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Historia 99023 — capítulo 8

Al fin la clase de astronomía había terminado. ¿Qué seguía ahora? Oh, sí. Historia de la magia. Una de las asignaturas más geniales para Hermione. Claro que estaba luego de Runas Antiguas.

Fue camino al salón de historia de la magia algo tranquila; ya que salió temprano de la torre de astronomía, debido a un inconveniente con la profesora Sinistra.

Al ingresar al salón, Hermione se sentó en el lugar de siempre. Delantero, frente a la pizarra y cerca del profesor.

Para desgracia del fantasma Binns (antiguo profesor de historia de la magia), fue expulsado de esa asignatura ya que, bueno... la profesora McGonagall no veía que los alumnos de su clase aprendieran mucho que digamos. En cambio, lo sustituyó otro profesor. El profesor Widding. Un tipo joven, alto, pelo rubión, ojos turquesa y unos labios finos con sonrisa de galán (http://weheartit.com/entry/20492504 éste es, por si quieren verlo).

Esa clase era compartida con Slytherin, Gryffindor y Ravenclaw. Hermione se dio cuenta que jamás había habido tantos alumnos en la clase de historia de la magia. Entonces, se dio cuenta. Nuevo profesor, nuevos alumnos.

El profesor saludó cordialmente, mientras sus alumnos le devolvían el saludo.

—Me presentaré. Mi nombre es Tom Widding. Seré su profesor de historia de la magia durante sus últimos semestres. Um... bien —dijo mirando a sus alumnos—. ¿Alguien sabe de dónde viene el nombre de Hogwarts?

Pero nadie contestó. Hermione miró a sus alrededores y vio como las chicas se quedaban como tontas mirando al nuevo profesor. La castaña rodó los ojos quitándole importancia y levantó la mano.

—¿Sí, señorita...?

—Granger, señor. El nombre Hogwarts viene de la inspiración de Rowena Ravenclaw, una de los fundadores de la escuela. Después de un sueño que tuvo donde un águila la condujo al acantilado llamado Hogwarts, donde se construyó el castillo finalmente, señor.

—Creo que tendremos una ayudante de historia de la magia. Excelente, señorita Granger —Hermione sólo pudo sonreír—. Muy bien, todos sabemos que Hogwarts fue fundada hace más de mil años por cuatro hechiceras y magos con un talento excepcional. Y luego de crear el colegio, fueron en busca de personas con habilidades necesarias para enseñar a los que serían estudiantes de Hogwarts.

Hermione sólo escuchaba atentamente al profesor, aunque todo eso, ya lo sabía; ya que se pasaba gran parte del día leyendo libros de historia de la amgia. Tomaba apuntes de todo lo que le parecía importante.

—Las opiniones de los cuatro fundadores sobre la elección de los alumnos y de las asignaturas a enseñar comenzaron a diferir muy rápidamente, principalmente entre Godric Gryffindor y Salazar Slytherin; apareciendo las primeras tensiones. El colegio se dividió entonces en cuatro casas separadas con el fin de elegir de la forma más justa posible en qué casa sería enviado cada alumno. ¿Alguien sabe quién fue el originador del sombrero seleccionador? —Hermione levantó la mano, y el profesor asintió.

—Godric Gryffindor decidió hechizar su sombrero que se denominó como sombrero seleccionador, y cada uno de los fundadores donaron una parte de su mente y su personalidad para ayudar al sombrero a repartir a los alumnos entre las diferentes casas, señor.

—Excelente, realmente excelente. 30 puntos para... —miró su uniforme— Gryffindor.

La clase para Hermione, fue una de las mejores. Ya que el nuevo profesor las hacía interesante con todo lo que contaba acerca de Hogwarts, algo que con el anterior profesor Binns, no hubiera aprendido ni en un millón de años.

Cuando la clase terminó, Hermione estaba recogiendo sus cosas para irse, cuando el profesor Widding la llamó.

—Señorita Granger, ¿puede quedarse un momento, por favor?

—Sí, claro —dijo Hermione viendo como cierto rubio pasaba por su lado, con aspecto curioso descendiendo el paso—. ¿Qué necesita?

