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Historia 98878 — capítulo 3

En este capitulo, estarán hablando Alexander y Clarisa.

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Alexander empieza la historia:

    La pobre muchacha empezó a golpear la puerta desesperadamente y luego me gritó.

  • Asquerosa rata, de alcantarilla sácame de aquí ahora mismo - no pude evitar reírme, pero después sentí lástima por ella, ya que yo no tenía nada que ofrecerle de comer. Haci que la iba a dejar varias horas hambrienta, hasta que cayera la noche.  Por que no puedo salir de día o moriría quemado. Llegó la noche, así que salí a buscarle comida a Clarisa pero primero, busque el auto de la chica y luego entre a un restaurante de comida rápida y pedí una orden.  Después me fui de nuevo a la casa, puse la comida sobre la mesa.  Me dirigí hacia la puerta y la abrí.  La muchacha estaba acostada en la cama y me miró mal.             

  • ¿Cuántas horas llevo encerrada aquí? - murmuró ella.

  • Te traje comida - le dije ignorando la pregunta.

  • Ahora te dignaste a darme bocado - susurró sarcástica.

  • Siento no poder haberlo hecho antes pero… - no quise terminar la palabra, creo que no era necesario darle explicaciones.

  • Bien - contesto la chica y se puso de pie, camino hacia dónde yo estaba y me dio un débil empujón, para apartarme de el camino, tomo la comida de la mesa y se la comenzó a comer.

  • Tú auto está fuera - le avise.

  • Gracias al cielo, no sabes cuanto deseo largarme de está pocilga - me contestó.

  • Claro, cuando gustes puedes marcharte - le susurré y me di la vuelta para irme a cazar mi cena.

  • ¿A dónde vas?- preguntó Clarisa.

-Creo que no es de tú incumbencia - le dije.

  • ¿Por qué?

  • Deseas que te encierre de nuevo, o quieres que haga algo peor contigo - le contesté con una mirada siniestra.

  • Está bien, no te haré mas preguntas.

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Clarisa sigue la historia:

    Debería seguirlo, me pare y me subí en el auto, seguí el sendero de tierra, hasta que llegue a la carretera y fui al mismo lugar donde lo vi por primera vez, pero no lo encontré, así que me fui a mi casa.  Al llegar mí tía me miro mal y dijo. 

  • ¿Por que llegas a esta hora?

  • Me secuestraron y acabo deliberarme de mi raptor - le confesé.

  • Eres una mentirosa, largo de aquí si pasaste toda la noche, en otro sitio hoy lo volverás hacer.

-Pero tía, te estoy diciendo la verdad - conteste gritando.

  • Lárgate de mi casa - la obedecí y me fui.

    Ahora que voy  hacer, no puedo quedarme en casa de mis amigas se burlarían de mi.  Haci que no me quedó más remedio, que volver a la guarida espantosa de aquel joven extraño.  Al llegar allí abrí la puerta y entre, cuando lo vi no pude evitar gritar de terror.

  • Qué haces aquí - dijo el furioso.

  • Nada - y salí corriendo, abrí la puerta de mi auto, pero no pude montarme en el carro por que el me jalo bruscamente.

  • Sabes, te voy a confesar algo, nunca he matado personas menores de dieciocho años, pero contigo tendré que hacer una excepción, ya que eres demasiado entrometida - murmuró él y antes de que me mordiera dije.

  • No por favor, solo acudí aquí de nuevo, por que mi tía me echó  de la casa, gracias a que tú me tenias encerrada aquí.

  • ¿Qué no tenias lugares mejores a dónde ir? - preguntó sarcástico.

  • No deseo que mis amigas se burlen de mí - luego me soltó.

  • Bien, ya te haz dado cuenta de lo que soy - susurró Alexander, mirándome a los ojos.

  • Un vampiro malvado - contesté.

  • Si, se puede decir que soy malo -dijo él.

-Pues, no lo seas, no tienes que estar matando personas, puedes ser bueno.

  • No lo creo - me confesó él.

  • Hay otras opciones mejores, están los animales o la sangre donada.

  • La sangre de animales, no es compatible con mi sistema y no voy a estar a cada rato tampoco, entrando a los bancos de sangre, para tomar esas bolsitas, prefiero el camino fácil.

  • Creo que eres injusto, es que no piensas en las vidas humanas que estas destruyendo y en las pobres familias de esas personas.

  • Tengo una solución para ti - luego chasco sus dedos.

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Alexander, habla:

    Chasqué los dedos y decidí borrarle la mente a la chica.  Luego le pregunté de nuevo, aunque, ya sabía la respuesta por que me lo había dicho horita.

  • ¿Qué haces aquí?

  • Mi tía me hecho de la casa - murmuró triste y después añadió ella -. ¿Por qué tienes sangre en la boca, te lastimaste?

    Genial, empezaron sus preguntas.

  • Si, me golpeé contra la pared - le mentí.

  • Bueno, me permites quedarme en tú casa.

  • Claro, pero espera un momento aquí afuera - le dije.

-  Ok - contestó.

    Entre adentro y saque el cadáver poniéndolo en otra parte en donde ella no lo viera, luego la invite a pasar

  • Gracias - dijo Clarisa.

  • De nada.

  • ¿Sabes aún no se tú edad?

  • Tengo dieciocho.

  • Y yo dieciséis y tú vas a la universidad - preguntó ella.

  • No

  • ¿Entonces que haces?

  • No creo que desees saber.

  • ¿Por qué? - está mujer, me va a volver loco, con las mismas preguntas.

  • Quieres que me arrepienta, de tenerte hospedada en mi casa.

  • No está bien, no preguntaré nada más - prometió ella -. Iré a dormir entonces, nos vemos.

  • Nos vemos Clarisa - le contesté y luego se fue a la habitación y tranco la puerta.