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Toy Story 4 — capítulo 9

Durante la primera semana secuestrado, Sean tuvo sólo dos veces la ocasión para hablar con su padre. La segunda fue cuando llevaba cuatro días en la casa. Sin embargo, los secuestrados habían hablado más veces con su padre. Al parecer, él aún no había reunido todo el dinero…llevaba sólo la cuarta parte.

Sean estaba enojado con esos hombres, quienes sólo sabían comer y jugar cartas. Mikaela era como su sirvienta, y a su padre poco le importaba cómo la trataban los otros tres hombres.

Mikaela esto…Mikaela lo otro… ¿Eres idiota o qué?

Cuando se iban, Mikaela se acercaba a Sean y le contaba cuentos para niños. A veces, hasta le traía pasteles que ella hacía a escondidas. En fin…la chica era muy diferente a su padre y a los otros.

Woody se sentí tranquilo cuando ella estaba con ellos. Hacía reír a Sean, haciéndole olvidar el miedo. Eso agradecía el vaquero. El bienestar que el niño podía tener era importante...así sólo durara veinte minutos.

Pero eso no lo satisfacía lo suficiente. Los padres de Sean no habían conseguido todo el dinero, y los secuestradores ya perdían la paciencia.

La imagen de Buzz apareció en su cabeza… Al infinito, y más allá.

Más allá.

Lo tenía decidido. Si más allá significaba salvar a Sean, entonces tendría que hacerlo.

Para su buena suerte, Mikaela salió a comprar unas cosas que su padre le había mandado, y él y los demás habían ido a vender unas cosas. Eso significaba que Sean estaba sólo.

Woody abrió con cuidado el cierre, procurando no hacer mucho ruido para que Sean no se asustara. Lo logró. Salió de la mochila, y caminó lentamente por el mueble. Subió por la almohada, hasta llegar detrás de la cabeza del niño. Con sumo cuidado, mordió la tela fina que tapaba los ojos de Sean, hasta que por fin la rompió.

El niño se deshizo de las vendas, y buscó a Mikaela con la mirada. No la halló.

El niño le dio un vistazo a la sala: era grande, muy desordenada y fea. La mesa y las sillas estaban rotas. No había fotos ni cuadros. Parecía una casa de fantasmas.

-Sean, no te asustes- dijo Woody, cayendo sobre el mueble, con las manos frente a él.

El niño abrió sus ojos verdes. Se pasó las manos sobre sus ojos, pensando que estaba soñando.

-Si me prometes que no gritarás- continuó Woody- te sacaré la cinta de la boca.

Sean asintió, aún con sus ojos muy abiertos, impresionado. El vaquero sonrió, y se acercó a la mejilla del niño y le despegó la cinta. Sean hizo una pequeña mueca de dolor.

-¿Puedes hablar?- preguntó el niño.

-Sí. Me llamo Woody, Sean. Tenemos que salir de aquí.

-¿Y siempre has hablado o recién lo haces?

-Siempre lo he hecho- respondió Woody, impaciente por salir- Pero luego te explico todo. Ahora tenemos que irnos.

-Espera- dijo Sean, levantando su vista hacia arriba- Tengo que ver algo.

-¿Qué cosa?

Pero Sean no respondió. Es más, lo único que hizo fue coger su mochila, meter a Woody en ella, y dirigirse escaleras arriba.

Había muchas habitaciones, todas vacías  sucias. La que estaba más al fondo del pasadizo, estaba entreabierta. Sean empujó suavemente, y vio una cama algo descuidada, con una persona delgada echada en ella. Tenía algunos aparatos médicos puestos en su rostro y en sus brazos.

Woody miró desde la mochila, y alzó las cejas al ver que Sean se acercaba a la persona.

-¿Eres la mamá de Mikaela?

La mujer que estaba echada era muy pero muy delgada. Sus huesos se le notaban por debajo de la piel, que era casi transparente. Respiraba con dificultad, y al hacerlo, emitía sonidos de dolor.

-¿Eres Sean?- al igual que su apariencia, su voz era cansada. Agonizante.

-Sí. Soy amigo de su hija.

-No...no hay tiempo- dijo la mujer entrecerrando los ojos- Debes salir de…de aquí.

-Mi mami es doctora. Puedo decirle que la ayude.

La mujer sonrió amablemente, pero inmediatamente tosió con debilidad. Levantó una mano, temblando, y señaló un cajón cercano. Sean fue a él, y lo abrió. Sólo había una llave.

-Es la…la…la llave de la pu-puerta de l-a sala. Con eso…con..eso podr…podrás irte.

-No se preocupe, le diré a mi mami que la ayude- repitió el niño, guardando la llave en la mochila. Woody la cogió y la abrazó, como si fuera un salvavidas.

-Vete ya- dijo la mujer, con una mueca de dolor.

-Gracias. Y dígale gracias a su Mikaela.

