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Historia 99023 — capítulo 13
Su cabeza pensaba demasiado, hasta que sin darse cuenta, se encontraba frente a la biblioteca. Tenía muchas tareas que adelantar, si quería dedicarse a Runas Antiguas.
—Buenas tardes, Madam Pince —saludó Hermione mientras se encaminaba hacia la sección de Transformaciones.
Madam Pince sólo hizo un ademán con la mano, organizando muchas cosas en la recepción.
Hermione, como siempre se sentó en la mesa al lado de la ventana, para mientras hacía su tarea sobre el chivatuscopiaefors, sentía el atardecer aproximarse.
Para su suerte, no fue tan difícil hacer el ensayo. Ya que no tuvo que ir libro por libro buscando información sobre aquél hechizo.
Cuando finalizó el ensayo del chivatuscopiaefors, lo guardó en su maletín y sacó su cuaderno para ver las preguntas que había dejado el profesor Triguare en Pociones.
Dejó sus cosas en la mesa, mientras iba hacia la sección de pociones en busca de unos cuántos libros.
A decir verdad, a Hermione le costaba menos la parte teórica de Pociones. Era mucho más difícil para ella la parte práctica, por lo cuál se sentía algo aliviada que hubiera que escribir el ensayo y no hacer la poción. Aunque claro, tarde o temprano, tendría que enfrentarla.
Pocos minutos después, volvió con una docena de libros de Pociones y comenzó a sacar información sobre la poción Agudizadora de Ingenio para que su ensayo quedase completo.
Cuando terminó de hacer sus deberes, guardó todo en su maletín, y se dirigió hacia la sección de Historia de la Magia. En dónde de nuevo eligió una linda mesa del lado de la ventana y se puso a leer dos o tres libros de aquélla asignatura.
Entre página y página, libro y libro, Hermione miró su reloj de muñeca que marcaban las 20:58 p.m; por dios, ¡en sólo unos minutos era la cena! Por lo que se apresuró a dejar los libros en su lugar, y corrió hacia el Gran Salón.
No lo pudo creer, en tan sólo cinco minutos, había recorrido Hogwarts hasta el Gran Salón. Dónde encontró a Luna examinando la mesa de Gryffindor, que tenía mucha variedad de comida.
Hermione se sentó frente a Luna.
—No me has contado qué pasó con...
—No volveré a callarte —la interrumpió Hermione sabiendo a qué se refería—. Luego de la cena te contaré.
Hermione no sabía por qué, pero tenía muchas ganas de cenar. Así que llenó su plato de comida. Se sirvió carne asada, papas fritas, tocino, salchichas y papas asadas.
Mientras que Luna, sólo se había servido pollo asado, un filete, zanahoria rayada y salsa de tomate arriba, como condimento.
Minerva McGonagall anunció la finalización del banquete, y Hermione junto con Luna fueron a su sala común, para que la castaña pudiera contarle lo sucedido esa mañana con el rubio.
—Debes contarme, debes contarme —dijo Luna, después que las dos pronunciaran hechizos silenciadores a su alrededor para que nadie las escuchase.
Hermione asintió y empezó su relato sobre cómo los dos pelearon frente a McGonagall.
........
Draco, quién todavía seguía sentado en la mesa de Slytherin entre sus amigos Theodore y Blaise, vio cómo cierta castaña se retiraba con una rubia distraída fuera del salón.
—¿Irás a la cabaña?
—Sí, creo que debo disculparme con... Hermione.
—Así se habla, amigo —le dijo Theodore Nott mientras lo abrazaba.
—Si que te cambió, Draco. No creí que te disculparías con alguien algún día —dijo Blaise, entre risas.
—Ja ja, ¡mira como me río, Blaise! —dijo Draco algo molesto, pero a los dos minutos, ya se le había pasado.
—Lo siento, es que esto no ocurre a diario —dijo volviendo a reír.
—Sí, como sea. ¡Adiós, chicos!
Blaise y Theodore lo saludaron con la mano, mientras Draco salía del castillo hacia la cabaña que se adentraba en el bosque.
En su trayecto hasta la cabaña, en la cabeza de Draco, rondaban las imágenes de aquél beso que Hermione había depositado en su mejilla. Aún estaba impactado por aquella escena.
Antes de lo esperado, Draco ya estaba frente a la puerta de la cabaña. Entró y prendió las luces.
—No me quedaré haciendo nada —dijo Draco para sí mismo.
Entonces, sacó de su maletín un pergamino, y con una especie de silbato, llamó a su lechuza, Hengist. Sí, le respondería la carta a su madre.
