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Historia 99023 — capítulo 9
Dos días. Solamente faltaban dos días, para tener el encuentro entre Draco, Hermione y la profesora McGonagall, ¿qué le dirían?
Luego de mandarle el patronus a Blaise, Theodore y Draco emprendieron camino hacia la sala de menesteres, esperando a Blaise en un lugar no muy habitado de cosas. Sólo un par de sillones.
Blaise giró hacia la izquierda el pomo de la puerta que estaba tallada en el muro, y de pronto, la puerta desapareció por detrás de él.
—¡Al fin llegas, Blaise! ¿Dónde estabas? —preguntó Draco.
Pero extrañamente, el moreno trató de evitar esa pregunta cambiando de tema rápidamente.
—¿Ustedes juntos? ¿Se amigaron? —preguntó alegremente.
—Pues... sí —confirmó Theodore—. Draco quiere decirnos algo.
Después de dichas palabras provenientes del ojiazul, Blaise tomó asiento y esperó que su amigo hablara.
—Bien, no daré vueltas —dijo con seriedad y con nerviosismo a la misma vez —. Creo que me gusta Granger.
—¡¿Qué?! —preguntó Blaise asombradísimo.
—¿De verdad? —preguntó Theodore, como si Draco le hubiera dicho que sacó un extraordinario en astronomía.
—¿A ti no te da asombro, Theo?
—Pues la verdad es que no, la veía venir.
—¿Ah sí? ¿Y cómo es eso?
—Mmm... tengo mis informantes —dijo pensando en Luna y sonriendo.
—¿Informantes? Apuesto a que me espías —dijo en broma Draco.
—¡Todo el tiempo! —continuó Theodore.
—¡¿Hola?! ¿Saben que estoy aquí, verdad? —Draco y Theo rieron.
—Lo sabemos, Blaise. ¿Tú que dices? —preguntó Draco.
—¿Qué digo? ¿Desde cuándo te gusta Granger?
—Desde lo sucedido anoche —Blaise y Theo quedaron sorprendidos.
—¡¿Qué pasó ayer?! —preguntaron al unísono.
Draco rió por leer sus mentes, y lo que pasaba por sus cabezas.
—No me acosté con ella, imbéciles. Fue... otra cosa.
Theodore y Blaise quedaron sorprendidos, esperando a que su amigo le dieran una clase de explicación para tratar de entender.
Y fue así, que comenzó su relato.
Flashback**........**
La castaña se levantó sigilosamente, y abrió la puerta para encontrarse a un Draco... llorando.
—Malfoy, ¿qué te sucede? —preguntó Hermione sentándose a su lado.
—No me sucede nada —dijo fríamente.
—Oí sollozos.
—¿Ya extrañas a tu mami, Granger?
—Olvídalo —dijo Hermione de mala gana y se levantó enojada para entrar en la cabaña.
—Espera, Granger. Lo siento —se disculpó y Hermione, volvió a sentarse a su lado.
—Descuida. ¿Quieres contarme por qué te has levantado?
—Tuve una pesadilla.
—¿Deseas contarmela?
Draco la miró por unos segundos. Y ahí, la contempló. Sus ojos, sus rasgos tan femeninos. Su cabello enmarañado, con rizos castaños y definidos. Sus labios, tan finos como una copa de cristal, se dio cuenta de la belleza exterior. Tras pensarlo unos segundos, Draco aceptó.
Draco cuenta su sueño.
—Oh, Draco... —dijo Hermione, viendo como el rubio derramaba algunas lágrimas— tu padre fue muy duro contigo, ¿verdad?
—Hace unos días... recibí una lechuza de mi madre. Me contaba que...
—¿Sí? —lo impulsó Hermione.
—Contaba que mi padre, había sido escoltado a Azkaban hacía algunas semanas.
—Lo siento mucho —dijo Hermione.
—Está bien, de todas maneras, sin él acechándome, me siento mejor. Aunque mi madre lo amaba, ella está destruida.
—¿Irás a verla en las vacaciones de invierno?
—De hecho hablé con McGongall, este fin de semana iré a verla.
—Oh, claro. Pues, dale mis disculpas... aunque...
—¿Qué? —preguntó Draco interesado.
—Pensandolo bien, no le digas nada a tu madre. A ver si te regaña por hablar con una sangre sucia como yo —dijo Hermione algo triste y amagó a levantarse.
Pero Draco no la dejó. El rubio le agarró la mano e hizo que la castaña perdiera el equilibrio y volviera de nuevo a sentarse.
Hermione se sintió algo inhibida ante el contacto de su mano con la del rubio, no supo como reaccionar.
—¿Qué... haces? —le preguntó Hermione.
—Lo siento —dijo soltando la mano de la castaña—, fue un impulso.
