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Historia 99023 — capítulo 10
Sólo faltaba un día. Un sólo día y todo parecía estar bien entre Hermione y Draco. Todo indicaba que para el próximo lunes, ambos estarían en sus torres de nuevo. Pero... ¿querían eso?
Al día siguiente, la primera asignatura de la mañana sería Runas Antiguas. Aunque Hermione amaba esa asignatura, a Draco no le gustaba mucho.
Ambos se higienizaron en el pequeño baño de la cabaña y salieron rumbo a Hogwarts, en pareja. Juntos.
Apenas entraron, los detuvo la profesora McGonagall.
—Oh, señores. Sólo quería recordarles nuestra reunión de mañana, y que deberán estar allí a primera hora —ambos asintieron—. Tengan una buena mañana —les deseó McGonagall.
Antes de entrar al gran comedor, ambos se despidieron y entraron como dos personas que no se conocían yéndose para lados opuestos.
—¿Qué fue eso? —preguntó Luna antes que Hermione se sentara.
—¿Que fue qué? —respondió en forma de pregunta desconcertada.
—Eso. Ambos entraron como si no se conocieran —respondió Luna.
—¿Quiénes? —volvió a responder en forma de pregunta Hermione, mientras miraba hacia la puerta.
—Tú y Draco, Hermione.
—Oh, bueno... —Hermione no supo que decir— ¡ahora tendremos Runas Antiguas! ¿No es eso fascinante?
—Lo fascinante de Runas Antiguas, es que lo compartiremos con Slytherin.
—¿Has pensado en decirle a Theo que gustas de él?
—¿Has pensado en decirle a Draco que gustas de él?
—Fantástica respuesta, Luna —dijo Hermione.
—¡Oh, entonces admites que gustas de Draco! —dijo en voz baja.
—Yo no admití tal cosa —respondió como defensa—. Sólo lo dije... em... —Luna la miraba con cara de no te esfuerces, Hermione; ya sé que estás enamorada de Draco— dije eso como si fuera cierto que yo... no estoy enamorada de... ay, Luna. Mientras más lo pienso, ¡más imposible se me hace! —Hermione, rió no muy convencida de sus propias palabras.
Luego del desayuno, ambas tomaron su maletín y se encaminaron hacia el salón de Runas Antiguas.
—Mañana será la reunión con la profesora McGonagall acerca de nuestra... em... ¿cómo se dice?
—¿Convivencia?
—Ay, suena tan simple cuando tú lo dices —rió Hermione.
—Ajá —dijo restándole importancia—. ¿Y qué pasará?
—Pues no lo sé, dijo que estuviéramos... —pero se detuvo.
Hermione detuvo su habla cuando pasó por su lado, un rubio de rasgos masculinos, con una túnica negra con corbata verde y plateada.
Entonces, Luna se dio cuenta.
—Debes decirle que siguen peleándose.
—¿Qué? —le preguntó Hermione mientras caminaban hacia el aula de Runas.
—Debes decirle...
—Escuché la primera vez, Luna —dijo interrumpiéndola—. Pero, ¿por qué he de decir eso?
—No te das cuenta, ¿verdad? ¿Que no lo ves?
—¿Qué cosa?
—Hermione, yo me considero una persona bastante paciente. Aunque jamás perdí la calma con alguien, creo que es verdad que hay una primera vez para todo —Hermione rió asustada, pensando que iba a gritarle en medio del pasillo—. Pero, recién estabas hablandome, y cuando pasó Draco, te distrajiste mirándolo. ¿Acaso eso no es atracción?
Quedó pensativa. Tenía razón. No podía negarlo más. Entonces, en la cabeza de Hermione volaba siempre la misma frase que le decía su amiga siempre. La castaña tenía que empezar a notar lo que su corazón sentía. Era unos ojos que no ven, y un corazón que sentía.
—Bien, tengo una idea —dijo la castaña, mientras se apresuraba a contarle a una esperanzada y soñadora Luna para que su amiga, le contara su plan.
........
—¿Qué le dirás mañana a McGonagall, Draco?
—No lo sé. Es obvio que no le diré a Hermione lo que me pasa.
—¿Sabes? Cada vez me gusta más este Draco —dijo Theo de repente y Draco rió.
—Se me ocurre una idea... —empezó a decir Blaise.
—¿Qué idea? —preguntó Draco interesado mientras caminaban al salón de Runas.
—¿Theo no es amigo de Granger? —Theodore y Draco asintieron— ¡Ahí está! Theo podría decir que tú dijiste cosas de ella. Y Granger se peleará contigo en frente de la profesora McGonagall.