—Debo decir que su empeño en la materia y su desarrollo en clase, me ha dejado realmente anonado, señorita Granger.

—Muchas gracias, señor —sonrió la castaña.

—¿Tiene mucho interés por historia de la magia?

—En realidad, encuentro esta asignatura como un arte. Algo realmente extraordinario, profesor. Siempre me ha gustado saber historia de la magia. He leído cientos de libros de esta asignatura, y jamás me canso de ellos.

—Excelente respuesta —dijo sonriendo el profesor—. Bien, cualquier duda que tenga sobre la asignatura por favor pregúnteme. Sinceramente, hoy sentí que solamente le daba clases a usted, señorita Granger —Hermione sonrió ante tal comentario.

Claro que el profesor no se había dado cuenta, que sintió eso porque el resto de la clase (sólamente la parte femenina), le había estado prestando atención a su lindo cabello, lindos ojos y perfectos dientes mientras hablaba sobre bla bla bla bla.

Al salir de la clase, caminaba hacia su próxima clase con su maletín en la mano y el libro de historia de la magia.

Mientras caminaba, un rubio se acercó a ella.

—Vamos, Granger. ¿Tú también mueres por este tipo... Widding?

—¡Malfoy! Me asustáste. Y no, no muero por el profesor Widding.

—Vi como hablabas con él —dijo tratando de que Hermione no se diera cuenta que estaba tratando de sacarle si gustaba de él o no—. Bah, no es tan lindo... yo soy más lindo e irresistible que ése —Hermione rió—. ¿De qué te ríes?

—Es increíble como cualquier tema de conversación, lo conviertes en algo que gire sobre ti, Malfoy —Draco no supo que decir—. Dime, ¿no tienes miedo que algún Slytherin pase por aquí y te vea hablando conmigo?

—Me da igual lo que piensen, Granger. Ya te lo dije, ¿recuerdas?

—Oh, claro. Con tu padre... —Draco asintió para que no siguiera—. De cualquier manera, debo ir hacia mi próxima clase. Te veré después, Malfoy.

Hermione se apresuró para llegar a la clase de Herbología, tendría que entregar el trabajo práctico de las algas medicinales del próximo semestre.

La profesora Sprout estaba revisando las preparaciones de la curación de madrágoras del anterior año que acababa de salir por el invernadero.

—Buenos días, profesora Sprout —saludó Hermione, ya que era la única que había llegado temprano —. Aquí tengo el trabajo de las algas medicinales. Le agradezco que me haya dejado entregarlo antes de tiempo, profesora.

—Oh, ¡señorita Granger! Por favor, no me agradezca nada. Por favor, colóquese frente a sus materiales para comenzar a cortar los drosípolos para las mandrágoras cuando lleguen sus compañeros.

Así fue, como Hermione, luego que entraran sus compañeros de Gryffindor y Hufflepaff, empezaron a cortar los drosípolos (plantas raras con ácidos tóxicos. N/A: esta planta también es de mi invención).

Para Hermione, la clase de Herbología no era una tontería. Tenía que concentrarse demasiado, ya que si no cortaba de manera específica un drosípolo, el invernadero sería un desastre y destrozaría todo a su paso.

Por fin, cuando finalizó la hora de Herbología, Hermione tenía un período libre. Le había dicho a Luna que la vería en la sala común de Gryffindor, para estudiar aritmancia. Una asignatura difícil, por lo tanto atractiva para Hermione.

Aritmancia era otra de las asignaturas favoritas de Hermione; junto con runas antiguas, historia de la magia y ciencias muggle.

Llegó a la sala común de Gryffindor, y encontró a Luna sentada, desparramando sus libros de aritmancia.

—Oh, ¡hola, Hermione! He sacado estos libros de aritmancia, no sé si servirán... —dijo pensativa—. Sabes que no entiendo mucho de esto. Gracias que te tengo a...

—Entendí, Luna —sonrió Hermione—. Em... bien, sólo necesitaremos los libros numerología y gramática y nueva teoría de la numerología, son los que usaremos este año.

