Tituladas 15.1% · 30,063 de 199,415 descubiertas
Rescatado 23.3% · 21,950 de 94,296 páginas identificadas · 21,944/22,652 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Un mortifago no tan diferente a mi. · de

Un mortifago no tan diferente a mi. — capítulo 7

La lluvia caía, ligera como una caricia y fría como un susurro de despedida. Las ultimas lloviznas de Mayo habían aguardado a llorar con los dolientes que aguardaban frente a las tumbas de sus caídos en la batalla; El sol apenas se ocultaba cuando Kingsley decidió comenzar con el minuto de silencio, y más tarde  el discurso en honor a los familiares y a la fecha que se conmemoraba.

Entre la multitud había padres, hermanos, hijos que se  abrazaban en búsqueda de consuelo, un poco de apoyo para la herida que aun parecía estar fresca, a pesar de ya haber pasado un año. Solo querían dejar los buenos recuerdos de aquella gloriosa pero fatídica noche; En especial había dos personas en ese grupo que agachaban la cabeza en señal de respeto, mientras sus mentes viajaban lejos de ese entorno, lejos de todo el pesar a su manera.

Un alma demasiado joven para entender la tristeza de lo que ocurría a su alrededor, demasiado entretenido en los mechones de cabello rojizo que no podía alcanzar, como para aparentarse calmado y acongojado. Teddy apenas tenía un año, era imposible que pudiera recordar la fecha exacta en la que había visto por última vez los rosas cabellos de su madre o el castaño de los ojos de su padre; A un lado de Ron, que batallaba por mantener las manos del pequeño quietas y lejos de su cabello. Hermione rezaba en silencio (como vieja costumbre muggle) porque sus padres, donde quiera que estuvieran, se encontraran sanos, salvos y felices.

A diferencia de todos los presentes, sus caídos estaban lejos, no bajo una lápida, ni tres metros hacia el suelo. Ella les observaba de vez en cuando, sabía que tenía una hermosa casa, su padre llegaba sonriente de su nuevo trabajo, que aunque era muy diferente a su profesión de dentista, le hacía muy feliz. Y su madre hasta parecía más joven; en eso pensaba Hermione, manteniéndose alejada de todo y todos, jugando con sus manos nerviosamente.

Un minuto más tarde se dio cuenta de los problemas que Ron estaba presentando. Estiró sus manos para pedir al bebé y sonrió para tranquilizarlo, cuando este hizo ademán de llorar. Teddy era un hermoso bebé, pero cuando le pasaban de mano en mano se ponía nervioso, ya había pasado de Ginny a Harry, de Harry a Ron y ahora Hermione quería tener su turno.

— ¿segura? Mira que está muy inquieto- le advirtió el pelirrojo mientras dejaba una mano sobre los ahora azules cabellos del niño- Me imagino que quiere a Harry, pero bueno, ya sabes, está ocupado.

—Sí, tranquilo-fue la respuesta de la castaña, con voz amable y despreocupada- solo esta engentado, no está acostumbrado a tantas miradas. Ve con tus hermanos, nosotros estaremos por allá-señaló hacia un viejo árbol mientras se alejaba.

—Gracias, si ocupas ayuda me buscas- antes de alejarse se acercó y dejo un beso sobre sus labios.

Esperó un momento a que el pelirrojo se situara junto a su madre, en la primera fila de los presentes. Con el niño en brazos por fin había satisfecho su curiosidad con el cabello largo y enmarañado que había quedado a su alcance, incluso sonreía divertido.

—No, hermoso- dijo Hermione sacando su cabello de las manos del niño- eso no es un juguete…pero ten- le entregó su varita y sonrió- diviértete con esto.

El pequeño rápidamente se la llevo a la boca, usando sus encías como el medio explorador. Hermione se sentó a las raíces del árbol y puso a Teddy sobre su regazo, sin molestarlo; Dejando jugar al pequeño, ella se dispuso a vagar por un rato más en su mente, pero esta vez enfocada en cierto rubio que le estaría esperando la siguiente mañana.

