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Historia 99023 — capítulo 5
Ignorando sus sentimientos, Hermione emprendió un camino más rápido hacia la biblioteca. Sacó su libro favorito de Runas Antiguas y se dirigió hacia los jardines de Hogwarts a ver el atardecer mientras leía su libro favorito.
Pero cada párrafo que leía, era como un juego de adivinanzas. No lograba concentrarse. No lograba entender una sola palabra de aquél fantástico libro, un libro que ella tanto quería.
No. Draco Malfoy seguía en su mente, tenía que olvidarlo, no le hacía bien. Pero, ¿en qué pensaba? Hermione pensaba en Draco como si ellos fueran ex-novios, o algo por el estilo. No eran nada, ni siquiera amigos.
Por otro lado, Draco sentía ira, adrenalina, emoción. Se llevaba por delante a cualquier alumno, sin siquiera pedir disculpas. Claro, eso no era propio de Draco. Se dirigió al único lugar en el que podía sentir tranquilidad y podía ser él mismo.
—¿Qué es lo que te pasa, Hermione? ¿Por qué piensas tanto en Draco? —se preguntó a si misma— ¿Y desde cuando es "Draco"? ¡Por Merlín! —dijo a si misma casi como reprochándose.
—¿Qué es lo que te sucede, Draco? Alejáste a tus amigos de ti, a los que verdaderamente te querían por lo que eras, y no por lo que tienes. Pero si no me aceptan como soy, creo que la mejor compañía para mí, será la soledad.
Al mismo tiempo, ambos salieron de los lugares en el que estaban. Hermione se levantó del jardín y fue rumbo dentro del colegio y Draco salió de la sala de menesteres, como si de pronto hubiera recordado que le quedaba una tarea pendiente.
En el momento en que sus miradas se cruzaron, los dos llevaban ira en los ojos, se aproximaron y comenzaron una pelea.
—¡Quítate de mi camino, sangre sucia!
—Tú eres el que está estorbandome, hurón.
—Pero, ¿cómo te atreves? ¿No te enseñaron tus padres a tratar a tus superiores?
—Yo no tengo superiores, Draco Malfoy. No seguiré órdenes de nadie, ¡y menos de un niño mimado y cobarde como tú!
—¿Qué es lo que has dicho? —dijo apuntándole con la varita y Hermione hizo lo mismo con él. Ambos tenían sus varitas cerca de sus respectivos rostros.
—¡Pero qué escándalo es éste! ¡Señor Malfoy, señorita Granger! Acompañenme a mi oficia de inmediato.
Ambos se quedaron atónitos, al ver a la profesora McGonagall, ahora directora de Hogwarts, tan enojada. Los dos sintieron odio mutuo al ser descubiertos por McGonagall.
—Caramelo de limón —dijo McGonagall y la escalera de piedra comenzó a moverse—. Pasen —dijo una vez adentro de la oficina—. Sientense, por favor —ambos se sentaron sin dirigirse una sóla mirada—. Deben saber, que su comportamiento de hace unas horas fue sumamente irresponsable. No me podía esperar semejante espectáculo de ustedes, señores. Pero ustedes saben bien, que ésta escuela de magia y hechicería es honorable, y que no tolerará semejante comportamiento de dos alumnos de séptimo año. Por lo tanto, tendré que tomar medidas drásticas y enviarlos a...
Las miradas de Draco y Hermione se cruzaron por primera vez. No, no podía ser verdad. No podía enviarlos a...
—La cabaña de aislamiento —terminó la frase la profesora McGonagall.
—¡¿Qué?! —dijeron Draco y Hermione al unísono.
—No puede estar hablando en serio, profesora —se animó a decir Hermione—. ¡Sabe que no congeniamos nosotros dos, destruiríamos la cabaña en tan sólo una noche! Fue una simple pele...
—No me importan sus argumentos, señorita Granger. En este instituto el respeto siempre fue una norma. Y al no ser cumplida, tendré que enviarlos a dicho lugar. Por favor, empaquen sus cosas y los espero en media hora en las afueras del colegio. Los conduciré hasta la cabaña. Pueden retirarse.
La profesora McGonagall hizo un ademán con la mano y ambos chicos se retiraron.
—¡Felicidades, Granger! Ahora gracias a ti tendré que convivir contigo.
—¿Discúlpame? ¡¿Gracias a mí?! Lo siento, hurón. ¡Pero fuiste tú quién comenzó esta pelea con tus malditos prejuicios de la sangre!
—¡Cállate, Granger! No quiero volver a escuchar tu chillona voz nunca más.
—¿Mi chillona voz? Pues lo siento, ¡pero la tendrás que escuchar muy seguido a partir de hoy! —dijo alejándose hacia la torre de Gryffindor— ¡Y mi voz no es chillona! —alcanzó a decir cuando ya estaba lo suficientemente lejos de Draco para no ver su cara.
No podía estar pasandole, es decir. Draco y Hermione habían tenido cientos de pelea en los últimos años en Hogwarts, y el profesor Dumbledore jamás los había enviado a ninguna cabañita de aislamiento, ¿cómo era posible que de un día para el otro esta estúpida cabaña existiera? Draco estaba sumamente enojado, llegó a su torre y empacó todo con un movimiento de varita.
Mientras que Hermione le escribía una notita a su amiga Luna. Informándole que por tiempo indefinido no dormiría en su habitación, y que estaría en la cabaña de aislamiento con Draco. Empacó con un movimiento de varita y se dirigió hacia las afueras del colegio, dónde cierto rubio ya se encontraba.
Ambos se miraron con odio, pero no se dirigieron ni una sóla palabra, hasta que la presencia de la profesora McGonagall les interrumpió el silencio que los dominaba a ambos.
