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Embarazada de Potter — capítulo 2

¡Hola! Siento no poder contestar a los comentarios del cap anterior, es que son las... ¡dos de la mañana! y la verdad que me estoy muriendo de sueño  :S   Espero que os guste el cap, ¡que le he escrito medio dormida!  xD ¡Oh! Y he editado el capítulo anterior, pero solo una minucia. Y es que había escrito que Ginny estaba de dos semanas cuando se hizo la prueba, y eso no era probable, pues funcionan con algo más de embarazo, asi que lo cambié por que estaba de un mes de embarazo. Y otro cambio es que dije que quedaban 3 meses de colegio, y lo cambié por 4. Solo eso  ^^ Espero que os guste el cap  :)  Y ahora, ¡hasta mañana! ¡Que me voy a dormir!  xD

SÍNTOMA DE EMBARAZO Aquella mañana amaneció temprano. Demasiado temprano para Ginny Weasley. Se puso su uniforme somnolienta, se ató el pelo en una coleta alta y se acercó al espejo de cuerpo completo del baño. Suspirando, observó su reflejo de frente. Nada. Después de medio lado. Tampoco. Colocó ambas manos sobre su vientre. ¿De verdad podía estar formándose algo ahí dentro? Era de locos…

Hasta el momento, no había tenido ninguna manifestación visible en su cuerpo, nada que indicara a los demás que dentro de ella crecía un ser vivo. Bueno, claro, que no contaba el retraso de más de un mes, ni las dos líneas que habían salido en el maldito cacharro muggle para detectar embarazos…

-Ginny, ¿estás lista? -Oyó que la llamaba Hermione.

-Sí, ya voy -respondió ella.

Seguramente el resto de compañeras ya se habrían ido. A decir verdad, ya era bastante tarde e iban a perderse el desayuno. Salió del baño y su amiga la miraba con preocupación. En silencio, agarró unos libros de su mesita y caminó hacia la puerta. Al notar que la castaña no la seguía, frenó en seco.

-Estoy bien, Hermione -habló como si la leyese el pensamiento-. Solo necesito tiempo.

-Pero precisamente tiempo es lo que ya no tienes -negó la chica-. ¿Se lo vas a decir a Harry?

Ginny se mordió el labio. Sabía que debía decírselo. Él más que nadie debía saberlo… A fin de cuentas, era el padre, ¿no? Sin embargo, no sabía por qué, pero no se atrevía. No aun, no sin haber asumido del todo lo que estaba pasando.

-Como te dije, necesito tiempo -contestó finalmente.

-Y yo te repito que tiempo ya no tienes -renegó Hermione-. ¿Y a tú Hermano?

La pelirroja tragó saliva. Ron. No sabía a quién sería más difícil decírselo: si a sus padres, a Harry o a su hermano. Bueno, tal vez a sus padres no fuese tan difícil. Al fin y al cabo, la daría tiempo a terminar sus estudios… Además, su madre tuvo de joven (no tan joven) a su hijo mayor. Se preguntó también cómo reaccionarían los padres de Harry. Él era el hijo mayor de los Potter. Su hermana, Ariel Lily Potter, más conocida como Ari o Ariel (con el golpe de voz en la "a" inicial), tenía dos años menos que él, dieciséis. Sin embargo, había tenido a ambos de joven. Pero claro, no tan joven como ella…

-Creo que… en serio, ¿de verdad pretendes que me suicide? Ya sabes cómo es Ron… Necesitaré…

-¿Tiempo? -Se burló Hermione-. Lo que tú digas, pero tarde o temprano tendrás que contarlo.

-Créeme si te digo que prefiero tarde -bufó la pelirroja mientras, finalmente, salía de la habitación.

-¡Ya era hora! ¡Creía que os habíais olvidado del desayuno!

Una muchacha de grandes ojos dorados y pelo castaño liso saludó a las dos chicas mientras se sentaban a su lado.

-Lo siento, Ariel. Me dormí -se disculpó Ginny, agarrando una tostada.

