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Historia 98878 — capítulo 11

Abrí mis ojos, el reloj de mi mesita marcaba las seis de la mañana. 

  • ¿Qué es esto? -  susurré, al ver una carta en mis manos.  Me senté y la abrí, una fina cadena de oro con un corazón cayó en la cama.  La tomé en mis manos y observé que el hermoso corazón, tenía unos diminutos diamantes incrustados.  Puse la cadena de nuevo en la cama y comencé a leer la carta.

Querida Clarisa:

      Sé que no es mucho el tiempo que nos conocemos, pero eso no es lo importante.  Sólo deseo decirte, que me gustas mucho, y sé que tú sientes lo mismo por mí.  Espero que me des una oportunidad, por que deseo y anhelo estar contigo ahora, mañana y siempre.

                                                                                                                        Te quiere mucho,                                                                                                                          Alexander.

       Deslicé suavemente mis manos por la carta y después la olfatee. Tenia un aroma dulcemente exquisito, como a lirios y rosas. 

  • Bueno, no tengo nada que perder, quizás a lo mejor mi vida - suspiré y me levanté de la cama guardando la carta en la gaveta.

     Alexander tenía razon él me gustaba, ¡pero y si me estaba hipnotizando! Para que caiga en sus redes y luego me asesina.  Él es un maldito y estúpido vampiro, ósea a lo mejor esta esperando que yo cumpla dieciocho años y después me mata.  Ridiculo bebedor de sangre, yo no voy hacer tú maravillosa cena.

    Sacudí mi cabeza fuertemente, tratando de borrar esos pensamientos horrendos y desagradables de mi mente.  Me dirigi al baño y comencé a lavar mis dientes.  Luego me meti en la bañera y empecé a enjuagar mi cabello, me senté en el piso de la ducha tome la navaja y afeite mis piernas.  Al concluir el afeite me erguí y termine de bañarme.  Salí y tome una toalla, me sequé el cabello y el cuerpo.  Corri a mi habitación y busqué en mi armario un traje color rosa claro que aún no habia utilizado.  Me calcé unas sandalias, cepille mi cabellera y por último tome la cadena, que Alexander me había obsequiado y me la puse en el cuello.  Rápidamente baje las escaleras, para poder desayunar.

  • Tía Eleonor - grite pero no me contestó -. Tía.

    Dije de nuevo pero nada, al parecer se fue.  Así que fui a la nevera y tome el jarrón de jugo y lo vertí en un vaso.  Luego abrí una bolsa de galletas y me las comí.  Tome la cartera y mis llaves, salí de la casa y me asegure de cerrar con llave la puerta.  Camine hasta mi auto abri la puerta y me senté, encendi el motor y comencé a esperar a que se calentara el carro.  Busqué mi celular en la cartera y llamé a Carlos.

  • Hola - contestó Carlos.

  • Hola, este Carlos podrias excusarme en la escuela, ya que hoy no voy a poder ir - susurré.

  • Te sientes mal - dijo él preocupado.

  • No - y ahora que le digo a este -. Es que tengo una cita médica.

  • ¡Oh! pues no te preocupes Clarisa, yo te excusare con los maestros.

  • Muchas gracias Carlos, nos vemos mañana en la prepa.

  • Claro amiga, adiós - y engancho.

   Puse el celular de nuevo en la cartera y sali en retroceso.