—Muy bien, síganme —ordenó McGonagall—. Como pueden ver, aquí empieza un camino de piedras. Éste camino los guiará hasta la cabaña, que se adentra en el bosque —dijo la mujer mientras se adentraba con los alumnos rumbo a la cabaña.
—Pero en el bosque prohibido hay... —trató de decir Hermione.
—La cabaña tiene hechizos de protección, señorita Granger. Nada podrá pasarles. Estarán conviviendo juntos hasta que los vea llevarse un poco mejor. Una vez cada dos semanas, tendremos una reunión los tres, y veremos su progreso. Si es que lo hay, podrán volver a la normalidad y abandonar la cabaña.
—Pero, ¿y nuestros horarios? Aún no me los sé de memoria.
—Su programa está pegado en las paredes de la cabaña.
—¿Y cómo sabremos cuándo es esa reunión de la que habla?
—Yo se los informaré, señor Malfoy —dijo cuando faltaban sólo pocos pasos para llegar a la cabaña—. Muy bien, que disfruten su estadía —y dicho eso, McGonagall se fue.
—"Que disfruten su estadía" —se burló Draco —. Claro porque disfrutaré tanto estando con una maldita sangre sucia insufrible...
—¿Puedes dejar de insultarme por un momento?
—Lo siento, ¿te molesto? —se burló— Tú no puedes exigirme nada, Granger. Yo hago lo que quiero cuando quiero, ¿entendíste? Y si quiero burlarme de ti, lo haré.
—¡Bien! —dijo molesta Hermione.
—¡Perfecto! —dijo Draco, sarcástico.
Ya era de noche y bordando el caminito desde Hogwarts hasta la cabaña había varios faroles prendidos que iluminaban esa diminuta parte del bosque. En sólo un momento sonarían las campanas que indicaban que la cena se haría presente.
Justo como Hermione lo había previsto 21:05 sonaron las campanas de la cena, ambos pelearon por salir primero y se miraron desafiadamente. Hermione, quién iba unos pasos adelante, tenía ansias de que su amiga Luna hubiera regresado de Hogsmeade y hubiera bajado a cenar.
Mientras que Draco deseaba todo lo contrario. Deseaba que ni Blaise ni Theodore estuvieran cenando, por lo que lo pensó un poco mejor, y detuvo sus pasos.
Hermione se percató que no escuchaba pasos detrás de ella, por lo que decidió voltearse para ver a un bulto color negro y cabellos rubio alejarse de ella dándole la espalda.
La castaña se sintió triste, y sóla. Tenía miedo de ir sóla hasta Hogwarts ya que estaba dentro del bosque prohibido, y había toda clase de criaturas. Por lo que quiso mandarse ella misma un Cruciatus por lo que estaba a punto de hacer.
—¡Malfoy! —lo llamó y éste se dio vuelta. Hermione corrió hacia él, quién no se movió de su lugar—. ¿PuedesporfavoracompañarmehastalaentradadeHogwarts?
—¿Qué? —dijo sin entender pero ocultando una sonrisa.
—Dije si... ¿puedes por favor acompañarme hasta la entrada de Hogwarts? Es que... me da miedo ir sóla y...
—¿Estás pidiendome ayuda, Granger?
—Pues sí, es lo que te pedí. ¿Podrías?
—No lo sé, Granger. ¿Qué me darías a cambio?
—¿No podrías hacerlo simplemente por caballerosidad?
—Podría...
—Cretino —dijo en voz baja Hermione.
—¿Qué dijiste?
—Nada, no dije nada. ¿Qué querrías a cambio, Malfoy?
—¿Cómo haces? —preguntó Draco, de repente.
—¿Cómo hago qué?
—¿Cómo haces para estar siempre rodeada de gente que te quiere por lo que eres?
Hermione se quedó atónita ante esa pregunta, pero sólo respondió:
—Soy yo misma.
—¿Te quieren por ser tu misma? —Hermione asintió— ¿Cómo puedo ser yo mismo, si mi familia paterna tiene reputación de mortífagos? Soy un mortífago, Hermione. Jamás podré ser yo mismo frente a nadie.
La castaña notó que él la llamó "Hermione", un detalle que no pasó desapercibido para la castaña.
—Tú... puedes elegir. Para todo hay una elección.
—¿Elección? ¿Qué clase de elección puedo tener con un padre que te enseñó toda la vida que los sangre sucia son inferiores a ti? ¿Que la amistad, el amor y los sentimientos son una porquería?
No tuvo palabras de consuelo en ese momento para quien, pensaba que era su enemigo. Pero después de la charla que se avecinaba, tenía presentimientos de eso podría llegar a cambiar.
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¡Buenos días! Hoy actualicé algo temprano, ¿no creen? Jaja. Es que hoy no estaré en toda la tarde, y tenía miedo de poder actualizar recién a la noche. Y bien, ¿les gustó este capítulo? No sé si me quedó tan largo como esperaban pero, al fin un poco de Dramione, ¿no? ¡Se van a desplomar con el próximo capítulo! Ya estoy empezándolo a escribir y está quedando mejor imposible. Muchísimsa gracias a los 34 usuarios que agregaron esta historia a favoritos. Gracias a los seis comentarios que tuve el capítulo pasado (son pocos, pero fueron de gente sincera :]) ¡¡y muchas muchas muchas gracias a las 421 lecturas!! Aunque es sorprendente que tan sólo en pocos minutos, mi corto Dramione que escribí el año pasado, tuvo más lecturas en pocos minutos, jaja. Supongo que les gustó más. Bueno, no lo aburriré por más tiempo. Espero que disfruten este capítulo tanto como la historia, ¡adiós! :)