Notó como Teddy, aun con la varita en la boca, se quedaba mirando al fondo del prado, donde el cementerio terminaba. Un par de lapidas, altas e imponentes, yacían abandonadas hacia ese lugar; Hermione frunció el ceño, pensando en quienes podían estar tan alejados del resto de los muertos presentes en ese lugar.  Curiosa se levantó y camino hacia dichas tumbas, abrazando más al niño contra su pecho.

Dos imponentes esculturas se alzaban sobre las piezas de mármol, una mujer y un hombre de perfil arrogante y miradas frías, agrietadas ligeramente.  Cubrían los agujeros de los ataúdes, casi era imposible leer los nombres  tallados; Mármol negro, pulido. era lo que se veía por debajo del lodo, las ramas y el musgo que cubría el lugar por el descuido y el olvido. Hermione se arrodillo, limpiando la superficie con el dorso de su mano, interesada en los nombres que aún permanecían ocultos.

"Porque la grandeza nunca debió haberles abandonado, siempre gloriosos y unidos. Un gran padre, una verdadera  madre. Más allá de sus malas decisiones, son sus buenos actos los que perduraran en este mundo."

—Lucius y Narcisa Malfoy-Leyó en voz alta la castaña mientras delineaba las letras con las yemas de sus dedos-

En esas palabras, Hermione fue capaz de ver el primer atisbo de amor que Draco presentaba por alguien, lo único congruente con su actitud y acciones. Recordó como Kingley le había explicado que había tomado las acusaciones de su madre como propias para que ella pudiera salir y como estuvo en la celda junto a su padre mientras lo veía morir; eso hizo que la chica sintiera un nudo en la garganta, las fechas eran irregulares, meses de diferencia entre una y otra pero se entendía que el duelo para esa familia había iniciado desde que cuncluyo la guerra.

Con cuidado quito al pequeño la varita y tras un par de movimientos fluidos las tumbas quedaron limpias, moderadamente dado que no todo se podría quitar solo con magia. Para luego colocar un racimo de pequeñas orquídeas encima, unas lilas y las otras amarillas ¿por qué? Ni ella misma lo sabía, solo quería tener un gesto amable para con sus almas y con el ser que aún quedaba vivo y que sin saberlo, también estaba pensando en sus padres y lo mucho que desearía no tener que llorarlos.

Lejos, perdido en la oscuridad y aclamando poder disfrutar del silencio que acudía a su celda, Draco lloraba a su manera, no con lágrimas corriendo por sus mejillas pero si con el sollozo del nombre de su madre contenido entre sus labios; Pronto escuchó un grito, desgarrador y que sin duda tenía el toque de la muerte ceñido hasta la última nota. Los pasos apresurados del guardia que acudía a ver que estaba pasando no le importaron, pero si hubo una duda que sacudió su cabeza al momento ¿Cuándo será mi voz la que llame a gritos por ayuda? Pocos lo sabían, pero no había día en azkaban que no hubiese un muerto, los dementores necesitaban alimento, los hombres liberación y los directivos menos trabajo. Al final ¿a quién le importaba? Solo eran la escoria de la sociedad mágica, puestos todos en pequeños rectángulos para evitar su contaminación mutua.

Quiso alejar su mente de tan sombríos pensamiento, tanto sus padres, como lo que le rodeaban eran motivos suficientes para forzarse a no seguir respirando. Contando también que estaba solo y todo lo que alguna vez había tenido era ahora un vano recuerdo que solo le hacía saber cuan vacío había vivido en realidad. Resulta curioso como cuando más necesitas apoyarte a ti mismo, tu mente, cuerpo y alma te traicionan, solo haciéndote ver, notar y sentir lo que más quieres olvidar.

— ¿Sigues con vida, niño? - le llamó una gruesa voz, desde la oscuridad de la celda contigua-

—A lo que se le puede llamar vida en este lugar, y no me llames niño, sabes que lo odio- respondió en un susurro ronco, con demasiada brusquedad - ¿Qué quieres?

—Eres el único aquí que tiene algo que contar que no sea cuantas baldosas hay en el suelo…- la obviedad de su voz resultaba casi como una burla, pero a Draco hace mucho que había dejado de importarle- he notado que te han traído sin esposas, ni grilletes ¿esa niña ha hecho que te suelten?

