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Un mortifago no tan diferente a mi. — capítulo 9

Draco sostenía el libro con cierta sutileza, abierto justo donde sus palabras habían sido impresas. Tenía leyendo la misma línea más de un minuto. Eran algo que él hubiera dicho, no había duda. Pero parecía haberlas dicho hacia tanto que le resultaban extrañas; sentía la mirada de la castaña encima, pendiente de cualquier gesto y decidió que podía darle el gusto así que extendió apenas sus labios en una sonrisa.

—Bien, tiene mi encanto- dijo con voz ligeramente ronca. Empujo el libro por el metal hasta donde sus ataduras se lo permitieron- pero no sé si le gane a los Scamander, tal vez con más dragones.

Hermione le miro a los ojos, su rostro estaba serio pero había algo en el brillo de su mirada que le hizo saber que el comentario le parecía divertido. Aunque ambos sabían que ella no le daría el gusto al rubio de saberlo.  Tantos  días conviviendo el uno con el otro, Draco comenzaba a saber identificar cada gesto de ella. Si jugaba con sus manos estaba nerviosa o si se quedaba con la mirada perdida seguro pensaba en lo que tenía que hacer afuera. Mas nunca lo había dicho en voz alta, eran detalles que se quedaban para sí.

 —Gracias- dijo sin recoger el libro de la mesa- estará prácticamente en las manos de cada estudiante de Hogwarts, no podemos distraerlos con dragones.

Un grado de extrañeza creció en ambos cuando resalto el hecho de estar hablando como si fueran un equipo. Draco no sabía que contestar exactamente a eso, pero sin dudarlo volvió a sonreír;  se veía más joven cuando sonreía, más saludable también. Hermione no pudo evitar notarlo. El tiempo que habían tenido juntos les había más cercanía que los años vividos en Hogwarts, ahora se entendían, cosa que a Hermione comenzaba a asustarle.

—Hicimos un buen trabajo entonces- dijo tratando de aparentarse relajado-

—Sí, yo diría- se enderezó ligeramente- ¿Quién lo diría no?

— ¿No has pensado en el colegio?- el cambio de tema no era congruente pero esperaba le contestará su pregunta-  Me imagino que sí, desde que iniciamos esto, yo trato de recordar aquellos tiempos.

—tratas de recordar como éramos ¿verdad? - Hermione se sintió comprendida- no recuerdo más que cosas malas de ti, pero creo que era porque no nos mirábamos realmente.

—Lo mismo pensaba yo.- admitió.

—Yo lo pensé mientras transcribía; era como leer a una persona completamente diferente.

—Me alegra saber que no me equivoque al pedir que fueras tú entonces- era una alegría sincera-

Esos pequeños momentos de sinceridad eran raros entre ambos, pero no les disgustaban. Compartían tanto tiempo juntos últimamente que poco a poco sus barreras se fueron craqueando hasta dejarlos ser algo más que excompañeros. Aunque ninguno diría exactamente a qué se refería con "algo más".

—Creo que imaginas que no solo he venido a darte esta noticia… —Dijo cuándo el silencio se volvió incomodo-

—Esperaba que fuera así en realidad- admitió encogiéndose de hombros, era una respuesta que había estado ensayando y en parte le alegraba.- entendería si nadie hubiese querido escucharte…

—Conseguí la audiencia, Draco.- espero a ver si tenía algo que decir- aceptaron reconsiderar tu caso, no sé si para la libertad, pero eso espero. En su defecto, podrían reducir tu sentencia considerablemente.  Será pronto, no más de una semana y será mejor que te prepares.

—Hermione- la interrumpió sin saber exactamente si estaba seguro de lo que diría a continuación. Había estado pensando tanto al respecto que hablarlo en voz alta le resultaba extraño; no podía salir, porque si salía se ganaba el compromiso de llevarse consigo a Lestrange. Dijeran lo que dijeran el honor entre familia era algo que aún le importaba y prefería quedarse dentro con él que lograr salir y tener que cargar con el resto, poniendo en riesgo si fallaba a todo lo que le importaba. La castaña incluida en esa lista por mucho que le pesará admitir incluso a si mimo.- ¿qué hay si te dijera que no estoy del todo seguro que sea una buena idea?

