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Toy Story 4 — capítulo 10

Sean se había quedado a dormir en el interior de una oficina. Felizmente, el señor de la limpieza lo había dejado entrar, y hasta le había dado una almohada y una manta.

En la soledad de la noche, entonces, Sean tuvo el tiempo suficiente como para hablar con Woody.

-¿Ah sí que todos los juguetes hablan?

-Si- afirmó el vaquero- Lo hacemos cuando nuestros dueños no nos ven. Pero, fuiste la excepción.

-¿Y tú tienes dueños?

-Sí, bueno…tenía. Ahora vivo en Sunny Side, con mis amigos. Deben estar preocupados.

-Yo te vi en Sunny Side, y me gustó tu sombrero.

-También te vi, y me pareciste muy familiar…

-Bueno, me han dicho que me parezco mucho a mi papá.

Woody abrió los ojos y la boca. Había llegado el momento crucial de toda su aventura.

-Sean, ¿cómo se llama tu papá?

-Andy. Mi papá se llama Andy…Davis.

-¿Davis?

El vaquero sonrió. Se trataba del mismo Andy Davis que alguna vez había sido su dueño. De repente, vio que estaba saltando en un pie, y le agarraba ambos manos al pequeños para bailar.

-¿Estás bien?- preguntó este.

-¡Estoy muy bien, Sean Davis! Es que…yo fui el juguete favorito de tu papá, desde que él tenía tu edad.

-¿En serio? Wao, eso sí es genial. Espera…ahora me acuerdo que una vez me habló de ti. Me dije que había tenido un vaquero muy valiente, y que había sido su mejor amigo, pero que tuvo que dejarte con…

-¡Bonnie!- exclamó Woody, asintiendo. No albergaba mayor felicidad que esa.

-¡Sí! ¡La tía Bonnie! Pero ella ya se fue…

-…a la universidad! Por eso, regresé a Sunny Side.

-Junto a Buzz, Jessie,…- contó Sean, con los dedos, recordando los juguetes que su padre le había mencionado.

-…Slink, Rex, los marcianos, Ham, el matrimonio Papa…¡si, si!

Los dos rieron.

Con la emoción dentro de Woody, pasó toda la noche hablando con el niño sobre Andy.

Sí…aquel niño de ojos verdes que solía dormir con su sombrero de vaquero en la mano. 

Sean y Woody acordaron empezar su recorrido al día siguiente, a plena luz del día. Fue así que, a las siete de la mañana, el niño cargó su mochila sobre su espalda, y cogió a Woody en la mano. Eran los mejores amigos ahora.

-¿Por dónde empezamos?- preguntó Sean, desorientado.

-Bueno, recuerdo que había una calle cerca a Sunny Side que se llamaba *St. Louis.*Podríamos preguntar cómo llegar.

-Buena idea.

Se acercaron a una señora joven para preguntarle sobre la calle.

-Caramba, niño, esa calle está muy lejos- se lamentó ella- ¿Estás perdido? ¿Dónde están tus padres?

-Gracias- dijo Sean, alejándose de allí.

También habían acordado no decirle nada a otras personas, por sea caso conocían a los secuestradores.

Sean empezaba a tener hambre. No tenía monedas en su mochila, así que no podía comprar nada.

Woody se preocupaba por eso, ya que veía al niño cada vez con cara muy débil.

Como a las cuatro de la tarde, el vaquero decidió hacerlo descansar. Se hospedaron en el baño de una tienda de ropa. Gracias a Dios, también había cambiadores.

Se quedaron ahí hasta que la tienda cerró, como a las nueve de la noche. Sean se acurrucó en un asiento, e hizo muecas de hambre.

Woody caminó hacia algún lugar donde podría haber comida. Los salones de aquella tienda no estaban cerrados, por eso, pudo entrar fácilmente.

-¡Sean! ¡Encontré un paquete de galletas, un sándwich y una limonada!- exclamó, sonriendo.

-¡Gracias, Woods!

Un minuto después, Sean comía como si nunca la hubiera hecho.

Se quedó dormido apenas terminó.

Al día siguiente, los vendedores de la tienda abrieron las puertas, y sin ser vistos, Sean y Woody salieron a la calle.

Cerca había un vendedor de periódicos. Woody se quedó viéndolos, cuando se dio cuenta que, en uno de ellos, estaba la foto de Sean, con la palabra "Desaparecido".

-Sean, ya sé cómo llegar con tus padres- le dijo en voz baja, ya que un señor estaba junto a ellos.

-¿Mmm?

-Ve a donde están esos periódicos, y dile al vendedor que tú eres el de la foto.

-¿Dónde?

-Voltea a tu derecha.

Sean hizo lo que el vaquero le indicó, y vio su foto. La esperanza volvió.

Caminó apresuradamente hacia el puesto, y se alzó sobre sus pies para hablarle al vendedor.

-Disculpe, señor. Es que yo soy el de la foto, y quisiera que me ayudase por favor.

El señor lo miró. Inmediatamente, cogió el periódico y lo puso al lado del rostro del niño.

-¡Dios, este es un milagro! Niño tus padres, están muy preocupados por ti. Ven, ven- lo llamó. Señalaba una tienda de ropa.

Dentro, el señor le dijo a una asistente joven:

-¡Clarissa! ¡He aquí el niño perdido!

-¿Sean Davis?- preguntó Clarissa.

-¡Sí, sí, niña! Ahora, ¡llama a sus padres!}

-De inmediato.

Clarissa fue al teléfono de su tienda, y marcó el número que decía en el periódico.