Querida madre,
Siento haber tardado en responderte, las cosas en Hogwarts están algo complicadas. Han de mandarme muchas tareas. Quisiera que sepas, que hablé con la profesora McGonagall. Le conté el incidente que ha tenido Lucius, y que está en Azkaban. Y me dio permiso para ir a visitarte este fin de semana, antes de las vacaciones de invierno. Estoy seguro que no te molestará que pase el fin de semana allí. La verdad es que aquí hace mucho frío, espero que Buarloir esté tratandote como mereces. Muy pronto me verás allí, quizá acompañado, quizá no. Aún no lo sé. Debo darte una noticia cuando esté allá. Nada grave, no te preocupes. Adiós, madre. Te veré en unos días.
Draco.
Dobló la carta por la mitad, y de pronto un suave picoteo escuchó de una de las ventanas de la cabaña, allí estaba su lechuza esperando a que Draco le abriera la ventana.
El rubio abrió la ventana, dandole lugar a una bella lechuza gris con pequeñas líneas negras. Ató en sus patas el sobre y le ordenó que llevara esa carta a su madre.
Así fue, como la lechuza salió de la habitación, rumbo a la mansión de los Malfoy.
........
—¿Qué me dices? —le preguntó Hermione, ansiosa por saber la respuesta de su amiga.
—Mmm... —dijo Luna, pensativa— pues, no lo sé... quizá haya tenido la misma idea que nosotras. ¿No lo crees?
—No sé... me llamó la atención que él iniciara la pelea, ¿comprendes? Nos llevábamos bien...
—Ajam, puede ser —dijo Luna, bostezando—. Aunque creo que se dio cuenta.
—¿De qué?
—De que te gusta.
—¿Por qué lo dices?
—¡Espera! ¡Aceptas que te gusta Draco! —dijo Luna casi saltando de alegría.
—Pues, no vale la pena negarlo frente a ti, ¿o sí? —le preguntó Hermione con una sonrisa.
—La verdad es que no —las dos rieron—. Pues... estuviste muy tonta cuando le dijiste eso de ¡qué frío se siente!, pudiste haberle dicho algo mejor, Hermione.
—Oh, ¡lo sé! Estaba muy nerviosa, tenía miedo que me hubiera escuchado y... —casualmente miró hacia su reloj— ¡oh, por Merlín! Mira la hora que es. ¡Debo irme, Luna! Sabes que me da miedo ir tan tarde hasta la cabaña. Creo que le pediré a Hagrid que me acompañe de nuevo.
—Claro, de acuerdo. Nos veremos mañana en el desayuno.
—Por supuesto —dijo abrazando a su amiga—, ¡adiós, Luna! —la rubia la saludó con la mano mientras Hermione se iba por el retrato de la Dama Gorda.
Corrió hasta la cabaña de Hagrid, quién la acompañó gustosamente. Hermione le contó que Harry y Ron se encontraban de misión en Eslovaquia, por lo que Hagrid le dijo que pronto les mandaría una carta, sólo para ver cómo estaban.
Hagrid la dejó en la puerta de la cabaña y Hermione le agradeció abrazándolo. Cuando entró a la cabaña, se encontró al rubio parado frente a la ventana, mirando como una lechuza se iba en dirección a la luna.
—Hola —dijo tímida Hermione, al notar que Draco no se había dado cuenta de su presencia.
—Oh, hola —le contestó Draco—. No te oí entrar.
—Descuida —dijo Hermione sonriendo a medias.
—Yo quería... —dijeron al unísono y luego rieron.
—Empieza tú —le dijo Hermione.
—Em... bien. Yo sólo quería discul... disculparme por... por haberte dicho sangre sucia... no estuve... bien —costó decirle mientras una sonrisa se dibujaba en el rostro de Hermione.
—Se ve tan lindo... oh, ¡calla, Hermione! Continúa —se dijo a sí misma—. Bien, yo también quería disculparme contigo, por seguir la pelea en la dirección. ¿Por qué iniciaste la pelea? Es decir... estábamos llevandonos bien estos últimos días... —dijo Hermione algo tímida.
—¿Por qué tú la seguiste? —preguntó Draco, evitando su pregunta.
Draco dejó sin palabras a Hermione, tenía razón.
—Mira, Malfoy... —dijo lentamente, suspirando y cerrando los ojos— estos días que pasamos conviviendo juntos, me di cuenta que... bueno... no eras el niño mimado y cobarde que siempre creí. Aunque, no me mal interpretes, jamás juzgué tu forma de ser. En fin... no sé... creí que con algunos días más de convivencia, hasta podríamos llegar a ser amigos...
—¿Amigos? —preguntó Draco.
—Sí, amigos... ¿qué no... quieres? —preguntó Hermione algo asustada.
—En realidad no —dijo Draco con una sonrisa de lado—. No podremos ser amigos si me sigues llamando Malfoy —entonces, sonrió.