—Te diría que creo que te has vuelto loco…

—Ouch. Pues puede, sí. Me he vuelto loco. No quiero la audiencia, pensándolo bien no tengo a nada a que salir; seamos honestos, nadie quiere que yo salga y yo no...- no quiero dejar que mi tío político sádico que quiere matarme también lo consiga porque tiene todo perfectamente planeado, quiso decir- veo interés en el mundo que deje atrás-

—Draco me deje el alma en defenderte en la audiencia preliminar para que aceptaran verte. No puedes decirme esto ahora- enojada, Hermione resultaba amenazante, aunque no era algo que Draco no hubiera sabido con anterioridad, recordaba cierto golpe recibido que le había dejado la nariz  punzante durante una semana- no creo que quieras quedarte aquí ¿por qué lo querrías? Mírate ¡acabarán contigo en un año! Me dijiste que querías que escucharan y lo harán. No tienes que decir que no tiene caso antes de intentarlo.

—Hermione no lo entiendes y no puedo explicarlo-

—No, el que no entiende eres tú Draco- se puso de pie encarándolo- no sé qué se te haya metido en la cabeza pero lo sacas. Conseguí esta audiencia, iras y te representarás como el Draco que conocí en Hogwarts porque no voy a estar perdiendo mí tiempo o dímelo de una vez y me voy para dejarte iniciar tu placida estancia en este gran lugar.

—Hermione por favor, tranquila- se sentía como un crío ¿Cómo explicarle que era mejor que no le ayudara? ¿Cómo creer el mismo que era lo mejor cuando la simple idea de ser libre nuevamente le aceleraba el corazón? Hermione también podía ver las ansias de libertad y no iba a dejar que un momento de duda que no comprendía echara todo por la borda- yo solo digo que… ya hiciste demasiado por mí.

—Pues aun no terminó. Digas lo que digas, por ti conseguimos mucho y aun no creo estar a mano. Draco te ganaste mi confianza, no la pierdas por favor. - Miró su reloj un segundo. Perdiéndose la oportunidad de ver el rostro asombrado del rubio ante aquellas palabras, se había ganado su confianza y con eso el chico había sentido que había hecho grandes cosas aún estando encerrado- de momento debo irme, piénsalo ¿de acuerdo? No pasa del viernes, si no asistes entonces no voy a intentarlo de nuevo… espero verte en la audiencia, te avisarán cual día ha sido definido.

—me lo pensaré. - Dijo sin ánimo- olvidas tu libro por cierto.

—No es mío, es tu copia… - puso su bolsa sobre el hombro y luego le sonrió apenas- tal vez teniéndolo recuerdes que no siempre eres el malo que nos hacías creer a todos en el colegio. -

Era lo más parecido a una broma que la chica había compartido con él, algo en su pecho pareció inflarse al ver aquel amago de sonrisa en los labios pintados. Draco alcanzó el libro sin dudarlo y lo puso sobre su regazo para que no se lo quitaran al quitarle las ataduras cuando lo recogieran.

—Gracias entonces… y hasta pronto.

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—Quien te diga que solo importa ganar la guerra, es porque no tiene que soportar los demonios nocturnos- acomodó el castaño cabello de la joven que le escuchaba y le sonrió- nunca pelees ninguna batalla sin recordar que hay otros iguales a ti.

El padre de Hermione siempre había sido aficionado a las guerras del mundo muggle, de no haber sido dentista pudo haberse inclinado hacia historiador como profesión. Siempre le daba consejos a su pequeña, porque él siempre la vería como una pequeña. Y aquellas palabras habían sido las ultimas que le había aconsejado, casi como si hubiera sabido la batallas que se le avecinaban y las decisiones que tendría que tomar; y ahora Hermione las recordaba para buscar un poco de inspiración en su batalla actual. Por un segundo su mente se perdió en las opciones que tenía sobre que estarían haciendo sus padres justo en ese momento, mas no se dio mucho tiempo en añorar lo perdido, debía concentrarse en el ahora para poder encontrar una solución al rompecabezas que ahora parecía su vida.

Hermione supo desde el primer momento tras pedir aquella audiencia que el camino a recorrer no sería fácil. Mas nunca imagino que se lo volverían imposible; con la preparación del nuevo libro de defensa contra las artes oscuras, tener que coordinar a todo el departamento para la época inaugural de clases en Hogwarts y otras escuelas que se vieron afectadas secundariamente, y el tener que mantener su vida estable fuera de la oficina preparar el discurso de las razones para apoyar a Malfoy le estaba resultando exageradamente difícil; la voz de su acompañante la trajo de regreso de sus pensamientos, mientras masticaba mecánicamente la cena que ya estaba fría frente a ella.

