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Historia 98878 — capítulo 3
En este capitulo, estarán hablando Alexander y Clarisa.
* * * * *
Alexander empieza la historia:
La pobre muchacha empezó a golpear la puerta desesperadamente y luego me gritó.
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Asquerosa rata, de alcantarilla sácame de aquí ahora mismo - no pude evitar reírme, pero después sentí lástima por ella, ya que yo no tenía nada que ofrecerle de comer. Haci que la iba a dejar varias horas hambrienta, hasta que cayera la noche. Por que no puedo salir de día o moriría quemado. Llegó la noche, así que salí a buscarle comida a Clarisa pero primero, busque el auto de la chica y luego entre a un restaurante de comida rápida y pedí una orden. Después me fui de nuevo a la casa, puse la comida sobre la mesa. Me dirigí hacia la puerta y la abrí. La muchacha estaba acostada en la cama y me miró mal.
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¿Cuántas horas llevo encerrada aquí? - murmuró ella.
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Te traje comida - le dije ignorando la pregunta.
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Ahora te dignaste a darme bocado - susurró sarcástica.
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Siento no poder haberlo hecho antes pero… - no quise terminar la palabra, creo que no era necesario darle explicaciones.
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Bien - contesto la chica y se puso de pie, camino hacia dónde yo estaba y me dio un débil empujón, para apartarme de el camino, tomo la comida de la mesa y se la comenzó a comer.
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Tú auto está fuera - le avise.
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Gracias al cielo, no sabes cuanto deseo largarme de está pocilga - me contestó.
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Claro, cuando gustes puedes marcharte - le susurré y me di la vuelta para irme a cazar mi cena.
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¿A dónde vas?- preguntó Clarisa.
-Creo que no es de tú incumbencia - le dije.
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¿Por qué?
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Deseas que te encierre de nuevo, o quieres que haga algo peor contigo - le contesté con una mirada siniestra.
-
Está bien, no te haré mas preguntas.
* * * * *
Clarisa sigue la historia:
Debería seguirlo, me pare y me subí en el auto, seguí el sendero de tierra, hasta que llegue a la carretera y fui al mismo lugar donde lo vi por primera vez, pero no lo encontré, así que me fui a mi casa. Al llegar mí tía me miro mal y dijo.
-
¿Por que llegas a esta hora?
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Me secuestraron y acabo deliberarme de mi raptor - le confesé.
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Eres una mentirosa, largo de aquí si pasaste toda la noche, en otro sitio hoy lo volverás hacer.
-Pero tía, te estoy diciendo la verdad - conteste gritando.
- Lárgate de mi casa - la obedecí y me fui.
Ahora que voy hacer, no puedo quedarme en casa de mis amigas se burlarían de mi. Haci que no me quedó más remedio, que volver a la guarida espantosa de aquel joven extraño. Al llegar allí abrí la puerta y entre, cuando lo vi no pude evitar gritar de terror.
-
Qué haces aquí - dijo el furioso.
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Nada - y salí corriendo, abrí la puerta de mi auto, pero no pude montarme en el carro por que el me jalo bruscamente.
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Sabes, te voy a confesar algo, nunca he matado personas menores de dieciocho años, pero contigo tendré que hacer una excepción, ya que eres demasiado entrometida - murmuró él y antes de que me mordiera dije.
-
No por favor, solo acudí aquí de nuevo, por que mi tía me echó de la casa, gracias a que tú me tenias encerrada aquí.
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¿Qué no tenias lugares mejores a dónde ir? - preguntó sarcástico.
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No deseo que mis amigas se burlen de mí - luego me soltó.
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Bien, ya te haz dado cuenta de lo que soy - susurró Alexander, mirándome a los ojos.
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Un vampiro malvado - contesté.
-
Si, se puede decir que soy malo -dijo él.
-Pues, no lo seas, no tienes que estar matando personas, puedes ser bueno.
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No lo creo - me confesó él.
-
Hay otras opciones mejores, están los animales o la sangre donada.
-
La sangre de animales, no es compatible con mi sistema y no voy a estar a cada rato tampoco, entrando a los bancos de sangre, para tomar esas bolsitas, prefiero el camino fácil.
-
Creo que eres injusto, es que no piensas en las vidas humanas que estas destruyendo y en las pobres familias de esas personas.
-
Tengo una solución para ti - luego chasco sus dedos.
* * * * *
Alexander, habla:
Chasqué los dedos y decidí borrarle la mente a la chica. Luego le pregunté de nuevo, aunque, ya sabía la respuesta por que me lo había dicho horita.
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¿Qué haces aquí?
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Mi tía me hecho de la casa - murmuró triste y después añadió ella -. ¿Por qué tienes sangre en la boca, te lastimaste?
Genial, empezaron sus preguntas.
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Si, me golpeé contra la pared - le mentí.
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Bueno, me permites quedarme en tú casa.
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Claro, pero espera un momento aquí afuera - le dije.
- Ok - contestó.
Entre adentro y saque el cadáver poniéndolo en otra parte en donde ella no lo viera, luego la invite a pasar
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Gracias - dijo Clarisa.
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De nada.
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¿Sabes aún no se tú edad?
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Tengo dieciocho.
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Y yo dieciséis y tú vas a la universidad - preguntó ella.
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No
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¿Entonces que haces?
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No creo que desees saber.
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¿Por qué? - está mujer, me va a volver loco, con las mismas preguntas.
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Quieres que me arrepienta, de tenerte hospedada en mi casa.
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No está bien, no preguntaré nada más - prometió ella -. Iré a dormir entonces, nos vemos.
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Nos vemos Clarisa - le contesté y luego se fue a la habitación y tranco la puerta.