No quería mirar a la muchacha a los ojos. No sabría cómo hacerlo después del secreto que la estaba ocultando… Siempre se había llevado muy bien con la hermana pequeña de Harry, a pesar de que era un año menor a ella, pero no podía contarla nada del embarazo. Si lo hacía, ella se lo diría a Harry, y no quería que se enterase de esa forma. Ni siquiera sabía que se había acostado con su hermano…

-Mira que eres dormilona -se burló Ariel, agarrando ella también una tostada-. Ahora tengo defensa contra las artes oscuras con Snape. Que rollo. El tío ese me odia, os lo juro…

-¿Estás hablando de nuestro gran amigo Snivellus?

Ginny sintió un cosquilleo en el estómago. Reconocía esa voz, la reconocería en cualquier parte.

-¡Harry! ¡Sabes que a mama no le gusta que le llames así! -Le riñó su hermana cuando el chico pasó a su lado revolviéndola el pelo.

-Ya, pero no puedo evitarlo… Papá me lo ha pegado. Además, tu también le llamas así.

-Bueno, bueno, basta de peleas -dijo entonces un muchacho pelirrojo, agarrando a Harry del brazo-. Lamento las prisas, pero tenemos que terminar la redacción de pociones… ¡Luego os vemos!

Sin más, desaparecieron.

-Qué raro que Ron no haya terminado los deberes -ironizó Hermione-. ¿Preparada para dos horas seguidas de pociones, Ginny?

-Intentaré superarlo -aseguró ella, tragándose el último trozo de tostada.

-Bueno, ¡arriba ese ánimo! ¡Que este fin de semana es el partido Gryffindor contra Ravenclaw, ¡y tenemos que ganar! -Gritó Ariel, tratando de desviar el tema a uno más alegre-. Ginny y yo somos las mejores cazadoras que Hogwarts nunca ha tenido.

-Ginny, tengo que hablar contigo.

Hermione se sentó al lado de Ginny cuando llegaron al aula de pociones. La pelirroja la miró expectante.

-Se trata de lo que dijo antes Ariel… Lo del partido de quidditch. Yo… Creo que no deberías jugar.

-¿Qué?

Ginny la miró atónita. ¿No jugar al quidditch? No, no. Imposible. Ella no podía dejar de jugar. Que no. Se negaba.

-Por favor, piensa en ello… Ahora corres más peligro que nunca. Si algo te pasara, también le pasaría a… ya sabes qué -susurró lo último.

Ginny se mordió el labio inferior. Era cierto, no había pensado en ello. A las mujeres embarazas nunca les dejaban hacer deportes como aquel. Pero… bueno, ella solo estaba de un mes, ¿no? Así que por el momento, seguiría jugando. Y así se lo expresó a Hermione.

-Está bien. Yo sigo en contra, pero no puedo obligarte.

-Venga, Hermione… Además, ni siquiera he experimentado ninguno de esos síntomas raros que venían en los libros.

-Pero en cualquier momento podría suceder. Y si te mareas estando en la escoba, no digas que no te lo advertí.

Se quedaron unos segundos en silencio, mirándose la una a la otra. Finalmente, Hermione apartó la mira y sacó de una carpeta una redacción enorme sobre la flor de lis. Ginny hizo lo mismo y luego se la pusieron al profesor sobre la mesa.

-¡Llegamos justo a tiempo!

Harry y Ron entraron por la puerta de las mazmorras segundos antes de que Slughorn la cerrara. Éste les miró con una sonrisa que decía algo así como "juventud, bendita juventud…", agarró las redacciones que los chicos le extendían, y regresó a su mesa.

-A este paso os va a acabar cogiendo manía -le susurró Hermione cuando llegaron a la mesa de las chicas.

-A mí sabes que no -aseguró Harry-. Aunque no se me dé muy bien pociones, adora a mi madre.

La castaña bufó e iba a protestar, pero Slughorn habló interrumpiéndola. La tarea de aquel día consistía en hacer un filtro de salud renaciente. Algo no muy complicado, pero que requería concentración. Lo harían por parejas. Al oírlo, Ginny se giró hacia Hermione. No quería estar a solas con ninguno de los dos chicos, pero la muchacha castaña tenía otra idea diferente en la cabeza… Agarró del brazo al chico pelirrojo y se lo llevó a otra mesa para trabajar, dejando a su amiga y a Harry solos. Estaba claro que quería poner a Ginny a prueba.

-Bueno, creo que la poción aparece en la página ciento cuarenta y dos -musitó el muchacho, abriendo su libro mientras se acercaba al lado de la joven.

