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Historia 9617 — capítulo 5
Capitulo Cinco: “Traiciones y reconciliaciones”
A pesar de las advertencias de mi padre, yo seguí saliendo con Harry. Él me hacía sentir importante, era muy diferente a Ron que me hacía sentir aunque muy segura, inferior a él, en cambio Harry, me hacía recordar lo que era amar de verdad, todos los días me decía lo hermosa que me veía, lo importante que era para él, y la nada que sería él sin mi.
Pero esto me implico muchos problemas como por ejemplo, el hecho de que Ron parecía odiar a Harry (aunque a mí me trataba como a una princesa, ¿porqué?, ni idea), o como que Hermione se había enfurecido conmigo:
Estábamos con Harry en la sala común en la noche, y al irse Harry a dormir, y yo subir a mi cuarto; Hermione se puso a gritar como una histérica que yo no podía jugar de esa manera con sus amigos, que los dejara en paz y que me fuera de vuelta a mi “mansión”. Noté el sarcasmo en su voz, y no pude evitar enojarme, pero sin embargo, no le dije nada, y me acosté en mi cama ofendida. Desde esa noche ella me odia y no me dirige la palabra.
El tiempo pasó, y todo iba bien, hasta que en la tarde de un domingo, camino a la sala común, escucho voces provenientes de ésta: era la voz de Harry.
-
Vamos Ginny, ¿qué tiene de malo?
-
Tiene de malo Harry, que como recordarás, tú tienes una NOVIA. – le decía Ginny. Yo me quedé afuera escuchando todo.
-
Pero Sarah no está aquí. Por favor, Ginny…. ¿si? Además, ella no es mi novia, solo salimos de vez en cuando y… - en ese momento entré de golpe por la puerta, y encontré a Harry tomando de la cintura a Ginny que parecía indecisa. Me puse furiosa, y corrí a mi pieza cerrando la puerta con un portazo.
Ginny entró un rato después pero me hice la dormida. No estaba de humor para escuchar excusas. Después de todo ella no me entendía. Yo me había arriesgado, había engañado a mi padre, a Ron, solo por estar con Harry, y éste ni siquiera me quería. Yo solo era un juego.
No es necesario explicar lo que pasó en los días siguientes. Yo no le volví a hablar ni a Ginny ni a Harry; de hecho, no le hablaba a nadie. A nadie salvo a Ron. Le había contado todo, y él me apoyaba. Volvíamos a ser los mejores amigos. Se me había olvidado mencionar a mi querido hermanito. Draco se había ido a estudiar a Italia, y mi padre se encantó con eso. Pero lo extraño es que no había oído de él por mucho tiempo. Un día, estábamos dando un paseo con Ron por los jardines, cuando de pronto se para y me dice.
- Hoy te ves hermosa.- No pude evitar sonrojarme. Quizá aún sentía algo por él.
Me detuve también, y él de la nada me da uno de sus dulces besos, repitiéndome que me extraña. No sé por qué lo hice, quizá para olvidarme de Harry, pero lo besé también. Al separarnos, él me abrazó diciéndome que jamás me abandonaría. Sin embargo, pude notar que en sus labios no había el mismo amor de antes. Y lo más probable es que el también lo haya notado.
Como deben suponer, volvimos a estar juntos. Sí, sé que fue una estupidez, pero en ese tiempo yo creía que era lo mejor. Pero me equivocaba, me equivocaba mucho.
Habían pasado dos meses desde que Ron y yo habíamos vuelto, y todo iba de maravillas, hasta que un día en la hora de almuerzo, Ron se fue al baño, y de inmediato alguien ocupó su lugar. Harry se sentó a mi lado, y antes de que yo le pudiera decir algo, me dijo,
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Tenemos que hablar.
-
Yo no tengo nada que hablar contigo. - Le dije furiosa.
-
Hoy a las 12.00 en la fuente del vestíbulo. Tu ves si vienes o no. Te estaré esperando. – Y sin decir nada más se fue. Me enojé aún más con él, pero no pude evitar sentirme ansiosa por hablar con él. De pronto algo me cae en mis piernas, una carta. La desdoblé sin entusiasmo, y noté que era de mi madre.
Sarah:
Lamento no poder decirte esto personalmente, pero una carta es mucho más rápida. Tu padre ha recibido hoy una lechuza con una noticia horrible: Draco ha muerto. Lo encontraron un poco al sur de Alemania, obviamente fue asesinado. Tu padre quiere que vengas mañana a su funeral. De nuevo te pido disculpas por la manera en que te enteraste de esta noticia. Mañana hablamos.
Un abrazo,
Tu madre.
La carta se me cayó de las manos. Mi hermano, mi amigo, mi ejemplo, mi protector: Muerto. Asesinado. Simplemente era imposible. Sentía las lágrimas bañarme el rostro mientras repetía una y otra vez en mi mente: “No puede ser, es sólo una pesadilla, quiero despertar”.