← Entre bolas de estambre y muérdago · de
Entre bolas de estambre y muérdago — capítulo 3
Le miró de nueva cuenta, le miró y en esos ojos se perdió quizá por siempre, había entre sus labios una sonrisa oculta en enfado y aunque no encontraba, ni encontraría, la forma correcta de corregir el gesto, adoró la forma natural y espontánea en que el sonrojo de enojo le inflamó las mejillas; amaba y amaría siempre que lo viera como un tonto, amaba y amaría siempre que lo encontrara insulso, amaba y amaría siempre que lo hubiera elegido a él. Ella se enfurruñó, infló las mejillas y miró a otro lado, indignada, molesta, ¡pero no había por qué!, él sólo había roto por accidente el papel de envolver y ella reaccionaba como si hubiera roto los obsequios todos.
Pero lo amaba, le encantaba, adoraba que hiciera así las cosas, que se hiciera la enojada para demostrarle su autoridad, *¿para qué la autoridad, Hermione?, siempre he sabido que eres más que yo, siempre.*Entonces ella empezó a ser tosca, respiraba pesado, soltaba gruñiditos, no ocultaba el sonrojo y Ginny, del otro lado de la mesa, miraba de momento en momento, interesada, divertida; pero Harry, Harry miraba de otro modo, él le reprobaba, él reprochaba con la boca fruncida y entonces se sonrojó, aquello era torturante, sólo estaban envolviendo regalos ¡por Merlín!, no era para enojarse.
Pero ella sí estaba enojada, ella estaba indignada; Harry salió a llevar algunos de los regalos hasta el árbol y Ginny como convencida de que debía dar espacio, le siguió, no sin dejar de dedicarle una clara mirada a su hermano y él entendió que tendría que actuar; salidos los dos, se decidió, se dio media vuelta, cerró los ojos, la sujetó con fuerza y le estampó un beso.
-¡Ronald! -El grito de Hermione habría matado a un pato de un susto, abrió los ojos, ¿qué de malo había en besarle por sorpresa?, *¿por qué te oyes a mi lado y no delante de mí?*Y ahí estaba, Percy con los ojos como platos y los labios fruncidos contra los suyos.
Era muy simple: No cierres nunca los ojos antes de besar a tu novia, si es que la Madriguera está atiborrada de Weasleys.