Con estas últimas palabras, Sean salió de la habitación, dejando la puerta tal cual la había encontrado antes.

-Baja rápido, ya nos vamos- lo apuró Woody, feliz.

Sean asintió. Bajó muy rápido las escaleras y corrió hacia la puerta de la sala. Metió la llave, los cuatro hombres llegaron…estaban bajando del auto.

-Vamos, debe haber algún lugar para escondernos- dijo Woody, asustado.

-Mikaela me ha dicho acerca de un sótano.

-¿Qué esperas?

Sean se puso la mochila en su espalda, y corrió hacia donde Mikaela le había dicho. Efectivamente, una pequeña abertura en el suelo le indicó que aquel era el sótano. Con cuidado, lo abrió, y se metió a través del hueco.

Era como un camino subterráneo. Había unas que otras telarañas, cajas rotas y ropa sucia. Había también fotos de Mikaela con su madre, que en la foto estaba totalmente sana. Era muy guapa. Sean cogió una de ellas, y la guardó en su mochila.

Woody le dijo que se apresurara, ya que un segundo antes, la puerta de la sala se había abierto, y un grito de ira llenó el lugar.

Sean corrió, siguiendo el camino. No era muy oscuro, así que lograba ver por dónde iba. Pero no había ninguna señal de luz exterior.

¿Y si Mikaela le había tendido una trampa? Sean estaría perdido…

Woody empezaba a imaginarse al niño, siendo torturado por los hombres de arriba. Perdió la esperanza. Pero, de repente, unos pasos conocidos se oyeron delante de ellos.

-¿Sean? ¿Eres tú?

Era Mikaela. ¿Qué hacía ella ahí? La chica le cogió la mano a Sean, y lo guió hacia una puerta de madera que se hallaba a unos cuantos metros más.

-¿Qué haces aquí?

-Por aquí entro a casa, Sean. Pero dime, ¿cómo lo lograste?

-Es que…- Sean estuvo a punto de decirle la verdad, pero luego sintió un ligero jalón de cabellos de atrás- Es que soy algo vivo para esas cosas. Me lo enseñaron en…en un club.

Mikaela se lo creyó, porque asintió, aduladoramente.

-Bien, le dijo, ¿ves aquella luz? Es la salida. Yo debo regresar para distraer a mi papá. Vete rápido, y con cuidado, ¿sí?

-Gracias Mikaela, me salvaste la vida. Nunca te olvidaré.

-Ni yo. Ahora, ¡vete!

Con un movimiento brusco, Sean empezó a correr hacia la salida. Empezaba a respirar la felicidad.

Llegó. Era una pequeña ventana por donde cabía perfectamente. Se subió en las cajas, y empujó la ventana. Salió sin hacer ruido. Su mochila se atascó, pero con precaución, logró sacarla.

Por fin estaba libre, pero no conocía el lugar. Una voz gruesa se oyó, ni tan lejos ni tan cerca.

-¡Hey! ¡Vengan, allá está!

Era el hombre gordo. Empezó a correr hacia Sean, pero su peso no lo dejaba ir más rápido que el niño. Sean se sintió como un caballo, así que se imaginó que estaba en una carrera. Corrió lo más veloz que podía. Como los otros hombres estaban dentro de la casa, se demoraron para llegar al lado del gordo.

Woody reía, al mismo tiempo que decía: "¡Bien hecho, Sean!"

Después de tres minutos corriendo como nunca. Sean pudo encontrar un lugar para esconderse. Y lo mejor era que ninguno de los secuestrados había visto en dónde.

Mientras tanto, Mikaela estaba en su casa. Su padre había deducido que ella le había ayudado al niño, pero al oír el grito del hombre gordo, este había salido a perseguirlo. Sin embargo, sabía que Sean se escaparía, así que su padre la golpearía cruelmente.

Es así como, con una lágrima en sus ojos, se fue a la habitación del fondo del pasadizo del segundo piso. Empujó la puerta. Vio que su madre sonreía, luego de mucho tiempo.

-Tú..tú también de…deberías irte, nena.

-No quiero irme sin ti- Mikaela sollozó.

-Eres mu…muy vali..ente. Huye, yo…yo estaré bi..bien- la mujer también lloraba.

-Volveré con ayuda. Te prometo.

Con un beso en la frente de su madre, Mikaela salió por la ventana de la habitación. Estaba por la parte trasera de la casa, así que su padre no se daría cuenta. Seguro seguía buscando a Sean….

Llegó hasta un árbol, y bajó por él con mucho cuidado. Ya en el suelo, alzó la vista hacia la ventana. Se limpió las lágrimas y corrió, lejos de allí.

NOTA*

Espero que les haya gustado este capítulo :) Ya se acerca el final, y ya inicié un fanfic Neville <3 Luna. También espero que les guste ññ Un beso!