Ella, por su parte, abrió también el suyo y se concentró en leer las instrucciones.

Durante varios minutos, permanecieron en silencio limando escamas de dragón. Sin embargo, aquello no era normal en ellos. A pesar de lo que había pasado hacia un mes, se seguían tratando como amigos, ignorando aquel momento. Pero hoy no se decían nada, y aquello estaba volviendo loco a Harry.

-Ginny, ¿te pasa algo?

Aquella pregunta le salió más bruscamente de lo que hubiera querido, pero ya no podía retirarla. La joven se giró hacia él y sus ojos sus miradas se encontraron. A ella la volvían loca aquellos ojos verdes, debía de admitirlo. Siempre había sentido algo por Harry, aunque nunca lo hubiera llegado admitir.

-No -respondió secamente.

-¿Segura? -Insistió él-. Estás muy callada y pareces enfadada.

-Sólo estoy… Algo cansada -afirmó ella, y no era mentira. Apenas había dormido la noche anterior.

-Bueno, pues te aconsejo recuperar fuerzas para el partido del sábado. Si ganamos a Ravenclaw, tendremos más oportunidades de ganar la copa este año.

-Por segunda vez desde que tu eres capitán -sonrió ella, contenta de cambiar de tema.

-Sí, la verdad que fue culpa mía lo del año pasado. Si no me hubiese ido, hubiésemos ganado.

-¡Eh! ¡Que te recuerdo que yo jugué en tu posición! -Bromeó ella, mientras dejaba de lado la flor de Lis y buscaba el siguiente ingrediente-. Vaya, que asco…

-¿Qué pasa?

-Tenemos que desmenuzar… colas de rata.

Harry puso cara de asco, pero caminó hacia el armario de las provisiones y volvió con dos colas de rata, una para cada uno.

-Espero que disfrutes del manjar, damisela -se burló, posando una frente a ella.

Ginny le sacó la lengua y bajó la mirada a la cola. Sintió una leve sacudida en el estómago. Nunca la habían gustado mucho las ratas.

Con una navaja, fue cortándola en pequeños trozos. La sacudida de su estómago se repitió varias veces, pero no hizo caso a ella.

-La verdad que no es tan asqueroso como pensaba -comentó Harry, que ya había terminado con la suya-. Al final es relajante.

Ginny puso los ojos en blanco a la vez que Slughorn se acercaba a ellos con curiosidad en la mirada.

-¡Ah! ¡Las colas de rata! -Dijo ilusionado-. Muy bien, echadlas al caldero.

-Tener cuidado que huelen un poco mal -avisó Hermione, desde la mesa de al lado, mientras agitaba el aire con la mano.

Conteniendo la sonrisa, Harry agarró el plato donde había estado cortando la cola y le volcó sobre el líquido amarillento del caldero. Nada más hacerlo, se fue tornando a uno algo más grisáceo. Slughorn agarró una cuchara y comenzó a revolver. Entonces Ginny lo notó. Un olor a podrido, como de fruta pocha y carne pasada, inundando sus fosas nasales. A la par, su estómago dio otra sacudida, pero más grande aún.

Se llevó una mano a la boca cuando sintió la primera arcada.

-Ginny, ¿estás bien? Estás muy pálida -susurró Harry, quien se había dado cuenta de su reacción.

La joven iba a contestar que no era nada cuando sintió otra arcada avanzando por su garganta. Así, ante los atónitos ojos del profesor y Harry, salió corriendo dirección a la puerta, más exactamente al baño.

-¿Qué ha pasado?

Ron y Hermione se acercaron a Harry al ver cómo Ginny salía corriendo del aula.

-Me temo que la señorita Weasley se ha encontrado mal, seguramente por el olor de la poción -informó Slughorn, quien abandonó el sitio para continuar con el caldero de otros dos chicos.

-Parecía que iba a vomitar -comunicó Harry a sus amigos-. Vaya, no me pareció que oliera tan mal.

-Tal vez se esté poniendo enferma -sugirió algo preocupado Ron-. Luego la preguntaré.

Pero Hermione no dijo nada. Regresó junto con su caldero y continuó removiendo. Ella si sabía lo que había pasado. No tenía lugar a dudas. Ginny acababa de experimentar su primer síntoma de embarazo.