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Historia 98878 — capítulo 10

Alexander habla:

     Tome a Clarisa en mis brazos y salí de su casa rápidamente.  Ella se aguanto de mi cuello fuertemente.  Al llegar al lugar, que deseaba mostrarle comencé a reducir la velocidad gradualmente, al parar solté a Clarisa con mucho cuidado en el suelo.  Ella, empezó a ver con mucha curiosidad el sitio y luego se volteo a mirarme.

  • Vaya, Alexander me has traído a visitar a tus hermanos los murciélagos - susurró ella.

  • No te gusta - le pregunté, desilusionado.

  • Es muy hermosa esta cueva - dijo Clarisa, observando el rió subterráneo que pasaba.

  • Si - contesté y la tome por la mano, ella me miró sonriendo, así que me le acerqué despacio y comencé a jugar, con un mechón de su precioso cabello.

  • Eres extremadamente guapo, Alexander - murmuró Clarisa, en mi oído.

  • Creo que es cierto - le dije y empecé a reírme -. Te quiero mucho.

  • Yo… - tartamudeó la frase, pero no me contestó.

  • Me tienes miedo, verdad - ella, miró al suelo y soltó mi mano.

  • Alexander, tú eres un vampiro, por qué quieres ser mi amigo - me respondió Clarisa, con un tono autoritario.

  • Deseo ser más, que un amigo - le confesé.

  • No lo sé, es que tú matas personas y yo soy humana - dijo ella, tomando una actitud más relajada.

  • Lo único que se es que nunca te haría daño a ti -  le susurré, acercándome despacio y luego le di un tierno beso en la mejilla.

  • Alexander - murmuró ella, sonrojándose.

  • Deseas, irte a tu hogar - susurré triste, ella asintió.

          Así que la tome de nuevo en mis brazos y la cargue hasta su casa, pero me tarde un poco en llegar, ya que quería pasar tiempo con ella.   Clarisa, se quedo profundamente dormida. Al llegar a su casa, brinque por la ventana de su habitación y la recosté con cuidado en la cama. Luego saqué, de mi bolsillo una carta y la puse en sus manos.

  • Nos vemos luego - susurré, sabiendo que no me iba a escuchar, ya que estaba profundamente dormida.

Antes de marcharme, pose mis labios en su tierna y dulce boca.