—Oh, sí. Los tengo —dijo Luna buscándolo por debajo de los libros innecesarios.

Pasaron su período libre estudiando aritmancia, Hermione tenía la esperanza que Luna pudiera aprender más propiedades mágicas de la magia.

Aunque había que aceptar, Hermione era muy buena con los números. Aritmancia era como... predecir el futuro con los números. Era realmente algo muy complicado.

Luna tardó mucho en aprender aritmancia con Hermione, pero debía admitir, que a ella la entendía mejor que a la profesora Spiggit.

—¿Cómo te sientes? —preguntó Hermione luego de una hora y media viendo aritmancia.

—Inteligente —dijo Luna logrando que una pequeña risita saliera de la boca de Hermione.

—Te costó, ¡pero has trabajado extraordinariamente bien!

—Gracias, Hermione. Pero, explícame... ¿por qué te gustan tanto las asignaturas más difíciles? Es decir... no entiendo. Siempre sacas extraordinario en aritmancia, ¡como en casi todas las demás asignaturas!

—Es sólo que me gusta estudiar, Luna —sonrió a su amiga.

—Oh, sí. Eso debe ser.

A pesar de que estuvieron una hora y media estudiando en su sala común, nadie había allí. Siguieron estudiando un poquito más hasta que las dos se cansaron y llevaron los innecesarios libros a la biblioteca.

........

Theodore Nott, quién estaba leyendo un libro de transformaciones sentado en el sillón de la sala común de Slytherin, escuchó como el retrato de Siffer (el guardián de la sala, invento mío) se abría, dándole lugar a Draco Malfoy.

—¿Podemos hablar? —le preguntó a Theodore.

—Wow, puedo convertir una persona en un hurón. Fantástico, ¿no crees, Draco? Justo para ti.

—Oye, vengo a hablarte bien —dijo sentándose a su lado.

—¿Qué quieres? —dijo sin apartar la vista de su libro de transformaciones.

—Pedirte disculpas. Sé que me comporté... como un...

—¿Hurón? —dijo entre risas.

—Quizá —Theodore lo miró con cara de reproche —. Bueno, sí —aceptó al fin—. Pero, sabes que soy así... no puedo evitarlo.

—¿Te has disculpado con Hermione?

—No... —dijo bajito.

—¿Cómo? —preguntó Theodore, de nuevo.

—No me disculpé con Granger.

Theodore suspiró, y dejó su libro a un lado para ponerse frente a frente con Draco.

—Sabes que jamás estuve de acuerdo en como tratas a la gente muggle, Draco. Pero, es momento que entiendas, que nadie es superior a nadie. ¿Entiendes? Hermione podrá ser sangre sucia, pero es la mejor de las clases, y tú lo sabes.

—Sí, lo sé —dijo refunfuñando porque su amigo tenía razón.

—¿No la volverás a tratar de esa manera?

—Oh. ¡Vamos, Theo! No me pidas imposible —Theodore lo fulminó con la mirada —. Bien, trataré.

—Me conformo con eso. ¿Y cómo conviven en la cabaña de aislamiento?

—Es demasiado raro que aún no hayamos roto algo. Tengo que decirte algo.

—¿Qué cosa? —preguntó Theodore, por su repentino tono de seriedad.

—No puedo decirtelo aquí, y también debe estar Blaise.

Y así, Draco le mandó un patronus a Blaise, indicandole que vaya a la sala de menesteres. Draco le iba a dar una noticia.

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Bueno, bueno. ¿Cómo andan? Yo más o menos. ¡Me siento una tonta! Tenía novecientas cincuentas lecturas y digo¡falta poquitísimo para las mil lecturas!¡Y me doy cuenta que faltan cincuenta lecturas! Jajaja. Lo siento, a cada comentario le decíafalta poquito para las mil lecturas, actualizaré pronto*. Pero recién terminé el capítulo y no resistiría hasta mañana, estoy segura. Así que, perdón por mi ignorancia en las matemáticas y ¡disfruten del capítulo! ¡Ojalá tengan un hermoso viernes y un buen fin de semana! Adiós :)*