—Mmm... no lo sé, Blaise —dijo Theodore—. Hermione es muy testaruda...
—Oh, ¡vamos! Así al menos convivirán más tiempo juntos —contestó Blaise.
—A mí tampoco me parece buena idea, Blaise.
Pronto las chicas los alcanzaron. Primero entraron las chicas y luego, minutos después, los chicos.
........
—Para la clase que viene... —dijo la profesora Bubbling deambulando por el salón— deberán traerme un ensayo sobre las escrituras de los diferentes lenguajes de la magia, pero sólo los que vimos en clase. Incluyendo introducción. Pueden retirarse —informó la profesora volviendo a sentarse detrás de su escritorio.
Todos los alumnos se retiraron con sus libros.
Aquí, Luna y Hermione se separaban de nuevo. Ya que Luna tenía Defensa Contra las Artes Oscuras, y Hermione debía enfrentar Encantamientos. Para suerte de Hermione, Dean estaba en esa clase.
Caminó casi corriendo a la clase de Encantamientos, ya que el salón de Runas Antiguas, no quedaba muy cerca de el de Encantamientos. Por suerte, llegó a tiempo y el profesor Flitwick no la regañó.
Apenas entró al salón, buscó a Dean con la mirada. ¡Mala suerte! Dean se había sentado con Susan Bones, de Hufflepaff, ¿quién fue el que llegó con Hermione? Sí, Draco Malfoy.
—No perdamos más tiempo, ¿qué hacen ahí parados? —les preguntó el profesor Flitwick a Hermione y Draco, no sabían que decir— Siéntense allí —señaló un pupitre—. Rápido, rápido.
Y en ese momento, todos en el salón abucheó a el Slytherin y a la Gryffindor, ya que para ellos, se llevaban terriblemente mal.
—Shhh. ¡Silencio, silencio! —todos callaron— Muy bien, hoy practicaremos el hechizo confundus. Ubiquense en posición enfrentados con sus compañeros. Deben girar la muñeca hacia la derecha y decir con intensidad confundus. Claramente, se turnarán para hacerlo —dijo el profesor mirando como Seamus Finnigan y Padma Patil tenían las varitas levantadas al mismo tiempo.
Draco y Hermione se entendían muy bien en Encantamientos. Aunque nadie lo notó, ya que estaban muy concentrados en sus propios conjuros y parejas.
Hermione no sabía que Draco tenía tantas habilidades en las asignaturas de Hogwarts, a decir verdad, sólo pensó que era un niño mimado y cobarde. Como se arrepintió después de esos días que pasó con él. Se dio cuenta que era solamente una víctima más, de un mortífago como Lucius.
El profesor Flitwick pasó por su pupitre y contempló la escena. Draco Malfoy hechizaba a Hermione Granger, quién parecía realmente confundida, y el rubio, con una sonrisa maliciosa que el profesor Flitwick asignó a cada casa 20 puntos.
Fue el turno de Hermione. Luego de terminar de recorrer la fila del medio, Flitwick, sin poder evitarlo, pasó de nuevo por el pupitre de Draco y Hermione. Viendo la conexión entre ambos, volvió a asignarles 10 puntos. Ambos, se encontraban realmente felices.
Como siempre, Hermione fue la última en salir del salón. Guardó sus cosas lo más rápido posible para dirigirse a su próxima clase: Ciencias Muggles, ¡le fascinaba! Pero cuando estaba apunto de salir, un rubio la detuvo.
—Buen trabajo, Granger —dijo Draco, como le costaba ser amigable.
—Buen trabajo, Malfoy —dijo estrechando su mano, y acercandose a él para dejarle un cálido beso en la mejilla y luego salir de la escena casi corriendo hacia el salón de Ciencias Muggles dejando a un atónito Draco.
Hermione no pude creer lo que acababa de hacer. ¿Besó la mejilla de Draco Malfoy? ¿En serio? Si hubiera sido un chiste, se hubiera reído hasta que sus pulmones no dieran más. Pero no fue un chiste, ni un sueño. Fue real y... lindo.
Corrió hasta el salón de Ciencias Muggles y casi le restaban puntos a su casa, ya que entró con la profesora Grubbly.
—Buenas días, alumnos —saludó la profesora y los alumnos la saludaron cordialmente.
Aunque a Hermione le gustaba esta asignatura, no logró concentrarse. Se quedó pensando en el beso que le había proporciado sus labios en una mejilla pálida y debo añadir, un poco fría.
