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Historia 98878 — capítulo 4

Me levanté de repente, tenía mucho frío, busqué mi celular y observé la hora, eran las cuatro y cinco de la madrugada.  Haci que camine fuera, de la habitación.

  • Alexander - lo llamé.

  • Que quieres, Clarisa - respondió él.

  • Tengo frío, no tienes una manta que me prestes.

  • Si - me contestó -. vuelvo ahora te buscaré una.

  • Ok - le dije, a él.

    Trajo la frisa y me la entrego.

  • Gracias - le murmuré y me fui de nuevo, a la habitación y me dormí.

             *                                     *                                    *                                *

    Me levanté, ya había amanecido, salí del cuarto y vi Alexander sentado en la silla del comedor.

  • Buenos días - le dije.

  • Hola, dormiste bien.

  • Si.

  • Salí durante la noche y te compré algo de comida, unos cuántos vestidos y otras cosas de uso personal, ya que noté que no trajistes nada - susurró él.

  • Oh, te lo agradezco, no había pensado en eso.

  • De nada - me contestó.

  • Bueno, ¿dónde esta él baño? - le pregunté a Alexander.

  • Al final del pasillo - respondió él y luego me entrego, una toalla.

  • Bien, iré a bañarme, hoy es lunes y debo ir a la escuela.

  • Claro, está bien - dijo Alexander.

    Me metí en la bañera y el agua estaba extremadamente fría, busqué el jabón pero no lo vi, así que salí de la ducha y encontré un paquete nuevo, al parecer también lo compró durante la noche.  Luego, que termine de bañarme me sequé, lave mis dientes y  por último me vestí.

  • Nos vemos luego - le dije con una sonrisa.

  • Adiós - contestó Alexander.

    Llegué, al plantel escolar y estacioné mi auto, donde siempre lo dejaba.  Entre al salón y para colmo, se me habías olvidado que hoy, era el examen de historia.  Empecé a mirar el examen, del compañero de al lado y copié casi todas las respuestas, pero para que no fuera tan obvio, que me había copiado puse algunas malas.  Luego el día de clases, se fue rápido, así que me dirigí para la casa de Alexander. Me bajé del auto y entre a la casa.

  • Hola, ya estoy aquí - le avisé.

  • Me doy cuenta - dijo él.

  • Preparaste algo de comer - pregunté.

  • No, pero hay están las cosas, que te compre esta madrugada.

  • Oh, claro - tome el pan, que compró y luego abrí la lata de pollo y se lo unté al pan.

    Después, que termine de comer le dije.

  • Estos es, lo que tu comes todos los días.

  • Sabes, no empieces con tus interrogatorios, que me vas a enojar - dijo, mirándome mal.

  • Y entonces de que hablamos - contesté molesta.

  • De nada.

  • Siempre tienes ese humor tan agrió - le pregunté.

    Él entonces en un abrir y cerrar de ojos, llegó hasta mi lado y me agarro con fuerza.  Me arrinconó, contra la pared, me quede paralizada del susto.

    *                                  *                                       *                                         *

Alexander habla :

     Esta joven era tan ingenua, así que me le acerqué a su oído y le susurré.

  • Por qué quieres saber tanto de mi.

  • Quiero conocerte, ser tú amiga - dijo ella.    

    Si supiera ella, lo que soy, no estaría hablando tantas tonterías, entonces la miré a los ojos.

  • En serio, eso quieres - contesté riendo, luego la besé en los labios para molestarla y la solté.