—¿Seguro que te encuentras bien? Hace frío.
—Sí, lo estoy.
—¿Irás adentro?
—En un rato.
—Bien, cualquier cosa que necesites... avísame —el rubio asintió con la cabeza y Hermione entró a la cabaña.
—Granger...
—¿Sí? —preguntó Hermione.
—Le haré llegar a mi madre tus disculpas —Hermione asintió y entró a la cabaña.
Fin del flashback**........**
Pero en ese momento, ambos estallaron a carcajadas.
—¿Qué te pasó, Draco? ¿De repente eres romántico con Granger? —se burló Blaise.
—No digas idioteces.
—Así que, te has enamorado —dijo Theodore dejando, poco a poco, de reír.
—Eso creo. Chicos, nadie jamás se ha preocupado así por mí sin conocerme, ¿entienden? ¿Se olvidan que yo le he hecho la vida imposible en su estadía aquí, en Hogwarts?
—Es cierto.
Pero Draco se los quedó mirando.
—¿Qué? —preguntó Blaise.
—¿No van a decir nada? ¿Se reirán y ya?
—¿Qué quieres que te digamos?
—¡¿Qué opinan?! —dijo Draco como si fuera algo obvio.
—Sabes que nosotros no tenemos prejuicios de la sangre. Si la amas, ¡adelante, Draco!
—Oh, ¡gracias, chicos! Necesitaba su apoyo.
—Esperen, no lo creo. ¡Has vuelto a ser el Draco que conocemos desde pequeño!
Draco rió y salió de la sala de menesteres, dejando a Blaise y a Theodore allí sentados riéndose.
........
—Está delicioso, ¿no que sí, Hermione?
—Sí, claro. Por supuesto —contestó ésta destrozando su tarta de uvas.
—¿Te ocurre algo? —preguntó Luna al verla tan distraída a su amiga.
—Es sólo que...
—¿Qué? —preguntó Luna.
—¿Habremos hecho bien el trabajo de algas medicinales?
—¡Hermione! Es la hora de la cena, no hablemos de herbología. ¿Te confieso algo? —Hermione asintió— Por un momento, creí que pensabas en Draco.
—¡Shh! Luna, ¿no te enseñaron a ser discreta? —la rubia negó riéndose— Veo. Extraño nuestra habitación. ¿Qué tal te llevas con Parvati y Padma Patil?
—Mmm... es que casi no hablamos —confesó Luna—. Siempre me quedo hasta tarde en la sala común con Dean y Neville.
—Oh, ¿en serio? —Luna asintió.
—Por eso siempre cuando termino de hablar con ellos, y subo a la habitación, ellas duermen como troncos —Hermione rió.
Las dos terminaron de almorzar, y Hermione abrazó a sus amigos para verlos mañana a la hora del desayuno.
Draco vio que se levantaba e iba hacia el castillo y se levantó también, despidiendo a sus amigos con una palmada de hombro y siguió a Hermione.
—¡Granger! —gritó una vez fuera del castillo.
Hermione se dio vuelta y esperó a que el rubio llegara a su lado.
—¡Hola! Creí que estabas en la cabaña —confesó Hermione.
—No soy una máquina de comer, Granger. ¿Quieres verme gordo? —rió.
—Oh, no. Por supuesto que no —dijo Hermione riendo—. Es sólo que, hace unos días siempre llegabas temprano, y supuse que no cenabas. Lo siento, fue inevitable darme cuenta.
—Descuida —dijo el rubio mientras se adentraban en el bosque—. A propósito...
—¿Sí?
—Emm... quería... estem... caramba... —no sabía como expresarse.
—¿Querías...?
—Quería.. agrade... —Hermione rió, y el rubio supuso que había entendido el propósito de su balbuceo— bueno, eso. Por la actitud que tuviste conmigo ayer... no te agr... agrade...
—No hay cuidado —le respondió Hermione riendo—. No fue nada.
Draco sólo sonrió.
Minutos después, ya se encontraban en la cabaña. La castaña entró, tiró su maletín arriba de la cama y luego se tiró ella.
—¿Cansada, Granger?
—Algo. No sabes lo difícil que es enseñarle aritmancia a Luna.
—¿Lovegood?
—¿Conoces a otra? —dijo entre risas.
—Conozco a varias... —dijo riendo también.
Pero a Hermione no le causó mucha gracia, ¿por qué? Ni ella sabía. Por lo que fingió una risa y se adentró en el baño.
Mientras se cepillaba los dientes y recordaba las palabras de Draco, una lágrima brotó de su mejilla. ¿Qué le pasaba? Terminó rápido y volvió a la cama con su camisón de seda puesto.
Saludó a Draco y trató de dormirse. Mañana sería otro día.
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