—Oh, lo siento —dijo Hermione sonriendo—. Tú tampoco podrás llamarme Granger.
—De acuerdo —dijo Draco extendiendo la mano y para estrecharla con la de Hermione, y ésta la estrechó—. Prometo no volver a llamarte Granger. Oh, lo siento, lo volví a hacer —dijo riendo.
Hermione rió, desprendiendose de la mano de Draco y desviando la mirada hacia su escritorio, dónde había pergaminos, el tintero y una pluma.
—¿Respondíste la carta de tu madre?
—Sí. Bueno, le dije que iría a visitarla este fin de semana.
—Oh, claro.
Ambos se quedaron sin hablar durante unos minutos. Parados uno frente al otro, sin saber qué decir.
—¿Te gustaría acompañarme? —dijo Draco, de repente.
—¿Acompañarte? Pero tu madre...
—Oh, no. Ella no es como mi padre, Hermione. No tiene prejuicios sobre la sangre.
—En ese caso... supongo que sí —dijo Hermione sonriéndole—. Pero, ¿qué hay de la profesora McGonagall? ¿Qué pasará si le digo que voy contigo?
—Dile una mentirita piadosa... —dijo Draco, quitándole importancia.
—Mmm... quizá, podría decirle...
—¿Sí? —preguntó Draco, interesado.
—Mmm... pues, no lo sé. Podría decirle que mis padres van a renovar los votos de casados, y harán una pequeña fiesta.
—¿Renovar votos? ¡Qué estupidez! ¿De verdad hacen eso los muggles?
—Pues, es algo poco habitual... pero existe, ¿por qué dices que es estúpido?
—Bueno... ¿para qué renovar votos si ya estás casado?
—Cuando dos personas se aman mucho, no parece una estupidez.
Ambos se sintieron incómodos al tener esa conversación, por lo que Draco cambió de tema rápidamente.
—Entonces, ¿me acompañarás?
—Claro que sí —sonrió—. Mañana hablaré con McGonagall.
—Estupendo —dijo Draco, yendo hacia el placard y sacando su pantalón de pijama de seda.
—¿Tu madre sabe que iré? —preguntó Hermione, sin poder contenerse, antes que Draco pisara el piso del baño.
—Tiene una idea... —dijo Draco antes de cerrar la puerta del baño tras sí.
Hermione se quedó pensativa, ¿cómo era eso de tiene una idea? ¿Acaso ya se lo había mencionado? Trató de no pensar en eso.
Al final, Luna tenía razón. ¿Cómo es que pudo adivinarlo? Draco y Hermione eran medianamente amigos. O al menos, que Draco la invitase a su casa, era un gran paso.
Draco salió del baño con el pantalón puesto y sin camisa. Cuando salió del baño, Hermione, quién estaba sentada en su cama, se puso de pie con el camisón de seda en sus manos dispuesta a entrar al baño.
Quedó impactada al ver el torso desnudo del rubio. Tenía brazos algo musculosos, pero no mucho. Junto con un abdomen marcado, tampoco tan marcado, pero se notaba que el Quidditch lo había ayudado mucho.
—¿Te gusta lo que ves, Hermione? —dijo Draco riendo, al ver la cara de la castaña.
—¿Eh? No, por supuesto que no. Oh, no me mal interpretes —dijo rápidamente—. Mejor me iré a cambiar.
Draco rió, mientras que Hermione no quería meter más la pata.
Claro que le encantó lo que había visto.
Entró al baño, cepilló sus dientes rápidamente, se higienizó y salió hacia el ambiente en dónde su cama aguardaba para ser desarmada.
Cuando salió del baño, vio a Draco ya acostado y la luz de su mesita de noche estaba apagada. El rubio estaba en posición en la que le daba la espalda a la castaña.
Hermione quedó mirando su ancha espalda, sus lindos hombros y su cabello rubio. Sacudió su cabeza, se acostó dandole la espalda a Draco y apagó la luz. Mañana tenía que contarle esto a Luna.
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¡Buenas tardes! ¿Cómo están? Acá, llueve muchísimo. Supongo que esto es un diluvio, jajaja. Emm... bueno, con la lluvia como inspiraición, escribí este capítulo. Espero que les guste, aunque llegó un momento en el cuál, debo admitir, me había quedado en blanco; por suerte pude terminarlo. Quería agradecerles infinitamente por todos los comentarios y las lecturas que tiene esta historia. ¡Ya ochenta y nueve usuarios tienen en favoritos a ésta historia! Les juro que jamás creí tanto éxito*. Bueno, no los aburriré más. Espero que les guste el capítulo de hoy. ¡Gracias a todos los comentarios! Me ponen tremendamente feliz y me ayudan a escribir cada capítulo. ¡Adiós y muchísimas gracias por todo a todos!*