—Eso no te importa- Draco se movió y pateo la puerta en señal de molestia, esperando que así le dejara en paz.

—Claro que me importa, si haces bien las cosas podrás largarte de aquí y entonces deberás llevarme contigo…espero no se te haya olvidado el trato que hicimos- aquel hombre podía sonar amenazante, incluso a través de una puerta, el rubio sintió su piel enchinarse ante la idea de tener que enfrentarse a él algún día-  al fin de cuentas fui yo quien te dijo como conseguir que el ministerio te escuchara, fui yo quien te mantuvo con vida hasta que la sangre-sucia decidió presentarse—Draco quiso decirle que se callara, que no insultara Hermione de esa forma pero eso solo hubiese resultado contraproducente para todos— ¡evité que los dementores se te acercaran cuando aún era una estúpida bolsa de sueños y esperanzas que esperaba por ser arrebatados y te enseñe como ocultarlos para no llamar la atención de los mercenarios de capas negras! Así que más te vale que no se te olvide, niño.

El hombre, alto y fuerte a pesar de los años, se fue poniendo de pie mientras hablaba; Su cabeza casi rosaba el techo de la celda, lo que lo ponía incómodo y su compleción no era bien apreciada a través de las rejas que lo mantenían preso, pero a diferencia de los otros que había sucumbido a la culpa y el odio, sus sentimientos lo llevaron a volverse más fuerte, pensando en su venganza y añorando su escape, mas era una idea que jamás diría en voz alta.  Sus manos se aferraron a los barrotes, apretando tan fuerte que los nudillos se tiñeron de blanco y su mirada, oscura, fiera, retadora, apuntilló a Draco como dagas imaginarias, lo que le hizo arrinconarse más contra la pared, sintiéndose un crio indefenso.

—No se me ha olvidado- prometió agachando la cabeza- n-no se me ha olvidado, lo juro.

—Menos mal, pequeño. - sonrió en aprobación, pero esa sonrisa no tranquilizaría a nadie- porque no quiero tener que reprenderte.

—Tu no podrías tocarme, ya no eres nada mio- La bravuconería a veces escapaba del chico, como acto natural -

— ¿Niegas a la única familia que te queda, Draco? Tu tía estaría decepcionada de ti, siempre lo estaba pero ahora estaría peor que siempre-

—Lo bueno es que ella está muerta…- siseó al principio, pero calló de golpe cuando los golpes a la puerta resonaron por todo el pasillo.

—Ya verás cuando te ponga las manos encima, jodido mocoso engreído- chillaba de rabia el aludido mientras luchaba por romper los barrotes- jodido cabron mal agradecido.

Rodolphus Lestrange parecía inhumano y resultaba incontrolable cuando el coraje y la ira corrían por sus venas. Luchó y estuvo a punto de alcanzar la celda de Draco cuando los guardias acudieron a calmarlo, porque alteraba a los demás del piso en el que se encontraban; A diferencia de lo que muchos pudiesen decir, los Lestrange  habían sido muy  unidos. Podría decirse incluso que habían llegado a amarse a su manera, y si había algo a lo que él esposo de Bellatrix no tuviera ni un atisbo de paciencia, es a la mención de su nombre como algo menos que un alago. De haber podido habría matado al joven Draco por cómo se había expresado de su esposa, por el intento había recibido varios hechizos y nuevos grilletes que le mantenían al ras del suelo, mas no se arrepentía, y se prometió que, tanto le sacase de ahí o lo dejara para pudrirse solo, encontraría la manera de hacer que Draco le respetase a él y al memoria de su esposa, a la cual veía como la más valerosa mortifago y agradecía haber sido el afortunado poseedor de tal rareza.

Malfoy por su  parte había recibido una reprimenda por se incitador de la pelea, nuevos golpes aparecerían en su rostro cuando Hermione lo citara mañana,  incapaz de conocer los planes de su compañero de infierno y sin la más mínima intención de dormir. Se dispuso a dejar que su mente le hiciera recordar todo aquello que podría mantener a flote el interés de la castaña, deseando que el día llegará solo para tener un encuentro más, con algo que aspirara a libertad y belleza.