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Toy Story 4 — capítulo 12

-¿Estás seguro de esto?- preguntó Gabrielle, mientras su esposo manejaba hacia Sunny Side, al día siguiente de la cena.

-Muy seguro.

Era sábado, así que no habría niños en la guardería. Sean apoyaba la idea de su padre, así que sonreía abiertamente. Tenía  Woody en su mano derecha, y este también estaba sonriendo.

Estacionaron el auto frente a Sunny Side. Las puertas estaban cerradas, pero adentro estaba el señor que hacía la limpieza.

Andy abrió la puerta trasera de su auto, y sacó una caja grande. La llevó hacia la puerta de la guardería.

-Buenos días- saludó al señor de la limpieza- Vengo a dejar esta caja con juguetes.

-Buenos días, señor. Claro, ya traigo la llave.

Minutos después, el señor abrió la puerta.

-El salón de los niños está al fondo a la izquierda. Deje la caja ahí nomas..

-Gracias.

Junto a Sean, Andy caminó hacia el salón indicado. El niño abrió la puerta, e inmediatamente fue donde había visto a Woody.

-Papá, arriba en las estanterías.

-De acuerdo.

Andy dejó la caja en el suelo, y fue hacia allí. Era lo suficientemente alto como para alcanzar, sin necesitar silla.

Buscó con impaciencia sus juguetes antiguos.

Sean buscaba también, por otras cajas.

Después de unos segundos, Sean los halló.

-¡Aquí están!

Andy, reconoció a Buzz, a Jessie, a Slink, a Ham, a Rex, a los Papa, a los marcianos de Pizza Planet…con una gran sonrisa, los metió en la mochila de su hijo.

-¿No estamos robando?- preguntó Sean.

-Bueno, no del todo. Estamos dándole un mejor hogar, eso es todo. Aquí, los niños no los cuidan.

Sean rió. Pareciendo inocentes, se despidieron del señor de la limpieza, y se dirigieron al auto.

-Jamás olvidaré esto- comentó Andy, encendiendo el auto.

-A veces eres tan niño- le dijo Gabrielle, dándole un beso en la mejilla.

-¡No han eso en frente mío y de mi hermanita!- exclamó Sean, tapándose los ojos.

El resto del viaje estuvo lleno de ruidos por parte de Sean, quien jugaba animadamente con los juguetes. Woody le guiñó el ojo a Buzz, y este le sonrió. Sean, por supuesto, sabía el secreto de los juguetes, pero no se lo contaría a nadie. Después de todo, era una excepción…era un niño especial.

Mientras tanto, Andy no podía dejar de ver por el espejo retrovisor a su hijo, jugando con los juguetes que habían sido de él.

Sabía perfectamente que Woody no había llegado a la mochila de su hijo por casualidad. Siempre había sabido que el vaquera era especial…

Era su amigo fiel.