girándose, mirando al fiel asistente y sacándose a si misma se sus imágenes mentales- no te preguntaré de nuevo. Es tu última oportunidad: ¿Haz tomado vacaciones?
-no jefa. Nunca- dijo el muchacho. Hermione nunca había mirado a Thomas más de lo necesario. Digamos que, ni siquiera sabía de color eran sus ojos.
-y ¿por qué no lo haz echo?
-dijo que si lo había me despediría antes de que pudiera llegar a mi escritorio. Mencionó también reducir mi nombre a otras compañías.
-deberías pedir un traslado- dijo Hermione notando lo odiosa que era con sus empleados.
-Usted me paga 4 veces más de lo que me pagarían en algún lugar donde si tenga vacaciones- admitió el asistente.
-¿Sabes Thomas? Acabo de recordar por qué te elegí. Porque eras un novato al lado del peor de ellos…
-¿Puedo saber que es?- preguntó él joven hombrecito. Thomas secretamente dudaba de sus capacidades cuando fue a dar la entrevista. Pero Hermione se demoró cinco minutos en llamarlo de vuelta.
-te parecías a mi cuando empecé a trabajar por mi cuenta. Querías surgir, y no te importaba estar en la parte baja de la escala si después subías peldaños.
-¿gracias?
-no lo agradezcas. Eso no te hará conseguir vacaciones. Siguen siendo las mismas reglas, pero aumentaré tu sueldo si el próximo mes no te enfermas y vienes todos los días.
-¿es un trato?- preguntó Thomas, tomando más atribuciones de las que le corresponde. Por suerte, Hermy decidió pasarlo por alto.
-claro. Pero necesito un favor antes que eso
-lo que sea- respondió el ojiverde rápidamente.
-ve a comprar un pequeño cachorro. No sé, alguno que crezca rápido, sean grandes y duren bastantes años. Alguno que sea hiperactivo, pero sumiso. ¿ya sabes cual?
-creo que si jefa. ¿Puedo ir ahora mismo?- dijo el muchacho sonriendo. No sabía por qué, pero presentía que este año no sería tan terrible como los anteriores.
-claro… yo… haré algunas cosas. Nos vemos a la hora de salida. Tienes el resto del día libre.
Entre tanto, en unas oficinas lejanas, un rubio de ojos grises se perdía mirando unos papeles que supuestamente debía firmar.
Aquellos labios sensuales, su cabello corto, su postura poderosa, su actitud fría… lo volvía loco. Nunca lo admitiría en voz alta, pero su jefita lo estaba volviendo loco. Quizás no de amor… porque lo único que tenía en mente era estar en la cama de su jefa multiples noches. Y aunque si, había pensado en casamiento, en este momento no era para eso por lo que la quería. "SEXO" era la palabra que removía sus neuronas.
Salió d su oficina, sin siquiera mirar a la coqueta asistente y las 42 llamadas de mujeres en su buzon de voz personal.
¿De cundo acá, a Draco le gustaba la monogamia? NUNCA. Pero la jefa se merecía algo mejor.
Camino sin prestar atención al resto de los empleados. Llegó hasta la oficina principal, pero al entrar, la castaña no estaba ahí. Se giró y camino hacia la ancestral secretaría de Hermione, preguntando, aunque casi exigiendo saber el paradero de la dueña de la compañía.
-esta en la bodega. Organizando unos informes de personal- fue la respuesta amorosa que le dio la mujer.
Camino, bueno, corrió hacia el lugar indicado y encontró a una Hermione en cuatro. Demasiadas imágenes sexuales pasaron por su cabeza antes de entender que ella solo organizaba unos papeles en el último cubículo.
-posturitas para mi- dijo el rubio, asustando a la castaña que se levantó rápidamente, dejando caer los papeles que tenia entre los dedos.
-nada de eso. Yo solo…- ¿De cuando acá, Hermione Granger daba explicaciones?
-pues estaban genial. Puedes seguir.
-ni que fuera tu esclava sexual o alguna cosa.
-no estaría mal.
-en ese caso, serías tú mi esclavo.
-estoy a total disposición, avísame y me compró el trajecito de mayordomo. Me preocuparé que sea poca tela si tú me recibes en babydoll.
Probablemente, hubiera sido bueno que Draco pensara con la cabeza y no con el pen…samiento en doble sentido. Así como también Hermione debería darle dos vueltas antes de morbosear ese nivel con uno más de sus empleados.
Pero la realidad era esta, ninguno pensó lo que dijo. Así como ninguno de los dos pensó alejarse del otro cuando empezaron a acercar sus bocas y saborear hasta las gargantas del otro.
Incluso así, con el beso, el manoseo de ambos bandos y la indudable tensión sexual; lo más esperable de dos mentes pensantes como lo eran el rubio y la castaña, sería que hubieran asegurado la puerta antes de… lo que sea que estaban haciendo.
Pero no lo hicieron, y eso tuvo sus consecuencias.
-¡Hermione!
Se separaron del susto más que por gusto.
-ron- dijo la mujer, arreglando un poco su vestido. Intentando parecer decente después de eso.
El mejor asistente del mundo: Thomas