Como por arte de magia, cuando Hermione propuso concentrase, la clase había terminado y escuchó algunas palabras de la profesora Grubbly.
—Muy bien, para la clase que viene, deberán traerme un ensayo de por qué los muggles necesitan energía y si es escencial en su vida cotidiana. Ya pueden irse —terminó de decir la profesora Grubbly.
En un abrir y cerrar de ojos, el salón casi quedaba desierto.
Hermione se tomó el tiempo necesario para guardar sus cosas y disfrutar de su período libre. Aunque bueno, disfrutar para ella significaba, hacer deberes de sus asignaturas favoritas. Empezaría por Ciencias Muggles y haría el ensayo de la electricidad.
Fue a la biblioteca a sacar algunos libros de Ciencias Muggles, en dónde podrían contener esa información. Si bien ella era muggle, le encantaba leer libros sobre aquello, para ver cómo veían los magos a los muggles. También por eso había escogido esa clase.
Se sorprendió cuando, a mitad de acabar sus deberes, tocaron las campanadas de las 17:15 p.m, que era la hora de la merienda. Hermione le pidió por favor a Madam Pince que dejara todos los libros y pergaminos en la última mesa, que volvería en seguida a recogerlos. Madam Pince, aceptó.
Así fue, Hermione fue casi corriendo hasta el gran comedor y se sentó en la mesa de Gryffindor, cerca de Luna. Para su sorpresa, ni Dean ni Neville, estaban allí.
—Luna —dijo Hermione algo excitada—. Lo siento, pero no merendaré hoy. Mañana debo entregar un ensayo de Ciencias Muggles, luego de la reunión con la profesora McGonagall y a decir verdad, es un ensayo muy extenso. No creo venir a cenar tampoco, así que, no te preocupes, ¿sí? Adiós, ¡te quiero, amiga!
Y como un rayo, salió de allí en dirección a la biblioteca. Cuando llegó a su mesa, Madam Pince estaba sentada en la última mesa de la sección Ciencias Muggles de lado de la ventana, mientras cientos de libros flotaban acomodandose entre los estantes.
—Oh, ¡muchísimas gracias, Madam Pince!
—No hay de qué, querida. ¿Te los llevarás?
—¿Hay algún problema? —dijo algo preocupada, ya que no quería quedarse hasta tarde en biblioteca, sino ¿cómo volvería después hasta la cabaña?
—Oh, no. No, no, por supuesto que no, querida. Llévatelos. Traelos cuando puedas, cariño. No hace falta que sea mañana.
—Un millón de gracias, Madam Pince. Prometo traérselos en cuanto pueda —y sin previo aviso, Hermione abrazó a Madam Pince, dejando a una bibliotecaria sorprendida, pero cero disgustada.
Hermione apresuró a guardar los libros, los pergaminos y la pluma en su maletín, deseando que aún no se hiciera de noche para poder regresar a tiempo a la cabaña.
Así fue. Avisó a Filch que iría a la cabaña, y éste la observó desde la puerta del castillo, viendo como se adentraba en el bosque.
Es verdad, Hermione aún no se acostumbraba a pasear por el bosque prohibido. Sabía que la guerra había acabado, y que la cabaña tenía hechizos de protección; pero aún así, tenía miedo.
Corrió hacia la cabaña, y se adentró en ella, encontrandola desierta.
Aprovechó el silencio, y desparramó sus libros y pergaminos por un escritorio que estaba de su lado de la habitación, sacando su pluma y retomando su escritura sobre su ensayo de Ciencias Muggles.
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¡Buenas tardes! Son las 18:00 p.m y yo actualizando. ¡Perdón por actualizar tarde! Es que vengo de un lindo paseo con mis padres por Puerto Madero :) (un lindísimo lugar aquí en Buenos Aires). ¿Qué tal fue su día? Espero que la hayan pasado estupendamente. Aquí vengo con un nuevo capítulo. Lo acabo de escribir, así que espero que les guste. Y, ¡wow! Estoy muy complacida y sorprendida por los ¡¡¡setentacomentarios ymil cuatrocientas cincuenta y cuatrolecturas!!! Realmente jamás creí que llegaría a tantas lecturas, y menos a tantos comentarios. Tendría que agradecer a varias personas, pero lo generalizaré. Muchísimas gracias a los comentaristas de esta historia, y más a los que comentan cada capítulo, y además que cuando pido ayuda, ¡me la brindan! Muchísimas gracias y espero que terminen bien este maravilloso domingo Dramione :D seguramente mañana nos veremos con otro capítulo. ¡Adiós! :)