—Primero las flores y ahora esto, Hermione ¿es en serio?- la incredulidad en la voz del pelirrojo era tan palpable que casi parecía un golpe dirigido a la castaña- no puedes estar pensando en serio en ayudar a salir a ese imbécil.

—Ya os he pedido una disculpa, Ron. - dijo por milésima vez Hermione, mientras se bajaba de la encimera para buscar un poco más de pasta, esperando que la del sartén siguiese caliente- Y te pido de favor que no lo insultes, que él no te ha insultado. Y aunque lo hubiera hecho, no lo insultes. Respecto a  lo del cementerio. No he querido ofender a nadie, no pensé que a nadie le molestara unas simples flores….

—Las flores no fueron el problema  y lo sabes, fue a quien se las pusiste ¿en que estabas pensando, Hermione? - Ron podía ser insistente y terco si se lo proponía, pero lo último que buscaba era enfadar a su chica, cosa que pasaría si no cesaba en su berrinche. - pero no me desvíes el tema, que aquí la discusión es que no puedes haber perdido la razón por unas idas a Azkaban.

—Pensaba en que no le haría daño a nadie, en que son personas que también merecen respeto y en que tal vez Draco…- Hermione ni siquiera parecía haber escuchado el final de su respuesta cuando ya estaba contestándole.

— ¡Por Merlín! ¿Si quiera te estas escuchando? - Le interrumpió Ron, alejándose de donde estaba- ellos eran mortifagos, no merecían nada.

—Claro que te estoy escuchando, Ron. Hablas de ellos como Voldemort hubiese hablado de personas como yo- dijo Hermione, ciertamente dolida- que no se te olvide que la madre de Draco mintió por Harry, que Draco nos protegió diciendo que no nos conocía cuando su tía se lo preguntó…

—Pero no lo hicieron por nosotros, Hermione. Lo hicieron para salvarse a ellos mismos- sentenció el pelirrojo mirándola como si fuera una idiota- y tu tenías que escoger precisamente el día de la batalla para ir y ponerles flores y limpiar sus tumbas,  cuando todos los afectados por las acciones de personas como ellos estaban frente a ti. Y ahora no solo tuviste una audiencia con tus superiores para lograr que lo escucharan.  Quieres sacarlo de Azkaban. ¿Qué está mal contigo, Hermione? No puedes estar hablando en serio.

—a ver Ron, lo que yo haga en mi trabajo es cosa mía. Para que te quede claro estoy hablando muy en serio, voy a terminar lo que he empezado y voy a ayudar a Draco hasta donde me sea posible. -  dijo la castaña a gritos, dejando caer el plato aun con comida en el fregadero- estas muy pesado hoy y ciertamente no te aguanto, no hice nada malo, ni que hubiera hechizado a alguien. Solo quiero que alguien que no merece estar toda su vida en Azkaban lo este. Draco aprendió su lección, ¿de acuerdo? Lo ha perdido todo y no puedo creer que el mundo mágico no pueda tener un poco de indulgencia con alguien que se equivocó.

Ni siquiera dio tiempo a una respuesta, girando hacia su cuarto para dar por terminada su discusión que le parecía tan absurdo. Si Ron le contestó o no, no lo supo. Se encerró dejando que su camino siguiera hasta el cuarto de baño, donde encendió la regadera dejando que el agua caliente corriese; frustrada, cansada y con un dolor de cabeza horrendo se dejó envolver por el calor del agua y el paso del tiempo, cuando por fin salió envolviéndose en una toalla la única luz que se encontraba con su piel era la luz lunar que se filtraba por la ventana, a lo que puso remedio pocos segundos después de alcanzar el interruptor de la luz del baño.  Para cuando se hubo cambiado supo que Ron ya no estaba en su departamento, por lo que salió tranquila hasta su sala, donde se sentó y acarició a su viejo gato que había decidido aparecer después de todo.

—Nos esperan tiempos duros Crookshanks- susurró mientras acariciaba sus orejas- ¿crees que me he vuelto loca con todo esto?

Si tenía una respuesta el gato no se la hizo saber, solo ronroneaba y se estiraba exigiendo mas mimos por parte de la castaña.